Hoy os hablamos de un pequeño tesoro situado en el interior de uno de los lugares obligados de visita en Gandía. Hablamos del Pavimento de los Cuatro Elementos (del siglo XVIII), el cual está situado en el interior del Palau Ducal dels Borja, en la última de las cinco salas de la Galería Dorada del Palacio.

El Palacio Ducal de Gandía, utilizado para fines residenciales en el pasado y declarado BIC (Bien de Interés Cultural), es uno de los palacios góticos valencianos más bonitos de nuestra Comunidad Valenciana, además de ser uno de los monumentos más importantes de la ciudad de Gandía, que ha sido objeto de numerosas restauraciones. Esta obra, de inicios del siglo XIV, es una importante muestra de palacio del gótico civil valenciano, que fue casa natalicia de San Francisco de Borja.


El Palau Ducal dels Borja, declarado Bien de Interés Cultural desde 1964, es uno de los ejemplos de arquitectura civil más emblemáticos e importantes del patrimonio arquitectónico y ornamental valenciano. Galardonado con el Certificado de Excelencia Tripadvisor 2017.

Para esta ocasión, como ya hemos hecho en otros artículos, contamos con la experiencia de MagnificArt Restauradors S.L., una empresa dedicada a la restauración y conservación de obras de arte situada en Ibi (Alicante), para relataros esta gran obra valenciana. 

La llamada Galería Dorada fue construida a principios del siglo XVIII con motivo de la canonización de San Francisco de Borja, siendo construida por uno de los Duques de Gandía. La gran obra arquitectónica está formada por cinco estancias concatenadas visualmente con fondo de perspectiva sobre el jardín del palacio – Salón Heráldico, Salón Ornamental, Salón de San Francisco de Borja, Salón de la Sagrada Familia y Salón del Cielo y de la Tierra-, siendo la última de ellas la protagonista de nuestro artículo con azulejos originales de la época.

Las obras de la Galería Dorada, de acuerdo con Basilio Sebastián de Castellanos -visitador del palacio por encargo de los duques de Osuna, en quienes había recaído también e! ducado de Gandía-, que a mediados del siglo XIX tuvo acceso directo a la documentación, fueron encargadas por el duque en 1702, y duraron entre 1703 y 1716, habiendo costado 9.290 libras, 6 sueldos y 8 dineros, un costo que a juicio de Castellanos, era bastante económica. No consta en la memoria de Castellanos la dirección de las obras, pero se ha apuntado con cierta garantía la posibilidad de que estuvieran a cargo de Leonardo Julio Capuz, un personaje del mundo artístico valenciano que tenía un perfil profesional entre la arquitectura, la escultura y la talla, y a quien se hicieron una serie de pagos, entre 1724 y 1729, por las tareas de talla y escultura realizadas en esta obra.

EL SALÓN DEL CIELO Y DE LA TIERRA DEL PALACIO DUCAL DE GANDÍA. OBRA DE RAFAEL GARCÍA MAHÍQUES / ESPAÑA

La Galería recibe su nombre por la profusión de ornamentación dorada sobre los elementos de talla de madera que cubren todo el cornisamento, copetes de puertas y paneles murales divisorios de las estancias que la configuran, además de disponer de unas preciosas pinturas al óleo realizadas por Gaspar de la Huerta y su taller. 

La Galería Dorada era, en verdad, sala de reuniones, estancias privadas y salón de baile, de ahí que las puertas de madera que separan las estancias sean móviles. Con ello se conseguía que, al abrirlas, se convirtiera el lugar, las 5 estancias, en una mega sala. 

En cuanto a la estancia que nos atañe, el Salón del Cielo y de la Tierra, cabe decir que el pavimento de este lugar, restaurado por Restauradores Pro Art, está considerado como la mejor obra de azulejería de todos los tiempos. En esta estancia se ha intentado recrear un universo formado por el Cielo representado en la obra pictórica, y en la Tierra a partir del mencionado pavimento cerámico existente, que se trata del único de época conservado en su lugar.

El salón, que presenta una planta cuadrada, es muy luminoso. Dispone de tres balcones, uno a cada lado, confiriendo un remate espléndido a toda la edificación, la cual acaba abriéndose hacia los cuatro puntos cardinales. Su denominación es histórica, no de nuestro tiempo, pues ya a mediados siglo XIX, Castellanos de Losada decía: “Con relación a los asuntos que representa el cielo y suelo de este lindísimo y magnífico gabinete, llama el pueblo de Gandia a esta pieza el Cielo y la Tierra, denominación simbólica que la conviene”.

La sala exhibe un cielo abierto como un círculo inscrito en el cuadrado del lienzo, simulando una cúpula entre cuatro pechinas. El solado cerámico, que representa la tierra, está organizado como un gran círculo que encaja en la superficie cuadrada, que permite situar elementos significantes importantes en los cuatro ángulos.

LA TIERRA: 

El “Pavimento de los Cuatro Elementos” del Palau Ducal de los Borja de Gandía, que representa la tierra en el Salón del Cielo y de la Tierra, está considerado como la mejor obra de azulejería de todos los tiempos. Se trata de un gran diagrama retórico-visual del concepto aristotélico de la Tierra. NO se permite pisarla, solo puede verse desde fuera.

Pavimento de los Cuatro Elementos. Foto de Santiago López Pastor (FLICKR) bajo licencia CC BY-SA 2.0

El pavimento está situado en la llamada Sala del Cielo y la Tierra, la última de las estancias de la Galería Dorada (la 5ª). En esta sala se encuentra el mencionado pavimento, que representa a la tierra con los cuatro elementos (agua; tierra; fuego; y aire). Justo encima, y en el techo, el cielo, con un rompimiento de gloria con la Virgen, una reproducción casi exacta de los murales de la iglesia de Santa Agnese en Agone, en la Piazza Navona de Roma.

