Como bien sabrá aquel que lea este artículo, la Ofrenda fallera es uno de los actos más significativos de la fiesta de las Fallas, siendo sin duda uno de los más esperados de nuestra fiesta ya convertida en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Si nos vamos a buscar la etimología de la palabra, encontramos que la palabra ofrenda –ofrena en valencià-, procede del latín medieval  “offerenda” –ofrenda-, y que esta, a su vez, procede del latín “offerendus” -“que ha ser ofrecido”-, gerundivo de “offerre”, que significa ofrecer.

Su significado, en este caso, no es otro que ofrecer, en señal de gratitud, un ramillete floral para la ocasión a la Mare de Déu dels Desamparats, de ahí el nombre que recibe la fiesta: Ofrenda de Flores a la Mare de Déu. Para la fallera, vestida de valenciana, su significado va más allá del agradecimiento, pues experimenta lo que en la cultura tradicional valenciana llaman la Llumenà, un fenómeno que emociona tanto a devotas como no creyentes.

La Llumenà es, en realidad, el milagro que viven las mujeres que hacen la Ofrenda y que muchas callan por miedo a que les tomen por locas (seguro que pueda que alguna que lea estas líneas se sorprenda por haberla vivido), reviviendo, durante unos instantes y segundos, lo más importante de su vida, como por ejemplo ver pasar toda su vida ante sus ojos al entrar en aquel lugar mágico como es la plaza de la Virgen. Milagro que, sin embargo, investigadores, como So. Andrés Castellano Martí y otras fuentes de investigación que creen lo mismo, atribuyen no a la imagen de la Virgen sino al lugar, tal y como ya os explicamos en nuestro artículo de historias y leyendas que te harán recorrer 10 lugares de la Comunidad Valenciana.

Cabe mencionar, sin embargo, que este acto de agradecimiento, a la que es patrona de Valencia desde 1667, tiene origen en la fiesta de las Fallas después de la Guerra Civil española, en los primeros años de posguerra. La gran mayoría de escritos tratan de relacionar la fiesta con un culto católico a esta advocación de la Virgen María a una fiesta precursora o, por ejemplo, relacionarla con una etapa de la historia de España: el Franquismo. Lejos de la realidad, aquello que surgió, según muchos, en el año 1941, no fue otra cosa que un mero acto espontaneo que se inicia un poco antes, una realidad bastante alejada de las diferentes atribuciones que se le suelen dar en numerosas ocasiones.

Aunque el franquismo intentó hegemonizarla, la Ofrenda tiene su origen en las ofrendas florales de las mujeres huertanas, siendo pues una fiesta nacida espontáneamente del pueblo desde el fin de la Guerra Civil española. 

De esta referencia como acto religioso, la de 1941, se toma para explicarla, comúnmente, referencias de prensa escrita de época o palabras del que fuera ex-director del periódico Las Provincias, también cronista oficial de Valencia Francisco Pérez Puche, entre otros, donde menciona que la Ofrenda tiene como precedente inmediato la “Fiesta de la Clavariesa”, organizada por primera vez en 1941, donde dice (1978: 39):

“El 19 de marzo de 1941, la Ciudad se viste de bullicio. Por la mañana va a celebrarse una fiesta religiosa, precursora remota de la Ofrenda de Flores a la Virgen. En la capilla de la Patrona tiene lugar la Fiesta de la Clavariesa, en la que las muchachas falleras, con “vestido de labradora y mantilla”, asisten a una misa solemne, hacen su ofrenda de ramos y reciben unos panes benditos que después, en caravana de landós, van a ofrecer a las autoridades: arzobispo, prior de la Virgen, capitán general, gobernador civil, alcalde y jefe del Movimiento”.

Palabras de Francisco Pérez Puche

Otra de las atribuciones que se suele dar es la que aportan desde la Falla San Vicente – Periodista Azzati Padilla, donde se atribuyen la autoría de la creación de la Ofrenda desde 1943:

“Doña Paquita Pérez, fue la primera fallera que acudió a la Basílica a llevarle un ramo de flores a la Geperudeta acompañada de su Comisión y de la banda de música de Massarojos en 1943”.

