Desde que hace algún tiempo pudimos leer el libro de la Valencia al detalle, tenemos que decir, por suerte, que nos fijamos mucho más en esos elementos urbanos que pueden pasar desapercibidos mientras paseamos. Quizás ese sea el principal motivo por el que nos detuvimos nada más ver la fachada de un edificio situado en la calle de las Islas Canarias, sumado, eso sí, a nuestra curiosidad y sorpresa tras observar algo muy poco común, dado que, incluso antiguamente, no eran fijados de esa forma.

Hablamos de elementos muy comunes en la Valencia medieval, los socarrats, aunque, sin embargo, hoy casi extintos de no ser porque Manises y Paterna, además de pequeños artesanos o talleres de Valencia, como Socarrat Artesanía Flama Artesanía, mantienen esta bella tradición, aunque con diferentes usos a los que entonces se les daba ya que se han convertido en objetos de culto y decorativos.


Lo extraño que se puede observar en el edificio que ocupa nuestro artículo, sin nada a destacar excepto los socarrats, es que prácticamente habrá edificios contados con las manos que dispongan de estos elementos en su fachada, de los que seguramente ninguno será de reciente construcción, a excepción de que, por ejemplo, podemos encontrar dos de ellos, de temática religiosa, en la fachada de la Parroquia de Santa Ana en Eduardo Bosca nº 6, Valencia (quizás, seguramente, se nos escape alguno más, que con gusto añadiremos a quien nos diga la localización).

Para quien no lo sepa, los socarrats son placas de origen medieval, de diferentes formatos de fabricación, de barro cocido o baldosín grueso, esmaltadas en blanco y decoradas generalmente en tonos rojizos o amarronados y negruzcos, realizadas manualmente y destinadas a colocarse entre vigas, en techos y aleros de casas señoriales, palacios y edificios de carácter público de la Valencia antigua. Se sabe también, además, que se utilizaron componiendo frisos en terrazas, escaleras u otros lugares, destinándose también en los interiores de casas o reutilizados, a menudo, integrando muros o para nivelar pavimentos.

Fueron realizados, principalmente, entre los siglos XIV y XVI por artesanos de la población de Paterna, según parece en su mayoría moriscos (esto se sabe porque se tiene conocimiento de que la cerámica cristiana de los siglos XIII y XIV es directa heredera del mundo musulmán), aunque también podría ser que hubiera artesanos de poblaciones cercanas o de la propia ciudad de Valencia, ya que en el Reino de Valencia la azulejería y los “socarrats” o placas decorativas para techo, alcanzaron una notable calidad y elevado volumen de producción en Paterna, Manises, Quart y Mislata (datos aportados por el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias “González Martí”).

Dado que su coste era mucho más barato que el de los artesonados de madera, también característicos de época, fue común su utilización como finalidad arquitectónica, donde por ejemplo podemos ver en el techo de la Sala de Cerámica arquitectónica medieval (2º piso del Palacio del Marques de Dos Aguas), una composición con “socarrats en relieve”, procedente del propio palacio en origen, de la familia Rabassa de Perellós.

Los motivos que se representaban eran principalmente de temática religiosa (cruces, signos y leyendas sagradas, como los versículos coránicos del alero de la mezquita de la Xara en Valldigna); mágica (las manos de Fátima, barcos, torres o animales o figuras quiméricas como el “butoni”, monstruo habitual en el bestiario valenciano); y social (con escenas cortesanas y satíricas o el uso de símbolos heráldicos). Era muy común encontrar en ellos dibujos con motivos geométricos, vegetales, zoomorfos, antropomorfos, míticos, religiosos, fantásticos, náuticos y un largo etcétera, abundando, como es natural en la época, los temas caballerescos y bélicos.

También cabe decir que además de la finalidad arquitectónica, se utilizaron socarrats en proclamas públicas, como en el caso del edicto de leva de 1513, para reclutar soldados, del duque de Segorbe.

Su finalidad arquitectónica, en el pasado, ha dado paso a la ornamental, dado que en la edificación de nuevos edificios o de reciente construcción, es prácticamente imposible verlos. Bueno, o eso creíamos. Y decimos eso hasta que nos cruzamos con el edificio Islas Canarias 43, situado en la calle de las Islas Canarias nº43 de Valencia, aunque sí que cabe decir que, en este caso, es más motivo decorativo.

Edificio Islas Canarias 43 Valencia. Foto cedida por Tono Giménez

Edificio Islas Canarias 43 Valencia. Foto cedida por Tono Giménez

Edificio Islas Canarias 43 Valencia. Foto cedida por Tono Giménez

Edificio Islas Canarias 43 Valencia. Foto cedida por Tono Giménez

Edificio Islas Canarias 43 Valencia. Foto cedida por Tono Giménez

Edificio Islas Canarias 43 Valencia. Foto cedida por Tono Giménez

Edificio Islas Canarias 43 Valencia. Foto cedida por Tono Giménez

Tras una consulta, con la inestimable ayuda de Tono Giménez, sabemos que el año de construcción del edificio, para uso residencial, es de 1978, con referencia catastral nº 7520318YJ2772B0003KO. Lo que no sabemos es si los socarrats son añadidos en ese momento o posteriormente, a pesar de que lo hemos intentado averiguar preguntando a vecinos del propio edificio, del lugar o a todo aquel que pudiera tener conocimiento de ellos. Dado que algunos de los bordes de los socarrats parecen de otra pintura que la fachada (parece yeso o cemento blanco), puede que sean añadidos hace no mucho tiempo y no en origen del edificio.  

Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que, al ampliar fotografías, podemos ver que están realizados por “Estudio Vell Art”, del que no hemos encontrado ninguna información. La temática en estos casos es mágica, donde se puede ver barcos, torres, una ciudad amurallada junto al mar y diversos personajes cocinando en la orilla (o eso parece).

 

 

Fuentes:

  • Foto portada: valenciabonita.es
  • Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias “González Martí”
  • Socarrat
  • www1.sedecatastro.gob.es
  • http://www.flama-artesania.com/
  • http://www.socarratartesania.es/

 

 

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