• Todos los jueves, a las 12:00 horas, se reúne en la puerta de los apóstoles de la Catedral de Valencia la que es considerada la institución de justicia más antigua de Europa: el Tribunal de las Aguas de Valencia.
  • La Institución medieval de Justicia se encarga de dirimir los conflictos derivados del uso y aprovechamiento del agua de riego entre los agricultores de las Comunidades de Regantes de las 8 acequias que forman parte de él (Quart y Benàger-Faitanar, en la margen derecha; Tormos, margen izquierda; Mislata, margen derecha; Mestalla, margen izquierda; Favara, margen derecha; Rascanya, margen izquierda; Rovella, margen derecha).

Agradecimientos por la fotografía de portada a Conchin Doménech Montaner.

Declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el 30 de septiembre de 2009, el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia es la más antigua institución de justicia existente en Europa. Aunque ya existiera desde tiempos de los romanos alguna institución jurídica que resolviera los problemas del agua en tierras de Valencia, la organización que hemos heredado data de los tiempos de Al-Andalus y, muy posiblemente, de la época del Califato de Córdoba, perfeccionada desde los primeros momentos de la conquista del Reino de Valencia por el rey don Jaime.

Modelo de justicia, reconocido por todas las ideologías, culturas y pueblos que configuran la rica personalidad valenciana, ha resistido el paso de los tiempos; ni la Valencia foral, ni el centralismo de nuevo cuño borbónico, ni las Cortes de Cádiz de 1812, restaron jurisdicción a este tribunal que la Constitución española de 1978, nuestro Estatuto de Autonomía, la Unesco y otros organismo de ámbito internacional, valoran y tienen en gran consideración.

La escasez de agua para el riego en la fértil vega de Valencia, admiración de viajeros que a lo largo de los siglos pasaron por estas tierras valencianas: “…la huerta espessa e grand”, del Poema del Mio Cid; el “…campo valenciano fertilísimo, pues produce inmensa variedad de frutos…”, de J. Münzer; la “…llanura deliciosa, en una región muy fértil y caliente…”, de Claude de Bronseval; “el más bello jardín del mundo”, del Cardenal de Retz; “la naturaleza parece haber repartido allí sus dones a manos llenas”, de A. Ponz;… ponen de relieve las bondades de la huerta de Valencia y la necesidad de una sabia, equitativa y justa distribución del agua que había de llegar a las 17.000 Has. de tierra de regadío a través de un complejo sistema de acequias madre, con sus brazos e hijuelas, “sequiols” y “sequiolets” que tomaban el agua del río Turia. De ahí nació el concepto de “fila” (etimológicamente ‘parte sacada de un todo’), que no es un volumen fijo de agua sino variable en función del caudal total del río.

Ocho son las acequias madre que toman agua del río Turia a través de sus azudes; por la margen derecha, las de Quart, Benácher y Faitanar, Mislata-Chirivella, Favara y Rovella; por las margen izquierda, las de Tormos, Mestalla y Rascaña. Ellas son las encargadas de retirar del río la parte correspondiente de las 138 filas en que se distribuye el agua del caudal existente en el lugar en que arranca la primera de las acequias, la de Quart; de esa manera, el agua llegará hasta la última de ellas y fertilizará los campos correspondientes sin verse perjudicada por su situación.

Tribubal de las Aguas de Valencia. Fotografía de Conchin Doménech Montaner

Hoy, el crecimiento de la ciudad y las consiguientes obras del llamado Plan Sur, el trazado del Nuevo Cauce del río Turia también llamado Solución Sur, han hecho variar el sistema de azudes con la aparición del Azud del Repartiment (‘La Cassola’) del que toman aguas las acequias de Rascanya, Robella y Favara, además de la acequia del Oro.

LO QUE NO TE CONTARÁN DEL TRIBUNAL DE LAS AGUAS:

De todos es bien sabido que la huerta necesita uno de los elementos de la tierra básicos para subsistir, que no es otro que el agua. En nuestras tierras, esa agua ha ido ligada a una histórica institución como es el Tribunal de las Aguas, protagonista de nuestro artículo.