Palabras de la Falla San Vicente – Periodista Azzati Padilla

De esta misma referencia se hacen eco numerosas publicaciones, donde dicen que “fue el día de San José, 19 de marzo, del año 1943 cuando la fallera mayor de la Falla entonces llamada San Vicente-Falangista Esteve (hoy San Vicente-Periodista Azzati), Pepita Pérez, quiso entregarle a la Virgen el ramo de flores que su comisión le había regalado por su santo. El presidente, algunos miembros de la falla y la banda de música de Massarrojos le acompañaron, desfilando por la calle San Vicente para realizar la ofrenda”.

Lo cierto es que todas estas atribuciones no tienen en cuenta un pequeño detalle, puesto que además de ser un acto espontáneo desde 1939, un año antes de la “Fiesta de la Clavariesa”, en 1940, este acto nace de manera espontánea desde el mundo fallero a “iniciativa” propia de la Fallera Mayor de Valencia y las de cada Comisión, además de los que acompañaban a las señoritas falleras. Esto fue para ofrecer expresa petición de agradecimiento a la Patrona, aunque aquello no era nuevo durante aquellos días.

¿Por qué no era nuevo? Cabe entender que, durante aquellos días, después de la guerra que dividió al país y una vez abierta de nuevo la real capilla para evitar su saqueo mientras durase la contienda, eran normales, durante todo el año, las “ofrendas” y agradecimientos a la Virgen ofreciendo una flor, ramillete o ramo de flores, principalmente, ante la que había sido “mutilada” y restaurada, una vez acaba la guerra, en corto tiempo (apenas 1 mes). Es pues, desde 1939 y al acabar la guerra cuando vuelve la Virgen a la capilla (hoy Basílica), normal ver ofrendas de huertanas y todo tipo de mujeres que se acercan a agradecer a la Virgen cualquier cosa. 

Pero ese fervor, para los valencianos hacia su Patrona, tampoco era nuevo. Cabe recordar que en la festividad de la Virgen de los Desamparados, durante el mes de mayo, era ya muy común por entonces el altar de flor y ver como algunas personas querían hacer lo mismo regalando flores a la Patrona, en el interior de la capilla. También recordar que las mujeres huertanas, antiguamente, no encendían velas a la Mare o pagaban misas en señal de las peticiones, sino que ofrecían una flor al pie del altar, siendo esta costumbre bastante antigua en la cultura tradicional valenciana, aunque muchos eclesiásticos no permitieran este acto y prefiriesen que la huertana encendiese una vela o hiciese donativo. 

Es en los primeros meses de posguerra cuando acuden a la real capilla personas de todo tipo en procesión individual que, sin motivo alguno, se acercan para dar gracias por diferentes motivos: bien por el fin de la guerra; novias que llevan su ramo al casarse; madres que dan gracias tras un buen parto y que su hijo/a está bien; personas que simplemente agradecen las peticiones que se han cumplido y que habían realizado durante la Guerra Civil; hasta no devotas o, incluso, falleras. Esto último mencionado es el caso de lo ocurrido en 1940:

“El 19 de marzo, la entonces Fallera Mayor de Valencia, María Luisa Aranda, acompañada por las bellezas falleras y presidentes de las respectivas Comisiones -Fallera Mayor de cada comisión y su Presidente respectivo-, así como del teniente de alcalde, D. Juan Colominas, y el presidente de la Junta Central Fallera, Sr. Agramunt, visitaron la real capilla de la Virgen de los Desamparados para dar gracias y una pequeña “ofrenda” en el interior de la misma, todo esto al finalizar el cortejo con carrozas, una misa de campaña y un desfile por las calles de la ciudad, finalizando en el Ayuntamiento después de la visita a la Virgen -allí les esperaba la entrega de los estandartes a las comisiones y un desfile de bandas-“.

De todo ello se puede hacer eco uno en las pocas noticias que hay de la época, entre las que se encuentra la de esta mención, lo dispuesto en ABC el 19 de marzo de 1940, donde solo se nombra la visita a la real Capilla. 

Con estos precedentes nace la Ofrenda de manera oficial, finalmente, en 1945, por iniciativa del músico y crítico de arte Eduardo López-Chávarri, apoyada por el diario Las Provincias y la Junta Central Fallera, quien esta última institucionalizó esta manifestación creándose la “Ofrenda de flores”.

