Hace algún tiempo leí un artículo en la revista digital “Valencia Plaza” que despertó mi curiosidad e interés. Hasta aquel artículo, obra del periodista Carles Aimeur y publicado el 21-3-2014, me condujo otro que leí de Josue Ferrer, donde se hablaba de un tema tabú y poco oído en la historia de nuestra ciudad, Valencia, bajo el nombre de: “La Pobla de les fembres pecadrius (la Puebla de las hembras pecadoras)”. Fue entonces cuando me aventuré a escribir sobre ese tema en otra revista digital en la cual trabajé.

Y es que el tema del que os voy a hablar a continuación puede que a muchos os suene y puede que otros desconozcáis que Valencia, entre 1356 y 1671, fue Babilonia, o dicho de otro modo: éramos potencia mundial en el turismo sexual. Resultó que nuestra ciudad albergó el mayor burdel de Europa y uno de los más grandes, controlados y, porque no decirlo,  “organizados” del mundo en tiempos medievales, donde solo podían acceder los varones mayores de edad que no fueran ni sarracenos ni judíos.

El Cap i Casal, como comúnmente se conocía y llamaba a la ciudad de Valencia, era visita obligada para aquellos que buscaban el turismo sexual. Una ciudad, dentro de un Reino, el de Valencia, con sus propias leyes: “Els Furs”. La historia de Valencia siempre ha ido ligada al sexo, como puede ser en la gran mayoría de las ciudades, pero solo que aquí nuestro idioma (el valenciano), nuestras fiestas, el poco pudor por aquel entonces y otras disposiciones, han propiciado que a día de hoy se nos tache de “calientes”, cosa que de la que ya os hablamos en nuestro artículo “la Valencia erótica“.

Volviendo al tema del burdel, en un principio la ciudad tenía comprendidas zonas en las afueras, por discriminación y rechazo. Como bien sabéis, en aquellos tiempos las murallas de la ciudad de Valencia (que desaparecieron finalmente en el siglo XIX) se cerraban al caer la noche al sonido de las campanas o toque de queda, donde más de uno se tenía que quedar “a la luna de Valencia” (PINCHA AQUÍ PARA LEER NUESTRO ARTÍCULO SOBRE LA EXPLICACIÓN DEL DICHO “A LA LUNA DE VALENCIA)

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Por aquel entonces, el rey Jaume II, ordenó emplazar la mancebía en la Pobla de Bernat Villa en 1325, al noroeste de la ciudad, fuera de las murallas (donde allí no podían hacer nada las autoridades), donde ocupaban un área que iba entre las calles Salvador Giner, Alta, Ripalda y Guillem de Castro, incluyendo la calle de Gutenberg.

Más detalles da Vicente Boix, donde cita que el espacio que ocupaba la mancebía era el Huerto del Partit, junto al de la Beneficencia, entre el muro, el huerto de En-Sendra, del Conde de Ripalda, y las espaldas de las casas de la calle del Portal Nuevo, ampliando la información al citar que en 1392 mandó el Consejo de la ciudad cercar de pared y cortar las comunicaciones que conducían a aquel sitio, lo cual tuvo efecto a principios del siglo XV, cerrando el callejón que venía de los Tintes, las entradas por el lado de la muralla, y poniendo puerta en la calle del Muret, con lo cual, y la cerca de los huertos que la rodeaban, quedó enteramente cerrada la Mancebía, como se deseaba.

Uno de los estudios referencia a esta época es el de “Los hostaleros del burdel de Valencia”, de Vicente Graullera, donde se cita que Jaime II ordenó que las mujeres públicas se abstuvieran de ejercer su profesión en las calles de la ciudad, debiendo mantenerse en un lugar destinado para ellas”.

A pesar del emplazamiento para ejercer el oficio, cuatro años antes, Jaime II prohibió ejercer la prostitución en las calles de Valencia en 1321. Del lupanar se tiene constancia gracias a un documento donde decía el monarca “que ninguna mujer pecadora se atreva a bailar fuera del lugar que ya tiene habilitado para estar”. 

A lo largo de los siglos, numerosos visitantes, buena parte extranjeros, dejaron por escrito la grata impresión que les causo la mancebía y sus meretrices.

Dicha zona se localizaba fuera de las murallas, pero con la ampliación del recinto de la ciudad en 1356 se quedaron dentro, dando pues el paso a lo que sería el comienzo del mayor prostíbulo de toda la zona Mediterránea.