La típica historia que puede leerse sobre el origen y el nacimiento del Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia es la que se puede encontrar en su página oficial, donde se dice que es la más antigua institución de justicia existente en Europa. Y cierto es, aunque hay que matizar. También se dice que aunque ya existiera desde tiempos de los romanos alguna institución jurídica que resolviera los problemas del agua en tierras de Valencia, la organización que hemos heredado data de los tiempos de Al-Andalus y, muy posiblemente, de la época del Califato de Córdoba, perfeccionada desde los primeros momentos de la conquista del Reino de Valencia por el rey don Jaime. Vaya, ¿entonces se lo debemos todo a nuestro rey don Jaime? Para nada. Desde el siglo VIII, Valentia sufre un gran cambio social, político, cultural y agrícola, aunque todo lo conformado desde esa fecha ya existía en parte.

El Tyrius (el Turia actual), era ya hace casi 3000 años la principal fuente de alimentación y de abastecimiento para esa población pastora y labradora que aquí vivió antes de la llegada y expansión del imperio Romano para conformar Valentia. Hablamos de los edetanos, que les debemos mucho más de lo que creemos y que muchos ignoran. Desconocida para muchos de nosotros, sus creencias y su fe se basaban en los elementos naturales de la tierra así como en sus energías, como son el agua y el fuego, algo que todavía consideran como natural y como dogma de fe los naturales valencianos en la huerta. Fueron los romanos quienes perfeccionan e inician las construcciones de simples sistemas de regadío y de transporte del agua (canales) de lo que ya había en la actual Valencia por entonces, siendo conocedores de la cultura al agua por los pobladores edetanos, y que con el paso de los siglos han sido mejoradas, en gran parte, por los musulmanes.

No se sabe a ciencia cierta cuales eran los principales cultivos en la huerta en época romana (se sabe más exactamente cuales son introducidos en época musulmana), aunque sí se sabe que existían debido al entramado que se construyó para abastecer zonas limítrofes y cercanas a la población o asentamientos. Lo que sí se sabe a ciencia cierta era que aquella Valentia poseía en abundancia el cultivo del cereal, además de la vid y el olivo.

La huerta y la tierra valenciana crece así como principal productora logística para abastecer, sobre todo, las campañas romanas de conquista sobre Iberia, al igual que también se ha de tener en cuenta las llamadas factorías de conserva, aquellas de las que os hablamos en nuestro nuestro artículo de las piscifactorías romanas.

Por entonces la chufa, tan presente hoy en día en nuestros tiempos, era puramente anecdótica, aunque cabe decir que era autóctona, tal y como ya os explicamos en nuestro artículo sobre el origen de la horchata al intentar certificaros que los musulmanes NO introdujeron la chufa en nuestras tierras, pues no sabían diferenciar las diferentes especies de juncias que aquí se hallaban. Lo mismo podemos decir de la naranja, aquella de la que hablamos en nuestro artículo de “la naranja valenciana: su origen y los inicios de la exportación“, la cual no comenzó en nuestra Península Ibérica hasta el califato de Córdoba, con las naranjas amargas o “naranjas de Sevilla” por ejemplo. A pesar de esto, es conocido que en el siglo V ya había constancia de naranjas llegadas desde África, que al fin y al cabo, todas estas llegaron de procedencia asiática asentándose en terrenos como Egipto. En un principio, el naranjo es usado como un árbol ornamental y de decoración de patios, como lo fue en la Mezquita de Córdoba y de Sevilla, donde posteriormente llegó a nuestras tierras a los Patios de la Lonja de Valencia, por poneros un ejemplo, extendiéndose así a todo el imperio. Por lo tanto, los precursores y quienes introdujeron el cultivo de la naranja son aquellos habitantes de los califatos y taifas.

Con todas estas afirmaciones podríamos decir que, principalmente, el modo de vida de aquellas personas durante la etapa romana, como base agraria en aquel momento, era la huerta y la tierra valenciana como medio de vida principal para subsistir. Así que si era su modo de vivir ¿por qué no establecer unas normas y regularlas mediante unas leyes para el reparto de uno de sus principales tesoros (el agua)? Bienvenidos al origen del Tribunal de las Aguas…

Volviendo al tema de los Edetanos, la historia nos cuenta que, en la gran mayoría de ocasiones, Edeta se desmoronó a principios del siglo II a. C. con la destrucción de la ciudad y de gran parte de los poblados de su territorio. Aquello que las fuentes denominan “Regio Edetania” y que sería configurado a partir de ese momento bajo una dominación romana. Lo que no nos cuentan es qué pasó, con más detalles, a partir de ese momento con lo que ya había configurado y con la llegada de los Romanos a nuestras tierras.