Respecto al acto de 1940, este no fue organizado ni religioso, sino algo espontáneo a iniciativa desde el mundo fallero, como estaba ocurriendo meses antes. El motivo de esta visita “obligada” tras la misa de campaña era, como muchos podrán deducir, un acto de gratitud a la que fuera testigo de la entrada de Aranda en Valencia en la plaza Emilio Castelar: la Virgen de los Desamparados, quien había estado escondida en el Ayuntamiento de Valencia durante la Guerra Civil. 

Aquello, además de la incipiente manifestación natural de los valencianos durante todo el año hacia la Virgen, así como de la oportunidad única de crear un nuevo acto para acercar la fiesta al catolicismo tras lo que comenzó en 1940 como una iniciativa personal de las falleras de aquel año, fue la excusa perfecta para crear, al año siguiente, lo que comúnmente se conoce como “Fiesta de las Clavariesa”, donde ya se “regula” lo que sería precursora de la Ofrenda. 

Poca información encontraréis al respecto, dado que instituciones, iglesia o interesados son los primeros en negar que o bien es un acto natural del pueblo valenciano o bien es producido por afines al régimen franquista.

Y es que resulta que los dos primeros años de posguerra, tras la creación de la nueva Junta Central Fallera en el primer ejercicio -1939/40 siendo dirigida por el ente político de la JONS-, las Falleras Mayores y sus respectivas Cortes de Honor son elegidas “a dedo” por la Alcaldía -la primera Fallera Infantil de la historia es de 1941: Teresa del Sacramento Agramunt Lillo-, cambiando esta tónica desde el ejercicio 1941/42, donde las Cortes tienen elección democrática pero no así las Falleras Mayores. De la misma manera, es el propio Ayuntamiento, quien por medio de la Junta Central Fallera, instauró la “fiesta oficial” de la “Festa de la Clavariessa”.

Respecto a la Fallera Mayor de los dos primeros años, dicho honor recae en María Luisa Aranda Sala, hija del general Antonio Aranda.

La Fallera Mayor de Valencia que inició de manera espontánea en 1940 lo que años después se convertiría en la Ofrenda de Flores a la Virgen ha sido la única Fallera Mayor de Valencia, en toda la historia, en dos ocasiones: María Luisa Aranda, en 1940 y 1941, hija del primer Capitán General de Valencia tras la posguerra, luego acusado de conspirar contra Franco.

Resulta que María Luisa Aranda vivía desde septiembre de 1939 en Valencia, ya que su padre, nombrado capitán general en junio de 1939, se afincó en Valencia durante los primeros años.

María Luisa Aranda Sala, Fallera Mayor de Valencia en 1940 y 1941. Fotografía JCF.

El motivo de vivir en Valencia no fue otro que la llegada de de las tropas del Bando Nacional en marzo de 1939, días antes antes de aquel parte emitido por el mismo Franco daba fin a la Guerra Civil española.

“En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. El Generalísimo Franco. Burgos 1º de Abril 1939”.

Por entonces, 2 días antes de aquel parte, el día 30 de marzo desfiló por las calles de Valencia el Cuerpo de Ejército de Galicia, dirigido por el Antonio Aranda Mata, padre de la protagonista que sería Fallera Mayor un año después, asistiendo también a los actos del 31, un desfile con un altar (sin Franco) que fue improvisado en la todavía plaza de Emilio Castelar, que sería bautizada posteriormente como plaza del Caudillo.

Recordamos que el llamado Desfile de la Victoria fue el 3 de mayo de 1939, tras la primera visita de Franco a Valencia al acabar la guerra (esto ocurre entre el 2 al 5 de mayo). En aquellos días el Jefe del Estado se hospedó en el palacio de los marqueses de Benicarló y desde el Ayuntamiento, observó el llamado Desfile de la Victoria. 

