En la calle del Mar, y justo enfrente de la preciosa Iglesia de Santo Tomás Apóstol y San Felipe Neri en plaza de San Vicente Ferrer, se encuentra un pequeño rincón donde comer y cenar de una manera diferente. Este espacio, el Restaurante-Cafetería Racó del Mar, se distingue de muchos otros porque en su interior uno puede comer, a la vez, en Valentia, Balansiya y Valencia.

Nada más entrar, a nuestra mano izquierda, tenemos la barra, que si no pasáramos de ahí, los tesoros a los que nos referimos pasarían completamente desapercibidos a nuestros ojos. Hablamos de la que bautizaron como grada del Circo Romano de Valentia, aunque con el tiempo, expertos en Patrimonio y conocedores del tema y de la historia de nuestra ciudad, la atribuyen, en realidad, a la muralla árabe. Sin embargo, justo en las mesas cercanas, y bajo ellas, en una cristalera transparente, sí que atribuyen los expertos en Patrimonio, en este caso, a la grada romana, teniendo así en el mismo espacio del interior del Restaurante un trozo de aquella Valentia y de Balansiya.

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En el pasado muchos atribuyeron a la arena del circo lo que hay justo debajo de las mesas y su graderío lo que hay en la pared, aunque, como bien os hemos comentado anteriormente, existe discusión entre los expertos sobre éstas afirmaciones.

Además, en el exterior del Restaurante, éste cuenta con una terracita en un lugar muy acogedor como es una plaza tan histórica del casco antiguo de Valencia y frente a la preciosa Iglesia de Santo Tomás Apóstol y San Felipe Neri y, de nuevo, en su interior, cuenta con una segunda altura para acoger a más comensales. 

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Su carta cuenta con diferentes variedades a elegir, entre ellas y de manera dominante la mediterránea, y con una variedad especial de tapas y cocina de autor con personalidad propia, donde dispone de menús de mediodía por 10 euros y de especialidades en postres de la casa.

Es sin duda un rincón acogedor y especial que, quizás, sus propios dueños no sepan sacarle todo el partido que pudieran o darlo a conocer aún más ya que, a pesar de que el servicio es bueno así como la comida y el lugar es sumamente especial, poco se puede leer de él en las redes sociales o en su web.

Y es que espacios así son dignos de visita y de divulgación, como también Alma del Temple, uno de los nombrados 10 restaurantes más bonitos del mundo y situado en el interior del Hotel Caro Valencia, del que uno puede cenar entre el mayor trozo de muralla árabe de Valencia o visitar el Meta-Bar del hotel para ver parte de lo que fue el Circo Romano de Valentia, una reliquia incompleta de azulejos donde se descubre e intuye, como si de un puzle a medio acabar se tratase, a una familia valenciana del siglo XVIII disfrutando de una tarde en un paraje natural de la que parece ser nuestra “Terreta” o el trozo conservado de suelo más antiguo de Valencia, del que ya hablamos en nuestro artículo del antiguo Palacio del Marqués de Caro.

También no podemos dejar de visitar Viva Tapas Bar, antiguamente Ca’n Bermel, que cerró sus puertas en 2012. En este local, situado en la esquina de las calles Santo Tomás y Corredors, existió en el S. XIX una taberna en la que se vendía vino a granel.  Los toneles se almacenaban en una bodega subterránea  a la cual se accedía por una estrecha y empinada escalera. Por sus características, este espacio subterráneo sirvió como refugio antiaéreo  durante la Guerra Civil. Nuestro amigo Roberto Tortosa, de la Valencia Insólita, nos relata en su artículo que aquí se sentaron personajes como Saramago o Vargas Llosa. Sin duda un lugar muy especial a tener en cuenta.

También Roberto nos habla en otro artículo del Restaurante Moma ubicado en la calle Corretgería, que cuenta con un reservado a modo de cueva. Por su fisonomía y ubicación bien podría tratarse de una cisterna de la época romana que abastecía de agua a la ciudad y que, durante la Edad Media, también pudo haber servido de granero a la vecina Catedral. 

Sin duda alguna, Valencia está llena de lugares como éstos, únicos y especiales, en los que uno puede transportarse al pasado mientras come o cena y bien es seguro que, más de uno, conocerá otro lugar que contenga en su interior restos de nuestra historia.

 

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