El Ayuntamiento de Valencia pondrá en valor durante el año 2017 todo el legado que la ciudad posee del escritor valenciano Vicent Blasco Ibáñez con motivo del 150 aniversario de su nacimiento (PINCHA AQUÍ PARA LEER LAS ACTIVIDADES DURANTE EL AÑO BLASCO IBÁÑEZ).
  • Don Vicente Blasco Ibáñez fue un gran escritor, periodista, empresario y político. Sí, eso lo sabemos todos, además de que estamos acostumbrados a que sus obras literarias sean tomadas como ejemplos costumbristas y de folclore sobre la huerta valenciana, entre otras cosas.
  • La realidad, bien distinta, fue otra, ya que el grande de Blasco Ibáñez fue un hombre de convicciones fuertes, republicano, masón, reaccionario y un hombre de lucha, además de ser temido y respetado por muchos en su época para, finalmente y por desgracia, morir en el exilio, apartado de aquella tierra que tanto le había dado y quitado. Fue, además, un gran orador convincente, como demostró en su etapa como parlamentario en Madrid, la cual podemos leer en su obra ” ¡Diputado Blasco Ibáñez!: memorias parlamentarias, por Vicente Blasco Ibáñez ” o que podemos consultar en este enlace, el cual nos muestra sus intervenciones en el Congreso de los Diputados.
  • Blasco tuvo para todos, “repartiendo” a todos aquellos que no fueran republicanos y cercanos a sus convicciones. Fue el “azote periodístico, político y literario” de la monarquía, la iglesia, los jesuitas, caciques y contra todo aquel, y aquello, que creía, y veía, como una injusticia y desigualdad social. 

La vida de Vicente Blasco Ibañez fue dura, realmente muy dura. Su historia, digna de un gran best seller o de un largometraje épico, está llena de amores, misterios, traiciones, detenciones, duelos a muerte, destierro, sangre, amistad, dinero y de cientos de añadidos que podríamos seguir enumerando de lo vivido por entonces por el que ha sido tan querido como odiado por muchos. El que fuera uno nuestros valencianos más conocidos, es, a día de hoy, por desgracia y para muchos, olvidado. Uno de los artífices que más trabaja a diario para recuperar su obra y divulgar su vida es, sin duda alguna, la Fundación Vicente Blasco Ibáñez.

Escritor, político e intelectual, era, podría decirse, un “adelantado” en su tiempo, un defensor de la democracia en Europa que llegó a “tocar los cojones” a mucha gente (y más valía, durante un tiempo, no tocárselos, porque bien podría decirse que fue “el amo de Valencia” durante un largo periodo). Pero además de todo eso, Blasco era masón, una condición que no cabe pasar por alto para entender gran parte de su vida, además de, como muchos dirían hoy en día, “un radical” sin pelos en la lengua. 

Para conocer la historia de este gran valenciano, nos tenemos que remontar muchos años antes de su nacimiento. Sus padres, Ramona Ibáñez Martínez y Gaspar Blasco Teruel, procedían ambos de Aragón y se establecieron en Valencia en el siglo XIX de manera independiente con sus respectivas familias. La vida laboral de su padre, Gaspar, comenzó pasando por ser aprendiz y seguir como dependiente en una tienda de ultramarinos junto al Mercado, donde, años más tarde, en el año 1866, se casaría con Ramona, quien ya vivía por entonces en Valencia en la calle del Embajador Vich (pinchando AQUÍ, podéis leer la historia más detallada de sus padres).

“ . . .  A pesar de que conste en todos los registros que Blasco naciera el día 29 de enero de 1867, así como en su partida de nacimiento, fue 2 días antes, el 27 de enero, cuando en realidad vino al mundo  . . . ” 