El “liberador de Valencia”, Antonio Aranda, fue premiado, entre otras cosas, capitán general ese mismo año y, posteriormente y como recompensa, se nombró, a dedo, a su hija Mª Luisa Aranda Fallera Mayor, de tan solo 14 años de edad, en representación de la falla de la Alameda. Cabe mencionar que, sin embargo, se nombró Fallera Mayor a Carmen Franco y Polo, hija de Francisco Franco, pero esta opción fue declinada desde El Pardo y fue finalmente la hija de Aranda la que tuvo la oportunidad de representar a Valencia durante 2 años seguidos, aunque nunca más, después de aquello, se vestiría de valenciana. Un traje que sin embargo guarda todavía, confeccionado por Amparo Bañuls entonces.

El abuelo materno de Mª Luisa era valenciano, así que la sangre valenciana le corría por las venas a aquella muchacha joven que recibió con entusiasmo su nombramiento por las palabras de su padre. Sin embargo, la propia Mª Luisa, en una entrevista hace unos años a la prensa, habla de que el primer año, en 1940, no tuvo banda ni ningún acto de exaltación, siendo unas fiestas bastante austeras. Hay que tener en cuenta que acababa de terminar la guerra, y tan solo se plantaron 35 fallas, donde incluso el propio Aranda promocionó las Fallas por toda la provincia con camiones del Ejército.

Por cierto, aquellas Fallas, las de 1940, para quienes no lo sepan, fueron llamadas “las Fallas de la Victoria”, por ser las primeras tras la guerra. Imagínese el lector la consiguiente manipulación en los actos falleros durante los años siguientes con el nuevo régimen. Todo para controlar la fiesta en todos los ámbitos, y, por consiguiente, también intentar convertirla “prácticamente católica”. No ocurría lo mismo con fiestas como el Carnaval o Nochevieja, donde lejos de poder convertirlas fueron prohibidas por el Gobierno, quedando solo en el Carnaval los disfraces infantiles y los bailes nocturnos en varias Sociedades y en algunas casas particulares, y prácticamente ninguna celebración en la última noche del año, siendo inclusos perseguidas y prohibidas en hoteles y restaurantes por orden del gobernador civil Francisco Javier Planas de Tovar, el encargado de prohibir las cenas en hoteles y restaurantes en el tránsito a 1941. Pero en Navidad sí hubo concurso de belenes, cabalgata de Reyes Magos y Feria.

Como muchos sabrán, tan solo hay que echar la vista atrás hasta los carteles falleros de años anteriores, de la República -donde era más común la expresión de una festividad laica-,­ y compararlos con los primeros años de posguerra, donde se le añadía claramente aquello de “Fiesta de San José”, intentando convertir, de una vez por todas, la festividad fallera en un acto religioso más en honor al santo patrón.

Cabe recordar, como ya hicimos en nuestro artículo sobre el origen de las Fallas, que el antiguo gremio de Carpinteros, a pesar de que en 1497 se le da autorización del cambio de patronazgo de San Lucas a San José o de que en siglos siguientes, incluso tras el precepto de San Juan de Ribera, el propio gremio sigue celebrando San Lucas como su patrón. Esto se puede ver en los archivos de gremios del Reino de Valencia, lugar donde se encuentran todos los documentos de los carpinteros en Valencia hasta la desaparición y abolición de los gremios por Decreto Gubernativo de 20 de enero de 1834. Allí pudimos comprobar las cuentas de todos los años se inician en una fecha y acaban en otra, siendo esta el 18 de octubre: San Lucas.

Volviendo de nuevo hasta aquellos días de marzo donde desfiló Aranda en 1939, cabe decir que se nos ha olvidado hablar de un hecho importante dentro de esta historia. Resulta que el 29 de marzo de 1939, un día antes del desfile de Aranda, se da a conocer que la imagen de la Patrona de Valencia estaba escondida en el Ayuntamiento de Valencia durante la Guerra Civil española desde el 21 de julio de 1936.

Y todo porque un martes 21 de julio de 1936, ante el incendio de la capilla de la Virgen de los Desamparados, el alcalde republicano, José Cano Coloma (Radical Socialista, primero, y de Izquierda Republicana, después), lanzó un llamamiento para que acudieran a apagar el incendio desde Radio Valencia (Unión Radio). Esa misma tarde, el propio alcalde se personó en la plaza de la Virgen y ordenó a los bomberos que apagasen las hogueras de la capilla de la Patrona.

