En los próximos días, a lo largo y ancho de nuestra Comunidad Valenciana, serán numerosas poblaciones las que celebren fiestas, incluso patronales, en honor a San Antonio Abad, siendo conocido el santo por ser patrón de los animales.

Además de las típicas bendiciones en diversos municipios a nuestras queridas mascotas y toda clase de animales, en estos días existe una curiosa tradición que rinde dedicación y devoción al santo, además de ser digna de mención por su espectacularidad única y festiva. Hablamos de las hogueras (o foguera, en valenciano), las cuales se realizan en numerosas poblaciones como por ejemplo Canals, entre cientos de poblaciones, que es la más conocida por ser una de las más altas del mundo, pero no la única por estas fechas en honor al santo.

Como sabéis, es típico cambiar páginas de la historia y atribuir todas las fiestas a santos y convertirlas a cristiano, como ocurre con las Fallas, que, por desgracia, muchos siguen creyendo en el origen josefino de la fiesta (PARA NADA, PINCHA AQUÍ PARA CONOCER EL ORIGEN DE LAS FALLAS).

En el caso de Canals, la población ha seguido un ejemplo más de confusión y alteración de la historia, donde desde las principales webs del municipio aseguran que el origen de esta fiesta se debe en honor a San Antonio Abad en la propia población y que se remonta a 1748. Aquel año un terremoto provocó grandes destrozos de consideración en todas las poblaciones cercanas. El castillo de Montesa se derrumbó, y la iglesia y algunas casas de Ontinyent cayeron derruidas, al igual que en Enguera o en Aielo de Malferit.

Como en Canals no se produjo ningún seísmo ni se lamentó desgracia alguna, los canalenses, admirados por el extraordinario fenómeno de que alguien les había protegido del peligro, atribuyeron el milagro a San Antonio Abad, convirtiéndolo a partir de ese momento en su venerado patrón y, desde entonces, rindiendo homenaje con fuego y con una tradicional hoguera que con los años ha tomado el estado actual.

Desde ese momento la devoción por el santo irá en aumento y la vida en Canals empieza a girar en torno a la figura del patrón y de sus fiestas, una tradición que se ha convertido en parte de la identidad de los canalenses en nuestros días. ¿Realidad? Bueno, en parte, porque el origen de la “foguera” está totalmente desvirtuado y, como se suele decir en valenciano, es completamente “borreguera”, sin desmerecer la actual fiesta.

Fuente: portaldexativa.es

Fuente: portaldexativa.es

Después de todo esto, y antes de intentar explicar el origen, permitidnos que os lancemos una serie de preguntas ¿Cuando asistís a una cremà de una falla, realmente sabéis porque lo hacéis? ¿Cuál es su motivo y simbología? ¿Creéis de verdad que una fiesta “religiosa” puede ser tal cuando el fuego ha sido un elemento de herejía a lo largo de los siglos en la iglesia?

Vayamos por partes, pero directos, para desmontar el mito de San Antonio Abad: el origen de las hogueras que se producen estos días, incluyendo la de Canals, es pagano y un ritual que se pierde en los tiempos, siendo en origen un rito iniciado con el árbol ciprés, el cual, por su forma, tiene las mismas líneas que la foguera de Canals y otras tantas que se realizan estos días.

Para explicar la relación con el ciprés lo hacemos porque para los antiguos, desde romanos hasta musulmanes en nuestras tierras y por doquier, este es un árbol sagrado, el más sagrado de todos por excelencia. Incluso para los católicos, antaño, era un árbol sagrado (y lo sigue siendo, ya que muchos templos tienen en su interior puertas, mobiliario y vigas de este árbol).

Se cree que la madera del arca de Noé era de ciprés, y decimos se cree porque es una interpretación, ya que en Génesis 6.14 se dice: “Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca y la calafatearás con brea por dentro y por fuera”, donde tradujeron “gofer”, palabra hebrea, como ciprés, aunque se cree que pueda ser un árbol desconocido. Otra traducción bíblica nos dice: “construye un arca de madera resinosa, y haz cámaras en ella; y cubre con brea todas las rendijas del arca, por dentro y por fuera, para que no le entre agua.

De lo que sí podemos estar seguros es que templos de casi todas las religiones conocidas, y desde antes de nuestros tiempos, han utilizado la madera de ciprés para vigas y mobiliario. Una madera que, como os hemos mencionado, se cree que fue el elemento principal del arca de Noé o que formó parte del templo de Salomón. Árbol que en antiguo fue adorado en el reino de Saba, donde en Grecia, se convirtió en el árbol de la muerte, consagrado a Saturno y más tarde a Plutón, y donde puertas de templos griegos, y romanos en honor a Diana, se hacían de ciprés, al igual que también muchas del interior de la basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano.

