• Saqueada y en ruinas, en absoluta dejadez. Así se encuentra la discoteca que fue, para muchos, la Catedral de la música: Chocolate.

Hace unos años os hablé, en otra revista comercial en mayo de 2015, de la venta del solar donde se ubicaba la antigua discoteca Chocolate por un total de 352.000 euros (no así la marca comercial, que sigue ofreciendo fiestas y que pronto celebrará el 37º aniversario de Chocolate). Quizás, por entonces, pude despertar el interés de algún nostálgico que pensaría en llamar a la inmobiliaria y comprar aquel terreno de 8.000 m2, incluida la construcción de 1200 m2, donde se ubicaba la Catedral de la música. Pero la cosa no fue así.

A día de hoy sigue abandonada, a su suerte, y como bien diría Raúl Antón Comico, “se está cayendo el Chocola, nano”. No obstante, para quien tenga dudas y para corroborar el destino que está corriendo la antigua sala, hace pocos días pude ver unas fotografías de un amigo dj, Ivan Jarque, del estado actual, quien amablemente nos cedió las fotografías para comprobar lo que muchos saben: en ruinas y saqueada, la misma fortuna que corrió The Face antes de ser derribada. 

Lejos queda la memoria de la que, para muchos, fue la Catedral de la música. Una discoteca que de sobra era conocida por aquel lema de “no digas sábado, di Chocolate”. Pero, como todo un comienzo para poder conocer lo que fue, cabe decir que Chocolate no fue la primera en abrir en la ya archiconocida Ruta del Bakalao o Ruta Destroy, aunque sí fue la primera en poner conciertos por la mañana.

La historia comienza allá por el verano de 1980, donde bajo el nombre de “Chocolate Cream” y a muy pocos metros de la mítica Barraca, en lo que fue un antiguo secadero y almacén de arroz de Les Palmeres, una pedanía de Sueca, abría una sala capaz de hacerse un hueco en la noche valenciana y atraer gran cantidad de público. Aquellos conciertos tenían una peculiaridad: al principio se programaban al hacerse de día, a las 7 de la mañana, algo inédito por aquel entonces, y que además suponía una continuación del cierre de la sesión nocturna.

Durante sus primeros años su fachada estuvo decorada en honor a su nombre, de color marrón oscuro y chorretones de nata sobre chocolate, cayendo de la parte superior, al más puro estilo del cuento de Hansel y Gretel, tal y como podéis ver en la siguiente foto donde en la puerta de entrada habían bastones de caramelo. Incluso la decoración interior tenía un toque de fantasía.

Fuente: www.playgroundmag.net

Chocolate Cream. Fuente: www.playgroundmag.net

Al poco tiempo de su apertura, unos pocos años después, su nombre se simplificaría a Chocolate, reformándose su interior para dar una mayor importancia a la sala de baile y dejar atrás la primera etapa pura y dura de conciertos. En esta nueva etapa, su dj residente fue el conocido, de sobra, “Toni el Gitano”, de nombre Toni Vidal, quien dio a la sala una personalidad musical más oscura atrayendo a un público diferente. Al cabo de los años, en 1986, Toni Vidal fue sustituido por José Conca, un joven que todavía no tenía la mayoría de edad y que provenía de Looping, el primer after de la ciudad de Valencia, donde cabe destacar, además, que ya desde esa etapa la sala servía de continuación de la fiesta para muchos barraqueros por cerrar más tarde.

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Fuente: http://rutadestroy.com/

José Conca estaría, nada más y nada menos, 16 años al frente de la cabina como residente, hasta 2002. Tal y como nos detallan en discotequeros.com, en un extenso y gran artículo sobre la historia de la sala, con la llegada en los 80 de Conca a la cabina, el estilo musical de Chocolate se volvía mucho más transgresor, oscuro y duro que en sus inicios, apostando por el pop-rock gótico, el sonido industrial y el que provenía de los Países Bajos: el EBM (Electronic Body Music). Quienes nos hablan también muy bien de los inicios de la sala y de toda la música que allí podía escucharse en sus inicios son los chicos de theBasement.

Atrás queda la nostalgia ochentera y noventera, las épocas doradas de la discoteca (con sus respectivos estilos y gente tan dispar que acudía), y todo lo que recuerda a ella, como su mítico logitipo del soldadito o su himno, el “In the Hall of Mountain King”, de Erasure, que sería reversionado diferentes veces a lo largo de los años, siendo la más famosa la de 1994 de “Razzia” con “This Club Is Closed Forever”. De él, y su historia, bien habla el propio José Conca, diciendo que el mismo junto con Barry lo reversionó en 1991. 

Tampoco cabe dejar en el olvido el que es conocido como el segundo himno de la sala, aquel que cerraba sesiones los sábados por la noche: el tan querido Let Yourself Go de DLM. Por cierto, el propio Conca detalla, de nuevo en un artículo de su web, la renovación musical de la discoteca con la muerte anunciada de la ruta (quizás así comprendáis como funciona esto del mundo de la noche a nivel empresarial).

Chocolate tuvo diversos cierres, el primero de ellos el 6 de noviembre de 2004, donde la despedida fue tan masiva que desde ese momento la sala adopta la forma de abrir sus puertas una o dos veces al mes, teniendo como principio de estas fiestas el 25 de diciembre de ese mismo año. La misma forma de aperturas mensuales continuaría hasta diciembre de 2007, momento en el cual cierra sus puertas definitivamente.

Hubo una intentona desde 2008, con un nuevo propietario y equipo al frente, reformando la sala por completo, tanto exteriormente como interiormente, manteniendo fiestas mensuales hasta los principios de nuestra década, más o menos, pasando a llamarse QoQoa y manteniendo la fórmula de las fiestas mensuales.

Muchos hemos crecido, como el aquí presente que os escribe, entre sonidos transgresores gracias a algún familiar; vivido la adolescencia entre la música tardía (última etapa) de la Ruta del Bakalao; o, ya por fin, recorrido fiestas con los nuevos sonidos del jumper, el hardcore o el newstyle, música con la que Chocolate se fue adaptando también a finales de los 90 y principios del nuevo siglo. 

Saludar a toda esa gente del gallinero, con la que a veces tenías alguna riña pero que siempre había buen rollo; subir en el autobús que llevaba a la discoteca desde el pub que recibía su mismo nombre en la población de Aldaya; que te cortasen el agua en los baños todas las noches de fiesta para que tuvieras que ir a morir a la barra a pedir; o que los seguridades no te permitiesen, ni tan siquiera, atarte un momento las zapatillas en las escaleras de la entrada (sí, y blancas además, algo impensable para ahora entrar así en cualquier local de ocio), son solo algunos de los recuerdos que un servidor tiene de aquellas noches de buen rollo y de la que todavía sigue siendo, para muchos de nosotros, la Catedral de la música. 

LAS SIGUIENTES FOTOGRAFÍAS SON DE HACE APENAS UNOS DÍAS: 

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

Estado de la discoteca Chocolate. Foto cedida por Iván Jarque

EL SIGUIENTE VÍDEO ES UNA EXPLORACIÓN URBANA EN EL INTERIOR DE LA DISCOTECA EN MAYO DE 2017: 

Para los nostálgicos, y todo aquel que quiera conocer más sobre la ruta, puede leer el artículo de djmag.es.

 

 

 

 

 

Foto de portada:

  • En el recuerdo, pared trasera de la discoteca Chocolate. Fuente: http://djmag.es/

Fuentes:

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