Año 1899, Valencia. Como cada Navidad, la ciudad de Valencia, fiel a sus costumbres, reflejaba en sus escaparates los típicos dulces navideños, como la tradicional Casca, hoy casi desaparecida en su totalidad como tradición desde la llegada del Roscón de Reyes (con un nombre algo diferente por el que lo conocemos hoy en día).

Por entonces, el Cap i Casal era una ciudad llena de costumbres, de fiestas y tradiciones, como se sigue haciendo ahora, aunque muchas de ellas desvirtuadas o desaparecidas en la actualidad. Una urbe donde predominaban las peleas de gallos como pasatiempo o donde reinaba el blasquismo, quien debía su nombre al gran Blasco Ibáñez, a pesar de que la ciudad fuera gobernada en alternancias por el Partido Liberal Conservador o el Partido Liberal (ambos monárquicos), en su gran mayoría.

Una ciudad donde se reconocían los méritos a las personas, como el que ocurrió justo un año después, en 1900, donde Benlliure y Sorolla serían nombrados hijos predilectos de Valencia como reconocimiento del premio que se les concedió en París, o donde. Por entonces, Valencia vivía una época de cambios y muy convulsa, como el estado de guerra que se declararía en Valencia en 1900 por las continuas huelgas y disturbios que enfrentaban a la guardia civil y los huelguistas de oficios como los zapateros, curtidores, cerrajeros, empleados de tranvías y aserradores.

Estos hechos son algunos de los recordados en la historia de nuestra ciudad por entonces, algunos por encima de otros. Sin embargo, hoy nos centramos en uno desconocido por muchos: la llegada a Valencia del Gâteau des Rois o, lo que es lo mismo hoy en día, el pastel o Roscón de Reyes, lo que supondría el inicio del fin del reinado de la Casca como dulce tradicional valenciano del Día de Reyes.

Tal y como nos cuenta nuestro Juan Salvador Gayà en su artículo, era costumbre por el Día de Reyes la Casca, un dulce tradicional de los valencianos de origen árabe. Este dulce, del cual se intenta recuperar su tradición para devolverle el trono que le corresponde y que el Roscón le quitó en su día, tiene como principales ingredientes básicos la almendra, azúcar, boniato, huevo, limón, canela y, dependiendo de la comarca donde se realice en la Comunidad Valenciana, hay ciertas variantes en la composición.

Sus orígenes se remontan mucho antes de la llegada de Jaime I, aunque es desde estas fechas, desde la creación del Reino cristiano de Valencia, donde toma fuerza la tradición de regalar los padrinos a sus ahijados la Casca para la noche de Reyes. Hasta hace no mucho, antes de conocerse el Roscón por Reyes en nuestras tierras, los niños después de la Cabalgata dejaban sobre la mesa tres vasos de mistela y dulces para los Reyes Magos, además de algarrobas y agua para sus caballos. Era al día siguiente cuando los pequeños comprobaban como los reyes y sus bestias habían comido y bebido lo que se les ofreció y, a cambio, los Reyes Magos, habían dejado la Casca junto a los vasos y platos vacíos para los más pequeños.

“Señor Rey, yo estoy aquí. La paja y las algarrobas, para su rocín, y la Casca para mí”.

Por desgracia, esta tradición comenzó a morir en 1899, a pesar de que en la actualidad hay ciertas poblaciones que mantienen la Casca como tradición por encima del Roscón de Reyes. Uno de los interesados en recuperar dicha tradición es el Gremio De Maestros Confiteros De Valencia. Sobre lo ocurrido en 1899, de todo esto último nos basamos como fuente en la publicación que aparece un 4 de enero de 1899 en el Levante, el Mercantil Valenciano, donde se habla que Eugenio Burriel, un prestigioso confitero en la ciudad de Valencia, es quien introduce un pastel de origen francés que ya se conocía en algunas ciudades españoles.

“Las mejores pastelerías de Valencia para comprar la Casca dels Reis son la pastelería Galán (Albal), Vicente Montaner de Valencia, Vicente García en antiguo Reino (Valencia), Rosa de Jericó en Hernán Cortes, Dulces Vilmar en Benimàmet o Tahona del abuelo, la situada en el Cabanyal. Recomendable llamar o acercarse para reservar”.