A pesar de la primera prohibición y de la zona habilitada cuatro años después, en 1325, como os hemos mencionado, no cobraría realmente importancia el burdel hasta 1356, momento cuando se ampliaron las murallas de la ciudad y el prostíbulo quedó dentro de Valencia con un muro alrededor de la mancebía y una puerta de acceso de entrada a la mancebía, cegando calles ubicadas en la cercanía y estableciendo un control de acceso a los clientes. 

Quizás, lo que puede que no hayáis leído sobre este tema en algunos artículos que hay por internet, es que a pesar de lo compleja, sofisticada o avanzada en su tiempo que pudo haber sido aquella Valencia, en su gran mayoría aquellas prostitutas eran menores que estaban expuestas a palizas y enfermedades, a pesar de lo que os voy a relatar a continuación. La sensibilidad social de aquellos tiempos poco podía hacer ante el poder de aquellos que podían controlar y mover el trabajo o negocio más antiguo del mundo.

Según “Apuntes históricos sobre los Fueros del antiguo Reino de Valencia”, de Vicente Boix (1813-1880), imprenta de D. Mariano de Cabrerizo, 1855, en el capítulo XXXVI, la Mancebía de Valencia, una de las mejores obras para comprender la mancebía, había una especie de inspector, a quien los Fueros llaman Rey Arlot, que respondía a la autoridad de los excesos que allí se cometían: cuidaba de que la Mancebía se cerrase a las diez de la noche, y no se abría hasta cierta hora de la mañana. Acompañaba a las muheres públicas los días de fiesta a alguna iglesia para que oyesen misa, y no permitía la entrada en la casa pública los mismos días, hasta después de oída la misa. También las acompañaba cuando salían a ver las procesiones u otras fiestas religiosas o civiles, en los puntos que de antemano tenían señalados.

Cada casa de la Mancebía estaba regida por un hombre, que la legislación foral llama hostaler, dependiente del Rey Arlot: el hostaler cuidaba de la ropa, comida, asistencia en las enfermedades, &c.; pero de modo que estos hostalers tenían sus casas particulares dentro de la Mancebía, pero sin comunicación interior con ninguna de ellas.

   Las casas eran de un solo piso, con una ventana encima de la puerta, y un huertecito cerrado a las espaldas. Las fachadas estaban casi siempre adornadas con flores o festones, iluminándolas por las noches con faroles de colores. Así se describe en una memoria de Antonio de Lalain, señor de Montigni, primer Conde de Hoogstraten, Consejero de Carlos I, que acompañó al Rey Francisco I de Francia, y visitó esta Mancebía durante la estancia que hizo en Valencia aquel Monarca, prisionero en la batalla de Pavía, de paso, para Madrid.

Algunas de las curiosidades aportadas por Vicente Boix son:

  • Desde el miércoles a sábado Santo, ambos incluido, eran conducidas las mujeres públicas y encerradas en el edificio de alguna cofradía, y después en el convento de monjas de S. Gregorio. Si durante estos días se arrepentían o encontraban persona con quien casarse, las daba la ciudad una cantidad determinada para dote.
  • Cuando salían en público llevaban traje blanco, sin delantal azul. No podían ser menores de doce años, ni mayores de veinte.
  • El Rey Arlot pagaba un médico, que las visitaba diariamente; siendo responsable de cualquiera omisión en dar el parte sanitario a la autoridad. Si se encontraba enferma una mujer pública, el hostaler no hubiera dado parte, era trasladada al hospital; pero los gastos de curación corrían de cuenta del hostaler.
  • Cuando una de estas mujeres desgraciadas deseaba, por arrepentimiento, dedicarse a una vida honesta y religiosa; pero no lo verificaba, porque a veces no había satisfecho lo que debía al hostaler, la ciudad la hacía libre si tomaba, el hábito religioso; pero si quedaba fuera del claustro, auxiliaba con cierta cantidad, para que quedara libre también.
  • Cada hostaler pagaba a la ciudad una cantidad determinada por la industria que ejercía, y por cada mujer que tenía de huésped.
  • Las barraganas o mancebas que no vivían en la casa pública, eran perseguidas sin distinción por 1a autoridad. Las que se encontraban prostituidas fuera de la Mancebía, eran azotadas públicamente.
  • El Síndico del Consejo era el encargado de que se cerrase y abriese en las horas señaladas la puerta de la Mancebía.
  • En las grandes calamidades públicas se cerraba el establecimiento; si alguna faltaba en este tiempo a las disposiciones del Consejo, era azotada por el verdugo.