Y es que, a pesar de poseer unas características muy comunes, como ser una madera ligera, pero fuerte, duradera y resistente a la humedad, es su simbología la que la ha convertido y conformado para ser uno de los árboles más presentes en diferentes religiones del mundo. Por cierto, como curiosidad, es uno de los árboles más presentes en los cementerios, ¿casualidad? Para nada. Hay una tradición muy conocida en nuestro territorio, que bien sabrán nuestros mayores, que tener una higuera en la casa y un ciprés en el cementerio, bendice las tierras de aquellos que allí viven y la pisan, aunque antaño el ciprés era más común cercano a las casas y no en su posición cristiana como se ha querido hacer ver.

Miguel Herrero Uceda, en su libro “el alma de los árboles”, dice:

“. . .La extraordinaria longevidad que tienen los cipreses, su apariencia estilizada y espiritual, su follaje siempre verde, junto con la incorruptibilidad de su madera han propiciado que, en numerosos pueblos, este árbol sea un símbolo de inmortalidad. Al mismo tiempo el ciprés representa la imagen de duelo, por asociarse esta idea de inmortalidad con la de la resurrección de los muertos.

 

Cada árbol mantiene su espíritu que lo transmite a los espacios creados por el hombre. El limonero es el corazón del patio andaluz. Los almendros dan la nota de alegría a los sobrios cigarrales toledanos austeros. La higuera da vida al huerto, al igual que los granados aportan su colorido a los cármenes granadinos. Así, el ciprés, con su solitaria figura que busca el cielo, aporta la idea de recogimiento, de un pensamiento que se dirige, más que a la vida terrena, hacia la inmortalidad. . .”.

Dicho todo esto, un repaso a la historia para intentar daros una visión de la magnitud e importancia que cobra el ciprés como árbol sagrado por excelencia, vamos a explicaros el motivo de la actual fiesta de San Antonio Abad y, de paso, algunas otras.

Como bien sabréis, tenemos cierta predilección por algunos escritores y eruditos estudiosos de nuestra historia, siendo uno de ellos SO. Andrés Castellano Martí. Él fue quien tras conversaciones y horas de charlas, leer alguno de sus libros y tras nuestras propias investigaciones, nos descubrió un origen de las Fallas del que pocos quieren hablar pero que muchos conocen y no dicen por miedo. De la misma forma, podemos descubrir que la antigua Vía Augusta, la calzada romana más larga de Hispania que bordeaba el Mediterráneo, estaba llena de cipreses en su camino, árbol sagrado para los romanos.

De la misma manera, la quema de árboles en el campo y en la huerta, se traduce como bendición máxima, siendo esta independiente de la religión, incluso la católica. Es la sacralidad de la unión del fuego y el ciprés, la que conforma una bendición máxima. Para los llamados naturales valencianos, desde los tiempos de la creación de Valentia, el quemar ciprés, ramas, madera o resina, es bendición, si bien hacer arder el ciprés es bendición máxima (ojo, no el ciprés entero, sino ramas y sus partes para bendecir). Así pues, era por costumbre plantar “fogueras” en forma de ciprés (que contenían ramas y otras partes de un ciprés), en casas y caminos, aunque sobre todo delante de las casas 1 vez al año (vestían aquella “foguera” de ramas y otros elementos naturales para pegarles fuego).

Estos ritos naturales avanzan con el tiempo, así como las religiones, quienes van degradando estas creencias naturales y paganas, más propias de creencias en entes y divinidades naturales que en divinidades físicas. Una de estas religiones, la católica, es la que declara en los orígenes que el fuego, al igual que el ciprés, es pagano y hereje, pues sobre este último, no puede habitar en él ninguna divinidad puesto que no compite muy bien con su “teoría de Dios”. Es la propia religión católica la que retira el ciprés como elemento divino de los primeros templos cristianos (monasterios, etcétera), para no distraer la moral y ocupaciones como el rezo. A pesar de ser prohibidos, se vuelven a añadir siglos más tarde por la creencia de que el ciprés es un árbol que bendice el lugar y a quienes rodea.

