23 de febrero de 1981. Aquella tarde, al caer la noche, la llamada División Maestrazgo realizó un despliegue en la ciudad de Valencia cumpliendo las órdenes del entonces capitán general de la III Región Militar, Jaime Milans del Bosch y Ussía, quien a través de un comunicado de radio que pudo escuchar la población, seguramente con terror e incertidumbre en el cuerpo, ordenó tal operación “como medida de seguridad y precaución”.

Sin embargo, lo que ocurrió a esa hora de la tarde, era el fin de una maquinaria que se había puesto en marcha desde primeras horas del día con la llamada “Operación Alerta Roja”, dirigida por el propio Jaime Milans con el objetivo de mantener la seguridad en los cuarteles, donde se dice que esta operación llevaba ya días en marcha. 

En ese momento del 23 de febrero cuando ocurrieron los hechos de Valencia, justo un poco antes y en torno a las seis y media de la tarde, en Madrid y en el interior del Congreso de los Diputados, dos compañías de la Guardia Civil al frente de Antonio Tejero Molina tomaban el Congreso al grito de ¡Quieto todo el mundo!. Después de aquello se esperó a que una autoridad militar siguiera dando órdenes (aquello, sin duda alguna, sería el comunicado que se produciría poco después en Valencia y la confirmación de éste con llamada entre Tejero y un alto mando, un general). 

Después de esto, la maquinaria de los acuartelamientos de Bétera y Paterna había comenzado en Valencia con el despliegue de la llamada “Operación Turia”. Los tanques y blindados entraron por la pista de Ademuz, en lo que sería hoy la avenida de las Cortes Valencianas, aunque también lo hicieron por la Avenida del Cid y otros puntos.

El despliegue por toda la ciudad se estableció en distintos lugares, abarcando así un perímetro mayor con distintas unidades repartidas por la capital. Uno de estos despliegues fue el realizado en la Gran Vía Fernando el Católico, Germanías y Gran Vía Marqués del Turia, además de las paralelas; el otro ocupó Pérez Galdós, Giorgeta y Peris y Valero. Las rondas por estos puntos fueron diversas.

Sin embargo, otros puntos de la ciudad también sufrían controles y despliegue de carros blindados, cortando accesos en distintos puentes de la ciudad o con presencia militar en algunos de ellos.

Fotografía de José Penalba del 23F en Valencia

No quedaron a salvo gobernaciones, Ayuntamiento ni Diputación, así como lugares como la estación de autobuses, quienes en sus alrededores sufrían un despliegue de fuerza militar, en especial, y a destacar, el de la entonces plaza del País Valenciano (hoy del Ayuntamiento), donde nos comentan que se llegó a montar un Hospital Militar. 

Vídeo de 9 minutos de aquella noche: 

Ni tan siquiera el aeropuerto quedo a salvó de aquel despliegue de fuerza, así como tampoco la base aérea de Manises, que estuvo a punto de llenarse de tanques para poder disponer de los cazas para la Operación Turia. Esto último jamás ocurrió, ya que los tanques tomaron otra dirección ante la amenaza del coronel jefe del Ala 11 de Combate de Manises, de quien se dice que, incluso, tenía listo uno de los aviones, con el motor encendido, por si tenía que actuar en cualquier momento contra los blindados. El miedo pudo con Milans del Bosch.

Mientras, en la radio, cada media hora, la gente de Valencia escuchaba, con incertidumbre sobre lo que ocurriría, el mensaje de Milans del Bosch una y otra vez repetido. Muchos permanecían en sus casas. La gente cerraba las persianas. Solo los curiosos eran capaces de asomarse. Las tiendas cerraron y la gente se marchaba a sus casas como podía. Muchos comentan que fue más el susto y que la gente, a pesar de quedarse en sus casas, pudo volver a ellas sin que el ejercito actuara o se lo impidiera. A otros les pilló trabajando o haciendo su vida normal, y muchos tuvieron que refugiarse donde pudieron ante el toque de queda. Aquella noche fue bautizada como “la silenciosa”.