Gâteau des Rois, 4 de enero de 1899 en el Levante, El Mercantil Valenciano

Gâteau des Rois, 4 de enero de 1899 en el Levante, El Mercantil Valenciano

Como podéis ver en el recorte, el llamado Gâteau des Rois no era otra cosa que un Roscón de Reyes al uso que, sin embargo, apenas era conocido en nuestras tierras y que fue introducido por su nombre original francés.

“El Roscón de Reyes, el que en la actualidad conocemos en Valencia, no en origen, tiene su introducción en nuestra ciudad gracias al conocido maestro confitero señor Burriel en 1899”. 

Las Provincias, 5 de enero de 1902.

Las Provincias, 5 de enero de 1902.

Las Provincias, 5 de enero de 1906.

Las Provincias, 5 de enero de 1906.

Unos años antes, en 1896, su curioso ritual ya era explicado en algunas revistas españolas de la época dada su reciente introducción en nuestro país, como el recorte de un artículo que nosotros mismos hemos encontrado en la Ilustración Nacional Año XVII Número 1º 1896 enero 8, titulado “la proclamación al trono”.

La Ilustración Nacional, año XVII, número 1º (1896, 8 de enero).

La Ilustración Nacional, año XVII, número 1º (1896, 8 de enero).

El Gâteau des Rois (Pastel de Reyes) es, en realidad, un equivalente de la Galette des Rois al norte de Francia, para celebrar la Epifanía. Como muchos sabréis, la Epifanía son las revelaciones o apariciones en donde los profetas, chamanes, médicos brujos u oráculos interpretaban visiones más allá de este mundo. En el cristianismo, esta fiesta toma forma en Jesús, quien toma una presencia humana en la tierra, es decir, Jesús se da a conocer ante el mundo terrenal. Una de las Epifanías más conocidas y celebradas es la que corresponde al 6 de enero, el Día de Reyes.

Mapa de tradiciones en Francia entre el Gâteau des Rois y la Galette des Rois. Fuente: http://www.slate.fr/

Mapa de tradiciones en Francia entre el Gâteau des Rois y la Galette des Rois. Fuente: http://www.slate.fr/

Que haya tomado la actual simbología de la corona se debe, en parte, gracias a que ha sido durante siglos pastel de Reyes, además de ser tradicionalmente de Provence, Gascogne et Languedoc (Francia), o lo que es lo mismo: La Provenza, Languedoc Gascuña, donde se le conoce todavía como “coca” o “corona” de Reyes (por ser pastel de reyes de Francia).

“Si buscáis una receta para el Roscón de Reyes, pinchad AQUÍ. Sin embargo, si buscáis una receta para la Casca dels Reis, podéis verla AQUÍ también AQUÍ“.

Existen, pues, dos teorías sobre el verdadero origen del Roscón de Reyes: en la primera de ellas, hemos de diferenciar dos teorías, donde en ambas hemos de remontarnos muchísimos siglos antes para conformar lo que acabará siendo el Gâteau des Rois tras su introducción en España. En concreto a la Antigua Roma, a la celebración dedicada al dios Jano según algunos y al dios Saturno según otros.

“El roscón de Reyes, en origen, no guarda relación alguna con la Navidad, ni tan siquiera con los Reyes Magos o la corona real. Es a lo largo de los siglos cuando se va conformando lo que hoy en día conocemos”. 

Sobre la teoría de Jano, el dios de las puertas, los comienzos y los finales, se basa en que siendo consagrado el primer mes del año, donde se le invocaba públicamente el primer día de enero, mes que, curiosamente, deriva de su nombre, se le rendía “ofrenda y agradecimiento” con dicho pastel. Cabe recordar que el primer calendario romano real, con 12 meses, lo instauró el rey Numa Pompilio, sucesor de Rómulo, donde dió enero en honor a Jano y febrero en honor a las februa en las Lupercales, el festival de la purificación en la Antigua Roma, colocándolos por delante de Marzo, que hasta entonces era el primer mes romano.