Fue cuando el padre de Blasco Ibáñez consiguió, por fin, abrir su propio negocio en un pequeño local de la entonces calle Jabonería Nueva, estableciendo, además, el domicilio familiar. Sería aquí, en la trastienda del comercio de ultramarinos que regentaban y que acondicionaron para vivienda en la calle Jabonería Nueva nº8, donde nacería Blasco Ibáñez el 29 de enero de 1867 a la una de la tarde (la calle sería llamada calle Flor de Mayo nº2 cuando falleció en 1928, y actualmente, en nuestros días, llamada calle del editor Manuel Aguilar, junto a Barón de Cárcer). A pesar de que conste en todos los registros que Blasco naciera el día 29, así como en su partida de nacimiento, fue 2 días antes, el 27 de enero, cuando en realidad vino al mundo el escritor más universal que Valencia ha tenido hasta el momento. Este hecho nos lo cuenta don Julio Cob en un bello artículo de su blog con texto de Mauro Guillén, además de elargonautavalenciano.blogspot.com.es, donde cita la biografía publicada en 1977 por Pilar Tortosa, una familiar cercana a Blasco Ibáñez, donde se sugiere que la fecha correcta sería el 27 de enero, citando a José María Meliá Bernabeu – Pigmalión (1885–1974), periodista y escritor valenciano, amigo y secretario del novelista: 

«Íbamos en un tranvía hacia la playa; Blasco Ibáñez había leído un trabajo mío sobre hombres célebres y signos del Zodiaco, y al recordarle yo que había nacido en martes, me interrumpió: — No -me dijo-, yo nací en domingo. En las partidas de Bautismo figuran las fechas que se declaran, pero mis padres me dijeron que yo había nacido un domingo 27 de enero.»

Sus padres, que por aquel entonces tenían respectivamente 24 años (Gaspar) y 27 (Ramona), lo bautizaron al día después del registro que consta en la partida de nacimiento (29 de enero) en la iglesia de los Santos Juanes, un 30 de enero. A pesar de eso, era común por entonces creer lo contrario, como todavía lo sigue siendo, basándose en la partida de nacimiento, tal y como muestra el periódico El Pueblo de aquellos días tras su muerte en 1928.  

El Pueblo : diario republicano de Valencia (31/01/1928).

El Pueblo : diario republicano de Valencia (31/01/1928).

A lo largo de su juventud, siempre se interesó por cultivar la mente, además de despertar la curiosidad, desde muy joven, por lo que ocurría en Valencia. Blasco vivió, siendo niño, una de las épocas más convulsas de este país con la llegada de la Primera República Española (desde el 11 de febrero de 1873 hasta el 29 de diciembre de 1874), sin olvidarnos de los hechos ocurridos desde la Revolución de 1868 cuando apenas nuestro protagonista, seguramente, gateaba. Además, durante su niñez, vivió la tercera Guerra Carlista, la Sublevación Cantonal y la Guerra de los Diez Años en Cuba. Como bien hemos dicho al principio, una época muy dura para crecer sin convicciones. Fue, seguramente, la primera República y toda esa época convulsa la que le ayudaría a creer en aquel modelo que más tarde el mismo pregonaría a los 4 vientos, además de, seguramente, crecer rodeado de gente que defendía los mismos ideales antimonárquicos y anticatólicos de los cuales formarían parte de sus futuros ideales

Su infancia pasa por un colegio municipal hasta llegar al Colegio Levantino en 1875 (Escuelas Pías), del que fue expulsado, y el Instituto de Segunda Enseñanza en 1876 (hoy Instituto Luís Vives), para, finalmente, ingresar en octubre de 1882 en la Facultad de Derecho de Valencia. 

De Blasco se habla, también, que fue iniciado en la masonería antes de licenciarse en derecho en la Universidad de Valencia en 1888, 6 años después de su ingreso en la Facultad. Esto ocurre, según numerosas teorías, con la edad de 21 años, un 6 de febrero de 1887, donde todos atribuyen su unión en la logia Unión nº 14 con el nombre de “Danton”, para poco después, ya una vez licenciado en 1888, encontrarse en el taller logia Acacia nº 25 como maestro masón y orador de la logia. El hecho de escoger dicho nombre como masón venía dado por Georges-Jacques Danton (1759 – 1794), un político francés que desempeñó un papel muy significativo durante la Revolución francesa y que en 1790 fundó la Sociedad de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. De esto nos hacemos eco en “Retórica: Fundamentos del estilo narrativo en la novela romántica“, escrito por María Asunción Sánchez Manzano (en su capítulo “el anticlericalismo como tema novelístico”), además de en Masoneriavalencia.com.

