Dentro del Palacio de los Valeriola, que data del siglo XVII y que próximamente será recuperado y sometido a una rehabilitación integral para salvar y asegurar la estructura gracias a la fundación Hortensia Herrero, artífice de la restauración (por ejemplo) de la “Capilla Sixtina Valenciana”, se encierra una historia más bien propia de páginas de una novela negra.

Foto del Palacio en 1762 y que se cita siempre en las crónicas que relatan las fiestas de la ciudad que conmemoraba beatificaciones y centenarios transformando la urbe en puro espectáculo. El de Valeriola consiguió el primer premio en 1755 por su despliegue de luces (7.698) en faroles y otros adornos que lo hicieron bello aquel día. Fuente: solerdos.blogspot.com

Fue un asesinato, el de Don Jerónimo de Valeriola, que apareció degollado en su gabinete. Ocurrido el 20 de Octubre de 1606, los jueces sospechaban que el autor de tal crimen fue su hijo: Don Cristóbal de Valeriola, en compañía de Don Luis de Sosa. Este último, que era amigo de bandoleros y de gente de mal, fue sometido a tormento y una forma curiosa de extorsión: Abrazar al difunto Jerónimo para ver si este se estremecía. Tal invento, o creencia de aquellos tiempos, resulto fallida, o al menos no como pretendió la Audiencia. Sosa ni se inmutó, al igual que el fallecido que fue exhumado para la ocasión. Mientras este fue liberado, a pesar de que finalmente muriera en el garrote por otros actos cometidos, el hijo fue procesado finalmente y juzgado a muerte en el garrote vil, no sin antes confesar en la tortura previa a la ejecución los nombres que querían oír los fiscales. Pero aquellas no eran las últimas palabras de Cristóbal. En un acto de humanidad y dignidad, antes de morir en el garrote, gritó al pueblo que los nombres que dio a la Audiencia, no eran los culpables.

El espíritu de Don Jerónimo seguía sin descansar en paz, sin saber pues quien fue realmente el verdadero autor del fin de su vida. No fue hasta 13 años después cuando un 20 de Octubre de 1620, su verdadero autor confesara casi en su lecho de muerte, como acto de perdón de sus pecados y liberar su conciencia. Fue Miguel Pertusa, antiguo jurado del Consell Valenciano y que se encontraba en la corte en calidad de síndico en febrero de 1620. Confeso que actuó junto con dos matones catalanes y bajo las órdenes de Don Crisóstomo Ruiz de Liori, enemigo mortal del patriarca de los Valeriola, asestándole una cuchillada en el cuello y ahorcándolo. La noticia de la confesión conmociono a toda Valencia y Crisóstomo falleció poco después de aquellas palabras, concretamente en Marzo. Por desgracia, la vida quiso que el hijo de Jerónimo de Valeriola fuese culpado en vida de la muerte de su padre.

El Palacio de los Valeriola en la actualidad, C/La Mar. Fuente: jdiezarnal

El Palacio de los Valeriola en la actualidad, C/La Mar. Fuente: jdiezarnal

Por cierto, dicho Palacio fue sede e imprenta del periódico LAS PROVINCIAS, donde además fue más tarde en la década de los ochenta un pub, el “Juan Sebastián Bach” , para más tarde convertirse en un local del grupo de Las Ánimas, hasta que la autoridad competente, por incumplimiento de normas y carencia de permisos, entre otras cosas, lo clausuró. Incluso antes de ser pub, fue como podéis observar en comentarios, un conocido local. Ahora, después de años de abandono y de deterioro, la Fundación Hortensia Herrero llevará a cabo su restauración.

inscripción en el pórtico del Palacio de los Valeriola en la calle del Mar.

Inscripción en el pórtico del Palacio de los Valeriola en la calle del Mar.

 

Foto portada de hace pocos años y ambientada con toque en blanco y negro: Foto de jdiezarnal.com

Fuente de la información: Libro de “Espills de justícia”, Escrito por Daniel Benito Goerlich.

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