Lo que ocurrió, por resumirlo, es que las creencias y la cultura del agua fue respetada, de tal manera que pobladores edetanos conquistados y los que conforman Valentia dan lugar a lo que hoy conocemos como el Tribunal de las Aguas, creando unas leyes para aplicar bajo unas creencias y justicia única en la huerta valenciana, siendo pues una institución más que milenaria. Y es que la huerta valenciana debe su vida para subsistir al Tribunal de las Aguas, y este último se debe, como vida perpetua, a la huerta. Lo uno sin lo otro no podría existir. Es aquí donde debemos decir, y puntualizar que de la misma forma que una población, como la valenciana, no nace desde el 1238 por mucho que nos hagan creer en algunos libros de reciente publicación (aquí convivieron durante siglos antes de la llegada de Jaume I musulmanes en mayoría desde su llegada, junto con judíos y cristianos en mayoría), una institución como dicho Tribunal no se conforma de la noche a la mañana con la llegada del Califato ni la creación más tardía de la Taifa valenciana (Balansiya), ni la perfecciona y da leyes el monarca aragonés, pues estas ya existían mucho antes.

Sabedores los romanos del poder “divino” del agua, no se atreven a infringir la Fe ni la divinidad de lo que ya había en lo que hoy conocemos como la actual plaza de la Virgen (en origen el pozo divino edetano lleno de serpientes), además del resto de las tierras que conquistan, respetando así pozos, manantiales, ríos o cualquier lugar donde el agua estuviera presente. Que en las excavaciones de la actual Basílica de la Virgen de los Desamparados allá por el siglo XVII se encontraran numerosas lápidas y otras disposiciones romanas, no fue pura casualidad. Aquel lugar ya fue sagrado cientos y cientos de años atrás, lugar donde los romanos construyen su Oppidum y el templo a Diana.

Y es que allí hubo en otros tiempos, y seguramente seguirá enterrado, aquel pozo sagrado de peregrinación, de culto y divinidad por edetanos. Lugar donde todas las culturas que han pasado por Valencia han edificado su templo o lugar sagrado de culto, desde edetanos, romanos, visigodos y musulmanes, hasta llegar a los cristianos con la actual Catedral.

Todo lo que se encontró de origen romano sobre la actual Basílica se dice muy bien en “Lithologia o Explicacion de las piedras y otras antigüedades halladas en las canjas que fe abrieron para los fundamentos de la Capilla de nueftra Señora de los Desamparados de Valencia” obra de Joseph Vicente del Olmo, un documento que se puede encontrar en la Biblioteca Nicolau Primitiu para conocer lo que se encontró en las excavaciones de la Basílica, donde los romanos dejaron allí parte de su historia por algún motivo que muy pocos conocen pero que callan.

Los ciudadanos de aquella Valentia tenían muy presente el elemento natural del agua en su quehacer diario, tanto por la construcción de canales y sistemas para la llegada del agua a las zonas para el cultivo y riego de sus tierras; la utilización del agua para las termas, el cual una de ellos, sus resto, puede verse en el Museo de la Almoina; como el respetar pozos y acuíferos o permitir la construcción de nuevos de ellos, además de nombrar y recordar algunos de esos restos que todavía pueden verse hoy en día como el de la localidad de Calles y Chelva, conocido como el acueducto de la Peña Cortada.

Con el paso del tiempo y con la llegada de la dominación musulmana, se sigue respetando la jurisdicción y justicia del Tribunal de las Aguas por ser temidos, ya que estos, quienes defienden la huerta valenciana, aplican la justicia divina de una forma muy peculiar en la que a nadie le gustaría ser juzgado. Lo mismo pasa con la llegada de Jaime I, aunque en este caso la historia tergiversa de alguna manera lo que llega hasta nuestros días para hacernos creer que las actuales leyes de la huerta que dan los Síndicos para cada una de las acequias las conforma el monarca aragonés conquistador. Para nada esto es así, ya que Jaime I lo único que hizo fue, mediante Fuero, confirmar los “Us y Costums” (usos y costumbres) que ya existían (les dota de un régimen jurídico reconociéndolo como una institución propia del Derecho foral valenciano), continuando así el respeto que ya existía a este Tribunal desde la llegada de los musulmanes.