Restauración del Pavimento de los Cuatro Elementos. Foto de Restauradores Pro Art

Según la obra de Rafael García Mahíques, “EL SALÓN DEL CIELO Y DE LA TIERRA DEL PALACIO DUCAL DE GANDÍA”, la Tierra es significada tomando como eje semántico los cuatro elementos esenciales que constituyen el mundo físico: fuego, aire, agua y tierra, de acuerdo con la tradicional cosmovisión aristotélica.

La imagen solar centraliza esta composición diagramática, que implica, en cierto modo, la general aceptación de la teoría heliocéntrica que modernamente formulara Copérnico en el siglo XVI, pero que no sería aceptada por la Iglesia hasta 1835 por postularse que contradecía la Biblia- El pavimento no presenta una representación en sentido ilusionista, ni tampoco cartográfico del mundo terrestre, pero la situación del Sol ocupando el centro geométrico, como una esfera que irradia sus rayos atravesando una barrera de nubes, hace pensar que los autores del programa visual del pavimento, darían por hecho que la Tierra con sus elementos, sus seres vivientes y la vida humana se desenvuelven en tomo al Sol.

Rafael García Mahíques, “EL SALÓN DEL CIELO Y DE LA TIERRA DEL PALACIO DUCAL DE GANDÍA”

Rafael García Mahíques, “EL SALÓN DEL CIELO Y DE LA TIERRA DEL PALACIO DUCAL DE GANDÍA”

A lo largo de toda la escenificación, aparecen diversas figuras, objetos y todo tipo de seres representados junto a cada uno de los elementos. Se puede ver desde un fondo con rayos de tormenta; armas de fuego diversas como cañones y arcabuces, proyectiles o barriles de pólvora; objetos llameantes como antorchas y pebeteros; seres alados y aves, así como insectos tipo mariposas o libélulas; peces de todas las variedades, desde el pez espada hasta la anguila, crustáceos marinos, o precisos animales de ámbito acuático como una tortuga o unos que podrían ser una foca y una ballena; navíos; vegetales, animales y humanos; un dragón volador; actividades humanas como cazadores con escopeta; etcétera. Cada uno de estos registros está conectado con un gran mascarón que va arrojando por su boca un torrente de objetos que desemboca en cada uno de los diferentes niveles: fuego, aire, agua y tierra. En definitiva se trata de un gran diagrama retórico-visual del concepto aristotélico de la Tierra.

EL CIELO:

Gaspar de la Huerta ideó una gran composición dividida para significar la Apoteosis de san Francisco de Borja – exaltación del linaje del santo. En el llamado Salón del Cielo y la Tierra, la decoración del techo conmemora la canonización de Francisco de Borja, producida en 1571 por el papa Clemente X. Es una típica pintura barroca sobre lienzo y realizada por Gaspar de la Huerta a principios del siglo XVIII.

Encontramos el lienzo dividido del techo, que representa el cielo, en dos planos: en la parte inferior, el plano terrenal, y en la superior el celestial. En el plano terrenal, una figura de blanco que lleva la tiara papal y las llaves, es la iglesia, acompañada por otros ministros eclesiásticos. Sobre las nubes, y sirviendo como programa propagandístico de la familia Borja, abren el plano celestial las tres virtudes teologales. De izquierda a derecha, la Fe, con el cáliz y portando el rostro de Calixto III; la Caridad, coronada de llamas, porta el medallón con Alejandro VI y la Esperanza, con su ancla, acompaña el toro rojo, símbolo borgiano. Sobre las tres mujeres, un grupo de santos, entre los que se encuentra Santa Teresa de Jesús y el beato Andrés Hibernón, que miran a Francisco de Borja, frente a ellos, con el hábito de Jesuita en el momento de su tránsito al cielo. San Miguel le tiende la mano a Francisco, cediéndole su titularidad como patrón de la ciudad. Presidiendo la escena, la Inmaculada, la Gloria y la Trinidad, tipos icnográficos fijos en el barroco.

De entre todas las salas, es la de mayor recursos plásticos, y la más original por su complejidad compositiva en la que, de nuevo, se pretende emular los grandes techos de los palacios romanos realizados por artistas de la talla de Pietro da Cortona, Ciro Ferri o Carlo Maratta, recordando en gran medida los grandes frescos realizados por Antonio Palomino en la Valencia de finales del siglo XVII, como las malogradas pinturas de las bóvedas y el presbiterio de la iglesia de los Santos Juanes o la cúpula de la capilla de la Virgen de los Desamparados.

ˆTecho del Salón deLCielo y Tierra, Galería Dorada del Palacio Ducal de Gandía. Foto de Joanbanjo bajo licencia CC BY-SA 3.0

Sin duda alguna, el Salón del Cielo y la Tierra, así como el Palau Ducal en su conjunto, es magnífico. Poder admirar los discursos visuales de la Tierra, en el solado cerámico, y del Cielo, en el techo del salón, es de obligada visita para todo aquel que visita la ciudad de Gandía.

Para quien lo desee, puede consultar el artículo de García Mahíques o el estudio de I. Vicente Pérez Guillén para más detalles del Salón del Cielo y la Tierra. 

Inocencio Vicente Pérez Guillén

 

 

 

 

 

Foto de portada:

Fuentes:

 

 

 

 

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