La creencia del llamado “Foc Siprés” (palabra natural valenciana y que es lo que os hemos explicado en el párrafo anterior), va más allá en el tiempo, tanto que, como al igual que el rito “Stot” (falla en origen y que bien se podría resumir en rito huertano en forma de espantapájaros), son realizados en la huerta y alejados de toda autoridad religiosa, quienes condenan estos actos. Al igual que con las Fallas, hay un momento de la historia en el que la iglesia se da cuenta que dicha herejía no puede hacerla desaparecer, pero sí hacerla suya y transformarla en un rito cristiano en último. Cuando esto ocurre, vuelve a introducir el ciprés en sus templos y casas, al igual que, con el tiempo y los siglos, se extiende una creencia nueva que toma el nombre de “Foc Siprés de Campanar”, siendo el fuego que se hace ritualmente pendido de los campanarios o torres campanarios de las iglesias, a modo de una traca que va desde el suelo hasta lo alto del campanario en donde, en lo alto, acaba en forma de ciprés ardiendo, buscando asemejarse al árbol ¿Os suena de algo? Seguro que más de uno no daréis crédito alguno a estas palabras, pero para eso están los pocos testigos que quedan de aquello, como este cuadro que veis en la siguiente foto.

Lienzo de un “Foc Siprés Campanar” en el Pou de La Pobla de Vallbona

Lienzo de un “Foc Siprés Campanar” en el Pou de La Pobla de Vallbona

Antaño, ese “Foc Siprés de Campanar” tenía unas características muy propias para iniciarse, pues al igual que la “Rechimentà” (montar y preparar) de la Mascletà (que sigue todo un ritual para iniciarse como es debida), este fuego sigue un curioso ritual basado también en la creencia Traca, que son quienes mantienen vivo el ritual natural en convivencia con ritos cristianos. Necesitaríamos páginas para explicároslo, pero, por resumirlo, al igual que la Mascletà bendice (o bendecía, porque ya no se ve la típica Mascletà original y verdadera tal y como ya os contamos en nuestro artículo de “el origen de la Mascletà“), el “Foc Siprés Campanar” bendice a quienes asisten a él, así como a las procesiones que en fervor del santo se celebran, siempre y cuando sigua el ritual tradicional y sea elaborado por algún Traca o conocedor de los ritos.

Por muy extraño que pueda parecer, estos ritos eran mantenidos hasta hace bien poco, incluso en Canals, por muy extraño que pueda parecer, aunque con el tiempo el “Foc Siprés Campanar” pasó a ser terrestre y con forma de árbol, como lo que hoy puede verse en la foguera de Canals, simulando un ciprés. Seguro que más de uno, al leer estas líneas, piense que aquello de tender “un tram de traca” en la fachada de la iglesia y pegarle fuego sería hoy impensable, y más cuando además de estar protegidas muchas de ellas, los curas lo considerarían una “borreguera” total, cuando, en realidad, se podría decir que seríamos todos unos Cansalà por creer lo que no es cierto y aceptar cualquier cosa que se nos diga y nos cuente.

Es en realidad en los años 50/60, en la provincia de Valencia, con la propia revolución eclesiástica llevada a cabo por el entonces arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea, a través de un nuevo seminario en Moncada, cuando se intenta hacer desaparecer el el “Foc Siprés Campanar” y se consigue, hasta tal punto que, por desgracia, tan solo algunas poblaciones como Burjassot (durante varios años seguidos), Mislata, Quart de Poblet o Paterna, han celebrado veces contadas el verdadero rito del “Foc Siprés Campanar” en las últimas décadas.

Pero como sabéis, no son las únicas hogueras dedicadas a un santo. ¿Os suena una que se celebra también en la Comunidad Valenciana, así como en otras partes del país en verano llamada “San Juan”? Y es que, queridos amigos, las de San Antonio Abad (solsticio de invierno) en realidad son en honor a Saturno, patrón de la agricultura (las Saturnales, donde griegos y romanos celebraban en diciembre), o como también fue, en honor al Sol Invictus (“sol invicto”) o en forma completa, Deus Sol Invictus (latín “el invencible Dios Sol”) un título religioso aplicado al menos a tres divinidades distintas durante el Imperio romano: El Gabal, Mitra y Sol, siendo, pues, un festival del Nacimiento del Sol Inconquistado (Dies Natalis Solis Invicti) y que se celebraba cuando la luz del día aumentaba después del solsticio de invierno, en alusión al “renacimiento” del sol (entre el 22 al 25 de diciembre).

Así que, la próxima vez que acudáis a una festividad donde haya una hoguera en honor a San Antonio Abad o a San Juan, pensad que su origen verdadero para nada es católico, sino que, al igual que las Fallas, es la propia iglesia la que tiende a hacer propia las fiestas que en origen no son suyas.

 

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