Son diferentes las teorías sobre lugares en los que se cree que el Tribunal se reunía los jueves en época musulmana, una de ellas, la que más se cree, en el interior de la Mezquita Mayor como muestra de respeto sobre el Tribunal. Pero no solo el monarca aragonés teme y respeta el Tribunal, ya que son también los sucesores en el trono e, incluso, los que instauran los Decretos de Nueva Planta aboliendo el Reino de Valencia ya en el siglo XVIII (los borbones) los que siguen temiendo este Tribunal al que siglos tras siglos se le siguen otorgando privilegios, además de los propios franceses con la llegada del ejercito de Napoleón, la constitución de Cádiz de 1812 y todo lo que viene después hasta llegar a nuestros días. Tan respetado como temido.

Para terminar, os rogamos que penséis detenidamente en la siguiente cuestión que os planteamos tras una pequeña y última explicación. Nos referimos a las diferentes religiones que conviven en nuestro planeta, las cuales nos “obligan” mediante la creencia bien en la Torah, el Corán o en la Biblia, a seguir una u otra pauta (aunque cada vez tenga más presencia el laicismo y el ateísmo). Si bien podríamos decir que tras trabajar nuestro fruto cada día tenemos que dedicar un día para descansar y dar gracias a “Dios”, variando éste último según sea nuestra religión, podríamos decir que la importancia de dichos días viene establecida desde siglos atrás por algún motivo aparente. Si bien los viernes para los musulmanes es su día sagrado, siendo el día en el que se reúnen para rezar en congregación; es el sábado el sagrado día para los judíos, el del llamado Sabbat (escrito también shabat, en hebreo: שבת: shabbath, ‘cesar’); por último, de todos es sabido que el domingo es el día de los cristianos, el cual su nombre proviene del latín “dies Dominicus” (‘día del Señor’), debido a la celebración cristiana de la Resurrección de Jesús (por cierto, en la antigua Roma se llamaba a este día “dies solis”, traducido como ‘día del sol’).

Tras la exposición del párrafo anterior, os preguntamos que si cada religión, cultura o creencia tiene sus días sagrados, ¿cuál creéis que será el día natural sagrado en la cultura natural valenciana basada en la creencia más que milenaria del fuego y el agua en la huerta? La respuesta la tenéis todos los jueves a las 12:00h en la puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia…una respuesta más que milenaria, aunque, por desgracia, desvirtuada.

¿CÓMO FUNCIONA EL TRIBUNAL?

El Tribunal está formado por un representante de cada una de las Comunidades de Regantes que forman parte, ocho en total, denominados Síndicos, y de entre ellos uno es elegido presidente por un tiempo que normalmente es de un bienio, renovable.

Cada jueves de la semana (excepto los festivos que se anticipa al miércoles y aquellos que van desde Navidad a Reyes) se reúne en sesión publica a las 12 en punto del mediodía y posteriormente se celebra la sesión administrativa en la Casa Vestuario de la Plaza de la Virgen de Valencia para discutir diversos asuntos, principalmente la distribución del agua. A las 12 en punto del mediodía, mientras suenan las campanas del Miguelete y cuando el Tribunal se constituye formalmente en la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia, en la misma plaza, el alguacil, con el permiso del presidente, llama a los denunciados de cada una de las acequias, con la tradicional frase: “denunciats de la sèquia de…! ”. Poco tiempo antes, se sientan los síndicos en los sillones asignados a cada una de sus respectivas acequias, donde asiste el Alguacil del Tribunal, antaño guarda mayor o verdadero “atandador”, encargado de dar el agua y levantar las compuertas o paradas, portador como insignia de un impropio arpón de latón dorado, de dos púas, una de ellas encorvada, que era el instrumento con que separaban y recogían las tablas de las ranuras de los partidores.