Tanques en las calles de Valencia el 23 de febrero de 1981

Todo llegaba a su fin a la 01:14 de la madrugada del día 24 de febrero, momento el que se emitió a través de la primera cadena de televisión un mensaje del rey Juan Carlos I, vestido con uniforme de Capitán General de los Ejércitos. El mensaje había sido grabado una hora antes en el despacho del rey en la Zarzuela. El rey se dirigió a la nación para situarse contra los golpistas, defender la Constitución española, llamar al orden a las Fuerzas Armadas en su calidad de Comandante en Jefe y desautorizar a Milans del Bosch. A partir de ese momento el golpe se da por fracasado. El mensaje fue: 

Al dirigirme a todos los españoles, con brevedad y concisión, en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo, pido a todos la mayor serenidad y confianza y les hago saber que he cursado a los Capitanes Generales de las Regiones Militares, Zonas Marítimas y Regiones Aéreas la orden siguiente:

«Ante la situación creada por los sucesos desarrollados en el Palacio del Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las Autoridades Civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente.»

«Cualquier medida de carácter militar que en su caso hubiera de tomarse deberá contar con la aprobación de la Junta de Jefes de Estado Mayor.»

«La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum.»

Discurso del rey Juan Carlos I.

Fue un poco antes, hacia la una de la madrugada, cuando el teniente general Milans del Bosch recibió la llamada del Rey ordenándole retirar las tropas. Poco después, Milans dio la orden de regresar a sus unidades a los contingentes militares que ocupaban Valencia, a pesar de que hasta altas horas de la madrugada no se desactivó la llamada “Operación Turia”.

EXCMO. SR. D. JAIME MILANS DEL BOSCH Y USSÍA, TENIENTE GENERAL DEL EJÉRCITO Y CAPITÁN GENERAL DE LA 3ª REGIÓN MILITAR – HAGO SABER:

Que recibidas instrucciones dictadas por S.M. El Rey y garantizando el orden y seguridad ciudadana en el ámbito de esta Región de mi mando, DISPONGO:

Quede sin efecto lo dispuesto en el manifiesto publicado con fecha de ayer, día 23 de Febrero del presente año, desde el momento de la difusión de este comunicado.

Quiero agradecer a todas las Autoridades, Entidades, Corporaciones, particulares y medios de comunicación social, la colaboración prestada y la comprensión de los motivos que produjeron la decisión transmitida en mi anterior comunicado.

Igualmente, ante la imposibilidad de hacerlo personal o individualmente, quiero agradecer en nombre propio y en el de esta Capitanía General cuantas adhesiones y ofrecimientos he recibido.

Al propio tiempo informo que las unidades militares seguirán adoptando el despliegue y medidas de seguridad pertinentes que les permita una pronta y eficaz actuación si fuera necesario, para garantía de la paz, orden y seguridad ciudadana.

En todo momento, la intención de este Mando ha sido y es el Servicio de España, el respeto a la Ley bajo el mando supremo de S.M. El Rey (Q.D.G.) cuya adhesión inquebrantable queda patente hoy más que nunca.

¡VIVA EL REY! ¡VIVA SIEMPRE ESPAÑA!

Valencia, 24 de Febrero de 1981

EL TENIENTE GENERAL

JAIME MILANS DEL BOSCH

A las 5:45 la Capitanía General de la III Región Militar hizo un comunicado en el que anulaban las medidas de estado de excepción.

En Madrid, sin embargo, Tejero resistió hasta el mediodía del día 24. Hacia las 10:00 horas se permitió la salida de las diputadas del Congreso de los Diputados. A las 10:30, Tejero negoció con Armada las condiciones de su rendición. Las condiciones incluían la salida de Tejero sin la presencia de periodistas y que los guardias de rango hasta teniente no serían juzgados. La Zarzuela dio su conformidad al acuerdo. Este pacto se conoce como el pacto del capó, ya que se firmó sobre el capó de un Land Rover.

A mediodía se incorporaron al Hemiciclo los diputados que la noche anterior habían sido obligados a abandonarlo. Seguidamente, se procedió a desalojar el Congreso de los Diputados y a las 12:15 todo había terminado. 

Uno de los periódicos de aquel día, el del 24 de febrero, un día después, relataba así los hechos: 


ABC, 24 de febrero de 1981

Valencia estuvo seis horas bajo el estado de excepción – por orden de Milans del Bosch

Nada más transmitirse el mensaje de Su Majestad el Rey, el capitán general de la III Región Militar, Milans del Bosch, ordenó a las tropas que hasta ese momento ocupaban las calles que se retirasen a sus cuarteles. Sólo en Valencia capital Fuerzas del Ejército habían ocupado los puntos neurálgicos de la ciudad una vez decretado el estado de excepción, mientras en las restantes poblaciones y ciudades de la Región la calma había sido absoluta.