Su larga y extensa bibliografía de obras y colaboraciones en publicaciones comienza muy pronto, donde escribiría, entre otros, el que sería su primer libro: Fantasías (1887). No sería esta, sin embargo, su primera publicación escrita. Tiempo atrás funda diversos semanarios de protesta donde participa, además de colaborar y escribir en artículos y narraciones. 

Edición de 1928. Fuente: todocolección

Edición de 1928. Fuente: todocolección

No cabe dejar en el olvido ninguna de sus grandes novelas a lo largo de los años (destacando Arroz y tartana (1894), Flor de Mayo (1895), La barraca (1898), Entre naranjos (1900), Cañas y barro (1902), Los muertos mandan (1909), Los argonautas (1914), Los cuatro jinetes de la Apocalipsis (1916) o Mare nostrum (1918), entre muchas otras). Todas ellas destacan por diferentes aspectos a resaltar, principalmente el naturalismo.

A pesar de esto último, a Blasco lo recuerdan hoy en día muchos, por desgracia, resaltando algo que en realidad dista mucho de lo que realmente quiso mostrar. De ello se aprovechan mucho quienes buscan tan solo las intenciones “costumbristas” o “folclóricas”, figuras muy recurrentes que puedan aparecer en sus novelas (una barraca, pescadores, naranjas, la Albufera, personajes de época, etcétera) dejando el olvido las verdaderas intenciones que quiso transmitir en muchas de ellas. La realidad, como bien hemos expresado anteriormente y con palabras más chocantes, es que Blasco Ibáñez fue un anticlericalista radical y un republicano muy activo y “españolista”. Muchos de sus personajes intentan mostrar, en cierta manera, una reivindicación o protesta, basados en la defensa de las clases bajas u obreras, mostrando una realidad de la época, aunque en alguna de ellas se extrapole “se le vaya la tinta”. Es el caso de una de sus mejores obras de juventud (para nosotros): “La araña negra”, publicada justo un año después de una de sus vueltas del exilio (1892), a pesar de ser repudiada por él mismo muchos años más tarde y por ser, lo que diríamos hoy en día, un panfleto propagandístico de la época en toda regla. Aquello de castigar y castigar a los Jesuitas en unas cuantas páginas no era suficiente (Blasco les dedica más de 1000 páginas en una de sus magistrales y más polémicas obras para “arrearles” por todos los lados). Pero la La araña negra no era la única obra folletinesca que repudió, ya que también lo hizo con ¡Viva la República!, Roméu el guerrillero, El conde Garci Fernández o la propia de Fantasías (anterior imagen). El teatro, muy presente en aquella época, también formó parte de la vida de Blasco tras las diferentes obras que escribió o se adaptaron, además de que tras su muerte, se adaptaron varias de sus obras literarias que serían adaptadas al séptimo arte.

Volviendo a su infancia, a sumar a todo ello, Blasco, a la vez que cultivaba y emprendía su vocación literaria, siendo un “jovenzuelo”, su activismo político iba en aumento, participando, sobre todo, en movilizaciones y actos políticos de la época, sobre todo estudiantiles (uno de ellos el de octubre de 1884 octubre, donde aparece su firma en un manifiesto firmado por diversos estudiantes), además de no olvidarnos de que ya en 1887 se le atribuye la publicación del periódico “La Revolución” a nuestro protagonista. Y es que a pesar de que estos puedan parecer sus inicios como fuerte activista republicano de la época, ya por entonces, años antes ya sentía verdadera admiración por Francisco Pi y Margall y, en concreto, por el Partido Republicano Democrático Federal, del que sería afiliado en su juventud (a pesar de que este propio partido se topara años más tarde con el propio “blasquismo” y con la escisión final del PURA, hasta su desaparición en 1910). Quizás sería lo ocurrido un 16 de junio de 1881 lo que despertaría realmente el interés de Blasco por Pi y Margall, donde éste último llegó a Valencia para dar un discurso tras ser recibido con gran entusiasmo. No imaginaría Blasco en su juventud, o sí, que llegaría a ser elegido hasta seis veces como diputado en las Cortes.