Hasta dos veces más es citado el denunciado y, si no acude tampoco a la tercera citación, tras admitirse la denuncia, se le juzga en rebeldía pudiendo ser condenado. Nunca ha sido necesario acudir a la fuerza pública para hacerle comparecer. El juicio se desarrolla de forma rápida, oral e íntegramente en valenciano. El denunciante, que puede ser el guarda o cualquier afectado, expone el caso ante el Tribunal, y después el denunciado se defiende a sí mismo y responde a las preguntas que se le formulan. Es a continuación cuando el Tribunal, con la excepción del síndico de la acequia en cuestión, para garantizar la imparcialidad, decide la culpabilidad o no del denunciado, y en caso afirmativo, es el síndico de la acequia quien impone la pena a pagar por el infractor, de acuerdo con las Ordenanzas de la propia Comunidad de Regantes. Todavía hoy en día la pena se impone en “sueldos”, tal y como se hacía en época medieval, entendiéndose actualmente por “1 sueldo”, el sueldo diario del guarda de la acequia.

El Tribunal tiene una doble función: judicial y administrativa. Por costumbre, se utiliza el nombre de Tribunal de los Acequieros de la Vega de Valencia para referirse a estas dos funciones, conjuntamente, mientras que el nombre de Tribunal de las Aguas se reserva para las funciones judiciales propiamente dichas. En realidad son dos órganos distintos pero que actúan el mismo día, lugar y hora, e integrados por las mismas personas (el síndico es, a la vez, jurado y acequiero) o con una ligera variación: la Acequia de Robella tiene un Síndico-jurado y un Síndico-acequiero,y la Acequia de Chirivella no tiene Síndico-jurado. Cuando acaban de ser juzgados los casos denunciados en el marco de la Puerta de los Apóstoles, los síndicos pasan a la vecina Casa-Vestuario para tratar los asuntos comunes; en este caso son nueve los síndicos puesto que se incorpora el representante de Chirivella.

Las características del Tribunal se pueden definir según el Profesor V.Fairen en: oralidad, concentración, rapidez y economía. Y el Profesor V. Simó Santonja pone de relieve por encima de estas características la solidaridad que rige en la organización.

Son objeto de la jurisdicción del Tribunal de las Aguas: los mismos miembros del Tribunal, las Comunidades de Regantes, los atandadores, las personas jurídicas (por ejemplo las Cámaras Agrarias), los arrendatarios, los comuneros, los concesionarios de aguas, los regantes, los propios denunciantes y terceras personas. Pueden denunciar delante del Tribunal los síndicos, los elets que forman parte de la junta de cada Comunidad, el guarda (que viene a ser como un fiscal) y terceras personas.

¿CUÁLES SON LAS ACEQUIAS? 

A pesar de que las acequias de la Vega que componen el Tribunal de las Aguas no han sido siempre exactamente las mismas, en la actualidad son un total de 8 las que componen un sistema que, con el tiempo a cambios en los cultivos, estructura de las tierras, aparición de nuevas necesidades de las tierras de labor y otros condicionantes, toman sus aguas, a poca distancia más abajo de la presa de Aguas Potables de Valencia, del río Turia.  

Las acequias son:

  • Quart, margen derecha.
  • Benàger-Faitanar, margen derecha.
  • Tormos, margen izquierda.
  • Mislata (o Mislata-Chirivella), margen derecha.
  • Mestalla, margen izquierda.
  • Favara, margen derecha.
  • Rascanya, margen izquierda.
  • Rovella, margen derecha.

¿CUÁNDO SE REÚNE EL TRIBUNAL?

El Tribunal se reúne todos los jueves del año a las 12:00 horas (haya litigios o no), en la puerta de los apóstoles de la Catedral de Valencia, donde posteriormente se celebra una sesión administrativa en la Casa Vestuario de la Plaza de la Virgen de Valencia para discutir diversos asuntos, principalmente la distribución del agua. El comienzo del Tribunal lo dan las campanas del Miguelete. Si llueve se reúne en la Casa Vestuario, justo al lado. Las únicas excepciones son: los jueves festivos, motivo por el cual se reúnen el miércoles anterior a este; y 2 jueves al año, entre el 25 de diciembre y el 6 de enero.

 

 

Fuentes:

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