Pasadas las siete de la tarde, el propio teniente general Milans del Bosch había leído, a través de las emisoras de radio de la región, un comunicado que fue repetido por estas emisoras cada media hora hasta las 00:30 de la noche y cuyo texto era el siguiente:

Excelentísimo señor don Jaime Milans del Bosch y Usía, teniente general del Ejercito y capitán general de la 3ª Región Militar, hago saber:

Ante los acontecimientos que se están desarrollando en estos momentos en la Capital de España y el consiguiente vacío de poder, es mi deber garantizar el orden en la Región de mi Mando hasta tanto se reciban las correspondientes instrucciones que dicte S.M. el Rey.

En consecuencia, dispongo: 

  • Artículo 1.º- Todo personal afecto a los Servicios Públicos de Interés Civil queda militarizado, con los deberes y atribuciones que marca la Ley.
  • Artículo 2.º- Se prohíbe el contacto con las Unidades Armadas por parte de la población civil. Dichas Unidades repelerán sin intimidación ni previo aviso todas las agresiones que puedan sufrir con la máxima energía. Igualmente repelerán agresiones contra edificios, establecimientos, vías de comunicación y transporte, Servicios de agua, luz y electricidad, así como dependencias y almacenes de primera necesidad.
  • Artículo 3.º- Quedarán sometidos a la Jurisdicción Militar y tramitados por procedimientos sumarísimos todos los hechos comprendidos en el Artículo anterior, así como los delitos de rebelión, sedición y de atentado o resistencia a los Agentes de la Autoridad. Los de desacato, injuria, amenaza o menosprecio a todo el personal militar o militarizado que lleve distintivo de tal, cualquiera que lo realice, propague, incite o induzca. Igualmente los de tenencia ¡lícita de armas o cualquier otro objeto de agresión.
  • Artículo 4.º- Quedan prohibidos los lock-outs o huelgas. Se considerará como sedición el abandono del trabajo siendo principales responsables los dirigentes de sindicatos y asociaciones laborales.
  • Artículo 5.º- Quedan prohibidas todas las actividades públicas y privadas de todos los partidos políticos, prohibiéndose igualmente las reuniones superiores a cuatro personas, así como la utilización por los mismos de cualquier medio de comunicación social.
  • Artículo 6.º- Se establece el Toque de Queda desde las veintiuna a las siete horas, pudiendo circular únicamente dos personas como máximo durante el citado plazo de tiempo por la vía pública y pernoctando todos los grupos familiares en sus respectivos domicilios.
  • Artículo 7.º- Sólo podrán circular los vehículos y transportes públicos, así como los particulares debidamente autorizados. Permanecerán abiertas únicamente las Estaciones de Servicio y Suministro de Carburantes que diariamente se señalen.
  • Artículo 8.º- Quedan suspendidas la totalidad de las actividades públicas y privadas de todos los partidos políticos.
  • Artículo 9.º- Todos los Cuerpos de Seguridad del Estado se mantendrán bajo mi Autoridad.
  • Artículo 10.º- Igualmente asumo el poder judicial y administrativo, tanto del Ente Autonómico como de los Provinciales y Municipales.
  • Artículo 11.º- Estas Normas estarán en vigor el tiempo estrictamente necesario para recibir instrucciones de S.M. el Rey o de la Superioridad.

Este Bando surtirá efectos desde el momento de su publicación. Por último se espera la colaboración activa de todas las personas patriotas amantes del orden y de la paz, respecto a las instrucciones anteriormente expuestas.

Por todo ello termino con un fuerte: ¡VIVA EL REY! ¡VIVA POR SIEMPRE ESPAÑA!

Valencia, 23 de febrero de 1981. El teniente general Jaime Milans del Bosch. 

LAS TROPAS, EN LA CALLE

Las tropas salieron a la calle a primeras horas de la noche, ocupando los puntos céntricos de Valencia, con el auxilio de vehículos blindados y carros de combate.