Por otra parte, sin llegar a citar textos históricos que dejaron constancia de la mancebía, para poder afirmar o confirmar que Valencia fue una ciudad libertina y en la que el sexo reinaba en varias zonas del cap i casal, tan solo hay que echar la vista a parte de los monumentos de la ciudad, como las gárgolas con temática sexual que en la actualidad, por ejemplo, podemos contemplar en la Catedral de Valencia, cerca de la puerta románica, o en la  Lonja, donde curiosamente dicha gárgola apunta, precisamente, al sitio original donde se ubicaba el burdel de aquella Valencia.

Gárgola de la Catedral de Valencia. Fuente: lugaresconhistoria.com

Gárgola de la Catedral de Valencia. Fuente: lugaresconhistoria.com

Además, existe una calle (calle de las Amorosas o carrer de les Amoroses) dedicada a las estas señoritas que regentaron el burdel, en pleno corazón del barrio del Carmen y muy cerca de la falla Na Jordana. Y es que las disposiciones de muchos “mensajes” que todavía perduran en la ciudad, curiosos por cierto, tienen que ver mucho con la relación que se guarda en aquellas calles donde se ejerció y regentó aquel gran burdel.

Gargola de la Lonja. Fuente: Jdiezarnal.com

Gárgola de la Lonja. Fuente: Jdiezarnal.com

También son de suma importancia los documentos que aún permanecen a día de hoy de la época. Prueba de ello, de lo citado, es el gran estudio “Moras, jóvenes y prostitutas: acerca de la prostitución valenciana a finales de la Edad Media” de Noelia Rangel López. También podemos observarlo en la siguiente foto del estudio de la Universidad de Valencia:

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Extracto del estudio de M. Carmen Peris

Cabe también mencionar como parte de una de esas pruebas o documentación, sobre la regularización del oficio, un archivo histórico sobre las ordenanzas del régimen del burdel de la ciudad del 12 de mayo de 1495 donde se indicaba lo siguiente:

“…axí en la present ciutat de Valencia, com en altres parts, viles e lochs populosos son permesoso los publichs, e es permes e dispensat que les dones mundaries vixquen publicament en aquells, del quest perque per la avinentea e copia que ha de les dites dones, se stavien es scusen graus dans e scandals e axi es permes lo cual, per evitar lo maior e senyaladament en la present ciutat, en lo qual hi ha tan gran concurs de persones, car per permetre e disponssar en lo dit loch publich, cessen molts dans e scandels en aquella…”.

Así mismo se indicaba que las prostitutas habían de quedar recluidas y no ejercer su profesión durante la Semana Santa, Navidad y las fiestas de la Virgen María (Asunción y Concepción), así como en los jubileos, permitiendo así el reconocimiento y la práctica legal durante el resto del año. Y es que la profesión, como tal, de la prostitución estaba asumida en la ciudad de Valencia como una práctica normal y habitual, a pesar de que estas prácticas fueron perseguidas por la iglesia, pero poco podían hacer puesto que la riqueza que proporcionaba a la ciudad era muy grande, además de que dicho estaba regularizado y controlado por el gobierno municipal. ¿Eran, pues, nuestros antepasados quizá más avanzados que nosotros en reconocer dicho oficio y en permitir ejercer bajo unas normas y unos controles sanitarios? Sin ninguna duda, sí.

La creación de la gran mancebía sirvió, como necesidad, para controlar un oficio moralmente prohibido por la sociedad medieval, gran parte cristiana, y las instituciones de entonces. Los burdeles, sin ninguna duda, se crearon para apartar de la sociedad sagrada, y tener controladas en su interior, a mujeres de vida “alegre”.

Y es que los orígenes del barrio Chino de Valencia se remontan al siglo XIV con la instalación del Partit, situado en la actual Beneficencia, un lugar regulado, como os estoy explicando, que estuvo cercado por muros, con pequeñas casitas donde se ejercía la prostitución.

En el siglo XIX al final de la calle de La Nave y área del Parterre existían callejuelas que también contaban con la presencia de prostitutas. Poco a poco el tráfico sexual se fue desplazando hacia el céntrico barrio de Pescadores, entre las actuales calles de las Barcas y Roger de Lauria. Con el derribo del citado barrio, a principios del siglo XX, la prostitución se desplaza hacia la calle de Quevedo y adyacentes, hasta que la apertura de la avenida del Oeste traslada el comercio carnal hacia una zona inmediata, el barrio del Pilar o de Velluters.