En lo referente al dios Saturno, dios de la agricultura y la cosecha, hemos de viajar hasta el siglo II a.C., en el que a mediados del mes de diciembre, tras la finalización de los trabajos en el campo y a lo largo de una semana, se realizaban unas celebraciones paganas que recibían el nombre de las Saturnales en homenaje al dios Saturno, en las que se festejaba la finalización del periodo más oscuro del año y el inicio de la luz; aquí se dice que hay que tener en cuenta que en aquella época el año no acababa en diciembre, sino que se alargaba hasta finalizar el mes de febrero, empezando por marzo. Cabe recordar, y volver a matizar, que ya por entonces, los años no comenzaban en marzo sino en enero.

En cuanto a las Saturnales, estas eran un periodo de fiesta y jolgorio en el que los esclavos estaban excusados de cualquier trabajo y podían pasar esos días de una manera divertida y licenciosa. Entre las muchas viandas que se preparaban para tal celebración, se realizaba una torta a base de miel y en la que se le introducía algunos frutos secos, dátiles e higos, entre otros ingredientes. Este postre se convirtió en uno de los más populares durante la llamada celebración de la “fiesta de los esclavos”, como también era conocido dicho festejo, según se escribe en numerosos artículos.

La introducción del haba, según se cuenta, sería durante el siglo III d.C., siendo ya por entonces considerada como símbolo próspero y de fertilidad. Al contrario de lo que pueda ocurrir hoy, al que por entonces se encontraba un haba en el trozo de torta que le correspondía, era afortunado, pues esta legumbre le auguraba prosperidad y fertilidad durante el resto de Año Nuevo. Era pues, nombrado “rey de reyes” durante un corto periodo de tiempo establecido antes de servir la torta. Cabe mencionar, también, que ya en la Antigua Roma, existían juegos del haba en la península ibérica.

Tras finalizar la persecución a los cristianos e imponerse esta religión como la oficial en el Imperio Romano, las celebraciones paganas (entre ellas las Saturnales) fueron desapareciendo, pero no así algunas costumbres como la de la torta que contenía un haba y que, con los años, había ido adquiriendo la forma de roscón.

Esta costumbre se extendería en el tiempo como una tradición de la aristocracia y la realeza, sobre todo en Francia, en lugares como Provence, Gascogne et Languedoc, donde antaño hubo dominio romano. Allí las familias se reunían para comerlo y ver quién era el afortunado al que le correspondía la legumbre, siendo esta fiesta conocida como le Roi de la fave (el Rey del haba).

En la otra teoría, la que se aporta en numerosos artículos franceses, se cree que, a pesar de que ya era conocida la tradición de comer roscón y su ritual, todo comenzó un día de la Epifanía en el que el cocinero de la Corte de Luis XV, rey de Francia, quiso entregar un espléndido obsequio a su monarca. Para ello quiso inventar algo que sorprendiera, así que introdujo en un roscón la joya que pretendía regalarle y así se la entregó (se cree que fue un medallón de oro y rubíes, aunque también se indica que pudiera ser una moneda de oro). Al rey francés le encantó la idea así que la puso en práctica entre la aristocracia de su época, y no sólo entre la francesa sino que también ayudó a que se extendiera al resto de Europa. Su posterior traslado a España sería en el mismo siglo del reinado de Luis XV, el XVIII, donde se generalizó de tal manera que no sólo disfrutaban del dulce “momento sorpresa” la aristocracia, nobles u alta sociedad, sino que el pueblo comenzó a fabricar sus propios roscones con regalo incluido (aunque, claro está, con algo de muchísimo menor valor).

Aunque la tradición de comer el roscón y todo lo que conllevaba ya era conocida en España, sería Felipe V (al que tanto cariño le guardamos los valencianos), quien traería la nueva modalidad de introducir una moneda como premio (que con los años se cambió por una figurita de cerámica), a la vez que el haba en el postre se había convertido en un símbolo negativo. Recordamos también que este postre, en la época de la que estamos hablando, no era un dulce típico del Día de Reyes todavía, sino un postre real y para otro tipo de celebraciones, y es la Casca la protagonista en Valencia. 