En la plaza del País Valenciano, frente al Ayuntamiento y al Palacio de Correos, se produjo una notable aglomeración de efectivos, que incluía hasta baterías antiaéreas.

Soldados con metralletas se situaron en diversas esquinas e incluso alrededor de los medios de comunicación. Fuentes militares indicaron que la presencia de las fuerzas “estaba destinada al mantenimiento del orden y la paz ciudadana, a la vista de los incidentes en Madrid”.

Pese al toque de queda, según informaciones de nuestro corresponsal en Valencia, las patrullas militares no creaban dificultades a los transeúntes y el mismo corresponsal pudo desplazarse sin recibir el alto ni serle pedida la documentación. Taxis y autobuses circulaban y el servicio de recogida de basuras se efectuó con normalidad, a pesar de la huelga que había convocada en este sector y que fue desconvocada por la tarde. Dentro de la lógica tensión, la calma era absoluta en toda la ciudad.

También el aeropuerto de la ciudad quedó cerrado, a la espera del desarrollo de los acontecimientos, ya que las compañías aéreas decidieron suspender sus vuelos.

 

Después de interrumpir la sesión del Congreso: El teniente coronel Tejero habló por teléfono con Valencia

Inmediatamente después de producirse la interrupción de la sesión del plenario del Congreso, el jefe de la Fuerza de la Guardia Civil que protagonizó los hechos, teniente coronel Antonio Tejero Molina, mantuvo una conversación telefónica con Valencia.

Según ha informado a EFE un testigo presencial de los hechos, tumbado en el suelo de la centralita telefónica del Congreso, el teniente coronel Tejero, después de pedir la comunicación, dijo a su interlocutor de Valencia: “Mi general, sin novedad. Todo en orden. Sin novedad”.

Inmediatamente después colgó el teléfono y gritó: “¡Arriba España, por fin!”, y ordenó el corte de las comunicaciones telefónicas y telegráficas del Palacio del Congreso.  

ABC, 24 de febrero de 1981, pág. 9 – NACIONAL


¿Qué ocurrió realmente?

Algunos afirman que aquel golpe fue preparado por el CESID bajo la denominación de “Operación De Gaulle”, desde la llamada sección de operaciones especiales, la AOME, al mando del comandante José Luis Cortina, y que el objetivo era colocar a un general de prestigio y ultramonárquico al frente de un gobierno de coalición para intentar detener el estado caótico en el que estaba sumida la sociedad española de entonces: terrorismo, crisis económica y política una UCD despeñada. Todo ello para hacerlo antes de que los generales de corte franquista (los González del Yerro o Campano) dieran un golpe duro para atrasar el reloj a la época de Arias. ¿La verdad? Pues que nunca se sabrá y que aún, todavía hoy, hay decenas de teorías, algunas descabelladas, sobre lo que aconteció aquel día.

Teorías como la del llamado “Elefante Blanco”, un líder escondido para tomar las riendas, tras el golpe del 23 F, del gobierno y el país. A este personaje se le atribuyen decenas de teorías, siendo la más conocida, sin duda la de Juan Carlos de Borbón, comandante en jefe del ejercito y Rey de España desde 1975, donde quienes apoyan esta teoría alegan que “don Juan Carlos estaba al tanto en todo momento como comandante en jefe”; otros, en cambio, versionan que fue Alfonso Armada Comyn, ex preceptor y amigo personal del Rey y gancho de arrastre para que el resto del ejército apoyase, lo que muchos llaman, el golpe de timón del ultramonárquico Jaime Milans del Bosch, aquel que leyó el mismo un mensaje que se escuchó en las emisoras de radio de Valencia. Aunque de Alfonso, decía él mismo en repetidas ocasiones antes de morir, que fue nada más que un títere y que nunca fue el protagonista de la historia; otras atribuciones recaen, aún, en personajes como Fernando de Santiago y Díaz de Mendívil o el propio Jaime Milans del Bosch.

Pero esta teoría, sobre el “elefante blanco”, al igual que la verdad de lo que ocurrió, son puras especulaciones, ya que hoy todavía seguimos sin saber qué ocurrió en realidad y quién fue realmente aquel “elefante blanco” (y probablemente no lo sepamos nunca, aunque muchos afirmen saber quién fue realmente).

 

 

Fuentes:

  • ABC, 24 de febrero de 1981. 
  • 23-F

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