Pero, ¿todas estas mujeres que ejercían la profesión eran de la tierra? No, y prueba de ello podéis verlo en la siguiente imagen sobre el estudio comprendido entre los años 1367-1399:

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Extracto del estudio de M. Carmen Peris

Es quizás una prueba de que el comercio sexual o de lo que hoy conocemos como “trata de blancas” era una necesidad imperiosa para satisfacer las necesidades de la ciudad.  ¿Y qué tenía la iglesia que decir a todo esto? Poco podía hacer en su momento y en sus inicios, tan solo podía presionar y ejercer sermones al pueblo con los castigos divinos que podrían acarrear en caso de tomar posesión de alguna de estas mujeres.

A pesar de todo ello, la Iglesia, especialmente tras el Concilio de Trento, se lanzó a perseguirla y erradicarla todo lo que pudo con todas las armas que pudo, que no eran otras que las del poder que podían ejercer sobre las personas influyentes o políticos de la época.  Y es que el principal problema del burdel para la iglesia era la doble moral con la que este oficio podía actuar sobre la ciudad, aunque no se hizo la persecución sobre el verdadero problema que conllevaba: las enfermedades que en él podían transmitirse. El contagio de enfermedades venéreas era frecuente en estos lugares que muchas veces actuaban como foco de origen, a pesar de que para evitarlo había un cuerpo de cirujanos especializados que cuidaban la higiene del burdel y de las prostitutas que las enfermedades no se propagaran a partir de él, algo que en verdad fue poco efectivo, aunque su idea en un principio fuese buena. Quizás si los avances de los que hoy en día disponemos hubieran sido al alcance de aquellos médicos de la época, estaríamos hablando sin duda alguna de uno de los lugares con más visitas, aún más si cabe, de toda la historia.

Por cierto, en la creencia de aquellos tiempos se citaban los beneficios sociales del ejercicio de la prostitución, ya que se pensaba que se evitaba el amancebamiento o el adulterio y se creía que el que se acostaba con una prostituta “legalizada” quedaba redimido del pecado de fornicar con ella. Curioso.

Las autoridades de la época prohibieron a las meretrices trabajar durante las fiestas de Semana Santa y de otras fiestas de similar importancia, así como también se prohibía trabajar antes de la misa de los domingos.

Más aún extraño es, quizás, los proxenetas o amigos de aquellas mujeres en esos tiempos. Parece ser que eran los propios comerciantes de la zona o incluso los supuestos amantes quienes las protegían y pagaban sus multas si se saltaban las ordenanzas. Podéis verlo en la siguiente foto:

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Extracto del estudio de M. Carmen Peris

A pesar de esto, cabe decir que aquellos “burdeles” no solo se dedicaban al uso exclusivo de la prostitución. Como os podéis imaginar, todo era un entramado para tejer una de las mayores redes de prostitución por aquel entonces, donde los comerciantes dedicados a aquella actividad camuflaban con otras actividades (vamos, que eso que podemos ver hoy como “Hostal” o “Pub” en un local de alterne no es nada nuevo).

Como ya os dije al principio del artículo, en mi puesta en marcha e investigación y que refleje en el primer artículo que hice sobre la misma temática en otra revista, Valenciaculture (PODÉIS VISITAR EL ARTÍCULO PINCHANDO AQUÍ), lo que diferenciaba a aquella Valencia del resto era que, a pesar de que en ciudades como Sevilla (donde se creó la mancebía en 1337) o en Barcelona (en 1448), aquí finalmente la práctica se quedó dentro de las murallas, se estableció un riguroso control y sistema sanitario para garantizar la salud de las prostitutas por el bien de los clientes y porque Valencia se convirtió en turismo sexual, cosa que no ocurría con otras ciudades, donde además las mujeres acudían a trabajar a Valencia (bien por su propio interés debido a la fama de la ciudad o por el comercio de explotación sexual de aquellos tiempos).

Además, hay que sumar que Valencia era un principal puerto Mediterráneo, un centro financiero de primer orden por aquella época (debido a que eramos un Reino importante), un principal lugar de paso para comerciantes y una ciudad más permisiva que la gran mayoría de ciudades Europeas, sumando también la importante revolución cultural que llegaría con el llamado “Siglo de Oro o Segle D´or”.

