La clóchina valenciana es un molusco lamelibranquio marino, en una concha negra por fuera y nacarada por dentro, formada por dos valvas iguales (cada una de las piezas duras y movibles que constituyen la concha de los moluscos lamelibranquios y de otros invertebrados) que se cierran fuertemente por medio de dos músculos. Vive agarrándose a las rocas por unos filamentos y es comestible. Esa es la definición que podemos encontrar en diversos diccionarios. Quizás, como buenos valencianos y por resumir, nos falta una definición que todos sabemos de la clóchina de la tierra: que es “pura meleta o mel de romer”. 

La variedad de la clóchina valenciana es la Mytilus Galloprovincialis, que a diferencia del mejillón gallego (Mytilus Edulis) o de la que se cultiva en el Delta del Ebro, entre otras variedades (incluyéndose la que se cultiva en Francia o Italia) a pesar de ser tamaño inferior es mejor en olor, sabor y jugosidad según un estudio realizado por el Departamento de Tecnología de los Alimentos de la Universidad Politécnica de Valencia, tal y como nos indican en sabormediterraneo.com, además de diversas opiniones de expertos, donde la diferencian sobre todo por su tonalidad suave y sabor intenso (bueno, y por la opinión de la gran mayoría de valencianos).

Además de su mayor calidad, la clóchina valenciana tiene Denominación de Origen desde el año 2008 gracias al distintivo de “Clòtxina de València”, lo que la hace aún más especial si cabe. 

El cultivo moderno de la clóchina valenciana data de finales del siglo XIX (al parecer, según diversos artículos, desde el año 1890). Su origen se sitúa en dos bateas mejilloneras ubicadas en el mismo varadero del puerto de Valencia que recogían cerca de 35 toneladas, tal y como nos cuentan los amigos de Taberna El Balconcillo, aunque también hay quien afirma que la primera batea fue en las Atarazanas. La gran aceptación de la clóchina por las familias valencianas hizo que se multiplicasen las bateas hasta más de una veintena en la actualidad, además de viveros. Debido a las obras y crecimiento del Puerto de Valencia, el cultivo tuvo que trasladarse a la dársena exterior, teniendo la particularidad de que nuestro puerto, además del de Sagunto, son los únicos dos puertos a nivel mundial donde están permitidos unas prácticas parecidas.

Entre las cualidades a destacar, además de las mencionadas anteriormente por su calidad, la clóchina es pescada de modo tradicional con una técnica que ha pasado de generación en generación desde hace más de cien años, manteniendo el empleo de antiguas barcazas que ya no servían para navegar (estas eran el soporte de donde se colgaban los viveros). Es, además, un alimento saludable con pocas calorías, rico en vitaminas, minerales y proteínas y una fuente principal de omega-3, siendo pues un alimento excepcional en todos sus sentidos. 

Para este año, tal y como ha afirmado el presidente de la agrupación de clochineros de los puertos de Valencia y de Sagunto, don Juan Aurelio Aragonés, la producción se situará entorno a las 750/800 toneladas, donde se podrá degustar desde mediados de abril hasta agosto, pudiendo alargarse dependiendo de diversos factores, aunque por norma general son 4 meses al año. Al parecer, se espera que esta temporada sea una de las mejores en los últimos años si todo marcha según las previsiones. 

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