• La llamada cueva de la Venerable Inés es un lugar tanto de peregrinaje como de senderistas, una zona cargada de leyendas y rodeada de valles y montañas en plena Sierra Calderona, en la cercanía de un pequeño acueducto y la cartuja de Porta Coeli.

Lugar de peregrinación, y también de senderistas, es la cueva de la Venerable Inés (Moncada-1388, Moncada-1428), que debe su nombre a una ermitaña que vivió en lo alto de una montaña detrás de la Cartuja de Porta Coeli. Una cueva que, tras casi 6 siglos, sigue siguiendo una tradición llegar hasta ella en honor de la anacoreta, algo que viene rememorándose desde el siglo XIV.

Pero también es, este lugar, una zona cargada de leyendas, una Cartuja y un pequeño acueducto, terrenos en vías de reforestación y caminos para los amantes del senderismo, además de uno de los lugares con más fusilamientos tras la Guerra Civil española. Así podríamos hablar de uno de los lugares de peregrinación más visitados tanto por senderistas como por devotos, quienes estos últimos, una vez al año, encabezados por catequistas, educadores, monitores de Juniors y feligreses de la parroquia de San Jaime Apóstol de Moncada, realizan una misa y posterior recorrido desde la iglesia de San Miguel en honor a la anacoreta. Su salida desde Moncada consiste en recorrer el camino hasta llegar a la Cartuja de Porta Coeli, donde allí desarrollan algunas actividades y, posteriomente, suben hasta la cueva de “la Venerable Inés de Moncada”  a lo largo de un itinerario que se encuentra señalizado.

Como sabréis, la cartuja fue fundada por el dominico fray Andrés de Albalat, obispo de Valencia por entonces, un 5 de septiembre de 1272, siendo colocada la primera piedra en 1274. Se considera a Porta Coeli a la primera cartuja construida en el Reino de Valencia y la tercera de la Corona de Aragón. La historia de su ubicación tiene diversas teorías, aunque, quizás, una de ellas sea prácticamente desconocida. Como sabréis, somos fieles seguidores de los ritos y tradiciones valencianos del fuego y del agua, donde según se cuenta, este lugar era mágico en tiempos edetanos debido a un pozo de agua divino que allí se encontraba, de ahí el motivo de la posterior ubicación y construcción católica.

En cuanto a la cueva, tal y como nos cuentan nuestros amigos de caminsdemuntanya.wordpress.com,  quienes nos dan con todo lujo de detalles para llegar hasta ella, está situada en la montaña que hay justo detrás del monasterio, en el llamado monte de la Cantera o Rodeno de Santa Agnes (492 m), en plena Sierra Calderona (también podéis encontrar referencias en cuevassolas.blogspot.com.es).

Para quienes decidan subir hasta lo alto de la cueva, podrán divisar unas bonitas vistas de la vall de Lullén, también conocida como de Porta Coeli, un pequeño valle situado entre los contrafuertes de la Sierra Calderona, en el municipio de Serra. Este valle, hasta finales del siglo XX, estuvo dominado por almendros, algarrobos y olivos, aunque en la actualidad se divisan, principalmente, naranjos, quedando restos de aquellos días del cultivo de secano.

Quizás lo que más llame la atención al lector, o al caminante que se aventure a recorrer las sendas y alrededores de este lugar, sean sus leyendas, como la de amantes de Porta Coeli, una historia de amor y tragedia entre una joven, Ormesinda, y el hijo único de una poderosa familia local, Ricardo, quien por orden del padre de este último, es obligado a abandonar a su amada decidiendo vestir los hábitos de cartujo, abandonando así también sus deberes familiares. La historia, como podéis imaginar, acaba en tragedia, y recomendamos leer el artículo de La leyenda de los amantes de Porta Coeli para conocer todos los detalles.

Pero esta no es la única leyenda del lugar, pues sepa el lector que este lugar es conocido, y visitado principalmente, por la leyenda de Inés de Moncada. Según cuenta la tradición, de niña, Inés, con tan sólo 5 años y durante la celebración de una misa, vio representada la cara de un niño, al que llamó repetidamente Jesús, en la forma consagrada que estaba utilizando el sacerdote, monssén Jaume Carrós. Aquel milagro y su leyenda, nos la cuenta muy bien Fernanda Zabala en su libro Leyendas y Tradiciones de Valencia I, donde también nos habla de la intentona de Inés de engañar a los cartujos para  entrar en Porta Coeli, tras escaparse para huir del matrimonio, haciéndose pasar por hombre, siendo, el engaño, rápidamente descubierto.

A pesar de ello, Inés Pedrós Alpicat fue, a partir de ese momento y durante cuatro años, Benjamín de la Cartuja, el piadoso pastoret que, además de ocuparse del rebaño, oraba a escondidas. Como finalmente no le dejaron ingresar en la orden cartuja, Inés pidió al padre su bendición para abandonar el lugar y dejar de servir, para poder así convertirse en ermitaña y calzar hábito cartujo retirándose a una gruta que descubrió en lo alto del monte. La historia, que no tiene tampoco un final feliz, tras casi 20 años de ermitaña, la podéis encontrar al completo pinchando en La leyenda de Inés de Moncada.

cueva de la Venerable Inés. Fotografía AVAN

cueva de la Venerable Inés. Fotografía AVAN

cueva de la Venerable Inés. Fotografía AVAN

Existe también otra historia alternativa sobre esta leyenda, donde se dice que Inés jamás estuvo al servicio de los cartujos y que fue expulsada a las montañas tras ser descubierta.

Tampoco debemos olvidarnos que este lugar, por desgracia, esconde uno de los sucesos más trágicos de la posguerra, pues en 1939, después de la Guerra Civil Española, los terrenos de la cartuja albergaron un campo de concentración con hasta 4.400 presos republicanos. El recinto del antiguo campo de concentración es hoy ocupado por el Hospital Doctor Moliner, donde se calcula que 2.238 personas fueron fusiladas allí en 1939. En realidad muchos de los fallecidos en el campo de Portaceli por tuberculosis fueron fusilados, según consta en el registro civil de Serra. Según los testimonios orales recogidos por la profesora Ballester Artigues (1991), entre antiguos detenidos en el campo de concentración provenientes de la comarca de la Marina Alta (Alicante), el trato recibido allí por los “prisoneros de guerra” era inhumano. Un ejemplo de ello es que la comida que los familiares con mucho esfuerzo les enviaban la mayor parte de las veces era quemada. El proceso se llevaba a cabo a través de una ceremonia o ritual cruel que consistía en sacar a los prisioneros al patio, hacerlos cantar el Cara al sol con el brazo en alto mientras presenciaban como todo lo que habían recibido de sus familias era rociado con gasolina y se le prendía fuego entre las burlas de los militares carceleros.

Sirva este artículo, así pues, para convenceros de que uno de los lugares con más magia de la provincia de Valencia lo tenéis aquí cerca, a poco más de 30 minutos de Valencia capital. Por cierto, quienes quieran visitar la cartuja, lo pueden hacer a través de los amigos de Calderona Viva.

 

Fuentes:

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