Fue con la colaboración del teniente, de la Guardia Civil, Luis Sevilla Alonso (de quien poco se habla pero en realidad es el gran artífice de su salvación) y un grupo de guardias civiles, palabras de Andrés de Sales Ferri, quien publicó el libro “El incendio de la Capilla de la Virgen de los Desamparados, la Catedral Metropolitana y el Palacio Arzobispal de Valencia el 21 de julio de 1936”, donde ese mismo día trasladan las alhajas y la aureola de la Virgen hasta el Ayuntamiento y depositan, por la noche, la imagen en el interior del consistorio, por deseo expreso del alcalde.

La custodia de la Patrona fue encargada al depositario municipal, Francisco de Paula Catalán Moliner y al archivero municipal, el suecano Juan Boix Vila, quien a primera hora de la mañana del 22 de julio se hace cargo de ella, y junto con todos los empleados municipales del archivo se confabulan en negar que la Virgen de los Desamparados esté en el Ayuntamiento. Las palabras de todos ellos fueron decir que “a la Virgen se la habían llevado al cementerio y la habían quemado”, llegando incluso a cambiar la Virgen de lugar dentro del consistorio en varias ocasiones para seguir protegiéndola. La responsabilidad del archivero Boix Vila y de sus colaboradores en la salvaguarda de la imagen de la patrona de Valencia se mantiene hasta el 29 de marzo de 1939, fecha en que se da a conocer que la imagen estaba a salvo pero mutilada.

Tal y como se puede observar en la foto de aquellos días que encontramos en los Archivos Estatales del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, la virgen presentaba tres disparos en la cara, en dirección de abajo a arriba: uno en la frente, otro en la sién y otro sobre la boca, motivo por el cual la mejilla derecha desapareció (dos de ellos impactaron y el otro rozó). Estos disparos se produjeron durante el incendio del 21 de julio de 1936 a manos de los milicianos del Frente Popular (como recomendación, si queréis saber más sobre este tema al completo, recomendamos la lectura de “El rescate de la Virgen de los Desamparados en 1936”, obra de Manuel y Carlos Sevilla Corella, hijos del difunto Luis Sevilla Alonso).

La Virgen de los Desamparados tras el incendio. Fuente: Archivos Estatales del Ministerio de Educación.

Una vez comunicada que la Virgen estaba a salvo, aunque mutilada, fue restaurada (y muchos dicen que sustituida por completo) la mascarilla por el escultor José María Ponsoda y sacada, a hombros, el 31 de mayo de 1939 del Ayuntamiento de Valencia, tal y como se puede observar en diversas fotografías de época, siendo paseada por las calles para el júbilo y fervor de los valencianos, ofreciéndose una misa en la plaza del Consistorio oficiada por el entonces arzobispo de Valencia, Prudencio Melo. Sin embargo, la Virgen participó en los actos del desfile de Aranda y el del 31 de marzo, a pesar de estar mutilada, siendo expuesta ante el Ayuntamiento.

Cabe decir también que años más tarde, en 1947, Carmelo Vicent Suria junto con Vicente Balaguer Alhambra, nuevamente retocan el rostro (también en 1960) siendo pues el actual rostro, limpiado en años siguientes y restaurado por Hortensia Herrero hace pocos años (PINCHA AQUÍ PARA VER LA RESTAURACIÓN), destacando tan solo en los anteriores años la intervención de 1964 donde se cambió al Niño Jesús por el que lucía la Peregrina obra de Carmelo Vicent, siendo realizada la actuación por Octavio Vicent (hijo de Carmelo). 

Así pues, esclarecido tanto el origen precursor de la Ofrenda como lo ocurrido con la Geperudeta, en los años siguientes, las manifestaciones durante los días de Fallas seguían dándose, aunque con pocas referencias en prensa y publicaciones, hasta llegar a 1945. Ese año, el sábado 17 de marzo por la tarde, nace oficialmente la primera Ofrenda de Flores a la Virgen de los Desamparados, ya con dicho nombre pero, todavía, dentro del interior de la capilla. Aquella tarde las falleras salían desde el puente de Aragón en desfile hasta la capilla, donde tiempo antes se reunían en el puerto para asistir a la llegada de un “barco fallero”.