De esta teoría se deduce, pues, que es la dinastía Borbón la que introduce en España y, posteriormente, a América el Roscón de Reyes (sobre todo Argentina y México, conocido en este último como “Rosca de Reyes“), mediante el rey Felipe V de España, tío del rey francés Luís XV, aunque ya se conociese en España una tradición de un rosco entre la realeza. Para afirmar esto, nos basamos en Julio Caro Baroja, donde recoge, en su obra El Carnaval, dos testimonios del siglo XII sobre el Roscón de Reyes o el Rey de la Faba (en Francia Roi de la fave). El primero corresponde al Reino de Navarra, donde en 1361 se designaba Rey del Faba al niño que encontraba el haba en el roscón; el segundo testimonio corresponde a Ibn Quzman, poeta andalusí, quien en su Cancionero describe una tradición similar con una torta (hallón o hallullo, vocablo que permanece en Granada) en el año nuevo, que contenía una moneda. 

También se dice que, durante un tiempo, la introducción del haba en el Roscón desapareció, reapareciendo de nuevo en el siglo XIX en Francia, país el cual bautiza esta receta como Gâteau des Rois y que llega de la mano del confitero Burriel en 1899 a Valencia, siendo escogido, durante este siglo, la fecha del Día de Reyes para ser degustado y seguir todo un ritual en torno a este postre tan tradicional.

Pastel de Reyes. El Álbum ibero americano (7/1/1897).

Pastel de Reyes. El Álbum ibero americano (7/1/1897).

Sea cual fuere su origen, lo cierto es que esta tradición perduró en el tiempo llegando, por ejemplo, a Francia a través del Papado de Avignon, donde tuvo lugar el primer sorteo de Reyes en un monasterio dominico a finales del siglo XIV, dado que se da por hecho que existen otros postres con cierto parecido a lo largo de la historia con algunas referencias, mutando, así, a lo largo de la historia hasta llegar al Pastel de Reyes (Gâteau des Rois). 

En la actualidad, y como viene siendo tradición desde el siglo pasado, el que tiene la suerte de encontrarse una figurita es coronado como “el Rey de la fiesta o del Roscón”; por el contrario, al que le sale el haba es el que debe de pagar el postre, nombrado por todos como el “tontolaba”, apócope de tonto del haba (origen del insulto).

“A pesar de que casi todas las pastelerías y muchas panaderías de Valencia disponen estos días del Roscón de Reyes, y dejando a un lado los de los supermercados, según usuarios los mejores hornos serían Horno Elena en la Avd. del Puerto, 41 (Valencia); Pastelería Montesol, en Luis Olíag, frente ambulatorio (Valencia); Pastelería Durá, para diabéticos (Gran Via Fernando el Catolico 31, Valencia); Forn del barrí, en el Barrio del Cristo, Aldaia;
Horno Rozalen, en Rodrigo de Pertegas o Avenida Cardenal Benlloch, 50 (Valencia); Horno San Bartolomé, en la calle Duque de Calabria, 14 (Valencia); o Horno La Torre, de hermanos Arnal (Carretera Real de Madrid, 22, en La Torre). Después están los más conocidos, algunos de ellos, o los que necesitan poca mención, que
son Pastelería El Taller (Carrer de la Guàrdia Civil, 10, 46020, Valencia), Horno Bolleria Las Comedias (Carrer de les Comèdies, 11, Valencia), Paco Roig Sucre & Blat, Vicente Montaner de Valencia, Vicente García en antiguo Reino (Valencia), Rosa de Jericó en Hernán Cortes, Dulces Vilmar en Benimàmet o Tahona del abuelo de Plaza España, 1 bajo izq. 96 342 77 75. Recomendable llamar o acercarse para reservar”.

Así que, si durante estos reyes os toca ser el “tontolaba”, pensad que quizás seáis afortunados no por pagar el postre, sino por el simbolismo que siempre ha dispuesto en la antigüedad. Y si estáis cansados del tradicional Roscón relleno de crema o nata, entre otros ingredientes, siempre podéis volver a la tradición valenciana de la Casca (aquí también aquí, su receta e ingredientes, que también tenéis en comentarios justo aquí abajo gracias a una lectora). Eso sí, puede que os perdáis algunos de los regalos que hoy en día se pueden encontrar, como dinero en metálico, anillos u otras sorpresas (incluso las llaves de un coche), tal y como muchas pastelerías del país han realizado a lo largo de los últimos años. 

 

Foto de portada: eltempletelosbarrios.com

Fuentes:

 

 

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