Destaca una exacta descripción que sobre el lugar escribió Antoine de Lalaing, señor de Montigny, viajero que acompañó a Felipe El Hermoso en su visita de Octubre de 1502:

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Resulto además, sumamente importante, que hombres tan influyentes de la época finalmente consideraran una práctica habitual y normal aquellas visitas turísticas en masa, calificándolas incluso de “mal menor” (es el ejemplo de San Vicente Ferrer), donde la riqueza que aportaban a la ciudad (debido a que acostarse con una prostituta de Valencia era el doble de caro que en cualquier otra ciudad de los reinos y condados de España), servían como excusa para proseguir con la actividad que no solo dejaba riqueza a la ciudad, sino también a las prostitutas, ya que incluso podían vestir con las mejores sedas y joyas.

Pero todo lo bueno tiene su fin y los “buenos tiempos” acabaron para el burdel. Antes de su desaparición, se impuso que las calles adyacentes y cercanas a los lugares donde se llevaba a cabo, se cerraran por las noches obligando a los clientes a buscar formas alternativas o desistir del intento. Pero aquello solo trajo un intento fallido de su desaparición, puesto que era posible sobornar a hostaleros para que dejasen la puerta abierta, aunque a pesar de ello se arriesgasen a sanciones, que curiosamente se pagaban de un fondo común de entre todos aquellos interesados en seguir manteniendo el burdel por toda la suma de dinero que dejaba. Podéis ver más sobre este tema en el gran estudio y trabajo de Don Vicente Graullera Sanz pinchando en su artículo de LOS HOSTALEROS DEL BURDEL DE VALENCIA por Vicente Graullera.

Finalmente, su desaparición total llegó de manos de Carlos II, a finales del siglo XVII, y no de Felipe III como se puede leer en otras fuentes, dado que Felipe III murió en 1621. Carlos II también impuso esa prohibición para el resto de burdeles de los Reinos y Condados de España. A pesar de esto, cuando a principios del siglo XVII se eliminó el Partit, la prostitución se extiendió por el llamado Bordellet dels Negres, entre la Universitat y el Teatro Principal, malogrando así el objetivo principal de erradicarla y consiguiendo solo extenderla y no llevarla controlada.

La mancebía proyectada originariamente por el rey Jaime II en 1325, después de siglos siendo una de las mayores atracciones de la ciudad y una de las más importantes de Europa, cerró sus puertas entre 1651, momento en el cual las mujeres abandonaron el lugar por órdenes de Carlos II, aunque no fue hasta 1671 cuando la última meretriz salió del lupanar.

Carlos II, "El Hechizado". Fuente: espanaeterna.blogspot.com

Carlos II, “El Hechizado”. Fuente: espanaeterna.blogspot.com

Curiosamente, las últimas prostitutas fueron enviadas a la llamada Casa de las Repenides (Casa de las arrepentidas), que luego fue llamada Casa/Convento de San Gregorio, desaparecida en el tiempo y donde justamente hoy se encuentra el Teatro Olympia de Valencia, en la céntrica calle de San Vicente.

Fuente: valenciaysuhistoria.blogspot.com

Fuente: valenciaysuhistoria.blogspot.com

Como anécdota final, antes de dejaros con unos versos de José de Espronceda, decir que estas siete últimas prostitutas de aquel burdel que tuvo la ciudad fueron convertidas y perdonadas de sus pecados, dando lugar a la leyenda urbana de “los siete ángeles”, donde se dicen que fueron practicantes de la religión católica después de una vida llena de pecado…

“…Y desnuda su cuerpo antes del acto,
y te enseña sus pechos y su nido,
y de sus manos el suave tacto
pone tu miembro varonil erguido;
cumple las condiciones de su pacto
sacando leche, y cuando te ha venido,
limpia con agua tu emporado pijo
como una madre limpiaría a su hijo…”

LA MUJER, Canto V, La Mujer Pública

Cuesta un poco imaginar que aquella Valencia esplendorosa que tuvo en esas fechas, las comprendidas del burdel, sus años de gloria gracias al “Segle D´or” y otras historias de aquella época, fuera tan permisiva durante tres siglos.

 

Algunas fuentes del artículo:

 

Fuente de la foto de portada: salamancapasoapaso.blogspot.com

Para un mayor estudio del tema podéis consultar: http://www.uv.es/dep210/revista_historia_medieval/PDF40.pdf o leer nuestro artículo sobre opiniones de viajantes en el medievo valenciano pinchando aquí.

 

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