Diversas son las referencias en prensa de la época, como la encontrada en Las Provincias, donde se menciona además la creación del Bunyol d’Or. Sobre la Ofrenda se dice que:

“El innovador acto de la Ofrenda se realizó tras la recepción del buque fallero J.J. Sister, fletado por la Casa de Valencia en Barcelona, y que transportó a más de mil pasajeros. Una vez en el Puerto, los falleros fueron hasta la capilla de la Virgen de los Desamparados, para hacer una ofrenda floral a la Patrona de Valencia. Como recompensa a los años de dedicación al mundo fallero, este año se ha creado el Bunyol d’Or”.

Las Provincias, 1945.

Noticia de época sobre el nacimiento de la Ofrenda en 1945. DOMINGO 18 DE MARZO DE 1945 – LA VANGUARDIA ESPAÑOLA.

En cuanto a los protagonistas de esta historia fallera, nuestra impulsora, la señorita Mª Luisa Aranda, pocos años después marcharía a vivir a Madrid, donde en 1952 se casó en la Iglesia de san Jerónimo el Real de Madrid, conocida como de “Los Jerónimos”, con un marino de profesión, teniendo 5 hijas durante el matrimonio.

Boda de María Luisa Aranda Sala en 1952. ABC, domingo 3 de febrero de 1952

Y en cuanto al padre de Mª Luisa, Antonio Aranda, quien fuera leal al régimen, fue nombrado fallero mayor perpetuo en 1941 (distinción que no sabemos si todavía se mantiene o se le fue retirada). Para su desgracia, el Capitán General de la III Región de Levante dejó Valencia y el cargo el 7 de octubre de 1940, siendo sustituido por Enrique Cánovas Lacruz. Los años venideros no fueron buenos para este hombre puesto que fue puesto en situación, militar, de disponible forzoso en 1942 y arrestado en 1943, siendo acusado de conspirar contra Franco. Llego a estar dos años confinado en Mallorca, pasando finalmente a reserva en 1949. Una historia muy curiosa que acaba con la retirada como hijo adoptivo de la ciudad de Valencia por el actual consistorio.

Años después de 1945, la Ofrenda de 1946 supuso la 1ª vez en la que se iniciaba una convocatoria abierta a todas las comisiones y falleras, donde acudieron cerca de 150 y 3000 personas, hasta que ya en 1949 la Ofrenda tuvo que trasladarse al exterior de la Basílica donde allí se depositaban las flores en unos listones de madera por no caber todas las personas que participaban en el interior de la Basílica. 

Son muchas las anécdotas en la historia de la Ofrenda, como la participación de Carmen Polo de Franco en 1952, esposa de Francisco Franco, el mismo año donde se instala la megafonía; o la del año 1955, donde queda en el recuerdo la imagen de que algunos falleros utilizaron una vespa durante la Ofrenda.

Algunos falleros usaron una moto Vespa en la Ofrenda de 1955.

Algunos falleros usaron una moto Vespa en la Ofrenda de 1955.

También se recuerda la del 56, donde a petición de Las Provincias, por la gran helada que hubo ese año, se propuso que las flores fueran de papel. No llegó a ocurrir. Quien nos relata más anécdotas de la historia de la Ofrenda es un artículo de vlcnoticias.com, donde lo más destacado llega en 1987, cuando la Junta Central Fallera encargó a José Azpeitia la confección de una imagen de la Virgen y el Niño a las que se les pudiera colocar flores. Fue cuando el artista elaboró la cara y las manos de la Virgen y del Niño, para estar situada sobre un entramado de alrededor de 15 metros de altura a modo de bastidor. Es pues, desde ese momento, la realización de la Ofrenda tal y como la conocemos hasta hoy en día, siendo el cambio más significativo en los últimos años. 

Para los nostálgicos, todavía perdura en el recuerdo aquellos años de la que ha sido la única Fallera Mayor de Valencia en dos ocasiones. Hechos que quizás jamás vuelvan a repetirse. Sirva este escrito para recordar a parte de los verdaderos impulsores de una de nuestras fiestas más queridas durante las Fallas: la Ofrenda.

 

 

Foto de portada:

  • Fotografía Luis PF (FLICKR) – (CC BY-NC 2.0)

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