A la par de todo lo mencionado, su “poder” (más bien la gente que confiaba en él) iba creciendo en Valencia, además de empezar a ser reconocido por aquello que escribía, recibiendo así en 1888 un premio en los Juegos Florales por su biografía de don Hugo de Moncada, donde, además, es nombrado vocal de la Junta Directiva de Lo Rat Penat. Años antes, ya comenzaría a ligarse la vida de Blasco a Lo Rat Penat (en 1883), tras la publicación de su primer trabajo literario “La torre de la Boatella”, que apareció en el Almanaque Lo Rat Penat, siendo dirigido y editado por Constantí Llombart, aquel que sería su amigo desde entonces hasta la muerte de este último en 1893, además de ser un año después premiado con el segundo accésit por su obra Furs i llibertat en 1884. Un año antes, siendo todavía un niño de apenas 15 años y ya dentro de la Facultad de Derecho de Valencia, ayuda a la fundación, dirigiéndola, del semanario “El Miguelete”, que, sin embargo, poco duraría (apenas un mes) para después fundar “El Turia”, adelantándose en el tiempo a la posible atribución de “La Revolución” en 1897. Son diversas las muestras activistas durante su juventud, tanto a nivel de protesta estudiantil como en numerosas publicaciones en las que participa o de las que el es fundador, como las mencionadas antes. 

Donde ya sí podemos mencionar la participación de Blasco Ibáñez en una publicación de manera activa es en 1889, año donde funda el semanario La Bandera Federal, medio utilizado para la expresión del republicanismo federal de la época, marcando Blasco ya sus fuertes convicciones antes de la creación de El Pueblo. A la vez que de manera escrita ejercía este fuerte activismo, seguía con sus ideales y lucha en la calle, cosa que le llevaría a huir de nuestro país en 1890 por promover una manifestación contra Antonio Cánovas del Castillo siendo este Presidente del Consejo de Ministros de España. Ese mismo año, un 26 de junio de 1890, el gobierno de entonces reimplanta oficialmente el Sufragio Universal (es desde ese momento cuando Blasco empieza a comprender que hay que dar un paso más allá en sus fuertes convicciones).

Blasco, que regresó a Valencia en 1891 tras su huida a París en julio de 1890 a consecuencia de la manifestación contra Canovas del Castillo, inició una actividad política incesante, siendo también, además, el año en el que también contrajo nupcias con Dª María Blasco del Cacho a su regreso del exilio en la iglesia de San Valero. Antes de las nupcias, María Blasco del Cacho mantendría una gran correspondencia con Blasco, de las cuales se conservan muchas de estas cartas en la Fundación que lleva su nombre. Quizás no sabría la buena de María la vida que le esperaba con Blasco Ibáñez, llena de infidelidades por parte de su marido, exilios, estancias en la cárcel, duelos (como el de Soriano o Alastuey) o atentados (como el del Café “Iborra” en Valencia), entre otras muchas más cosas que llenarían páginas sobre la vida que vivió junto a su marido hasta que falleció, ésta, en 1925.

Volviendo a 1890, durante su estancia en París, Blasco comprende que es hora de iniciar la actividad política tras el Sufragio Universal que permitía el voto a aquellos más pobres, presentándose así como candidato a diputado desde su exilio parisino para las elecciones de 1891, momento en el cual volvió a España aprovechándose de una amnistía general concedida. En esas mismas elecciones, las Generales de 1 de febrero de 1891 en España, los ganadores fueron, casulamente, el Partido Liberal-Conservador creado por Antonio Cánovas del Castillo. 

El valenciano, hombre revolucionario que participaba en la causa que creía, llegó a participar en numerosos disturbios hasta, incluso, ser encarcelado el mismo año de la creación del diario republicano o del fallecimiento de su madre tras el estreno de la obra teatral de su autoría “El Juez” (1894). Su lucha fue tanto a pie de calle, como editorial o parlamentaría. Era, con perdón de la expresión y con el permiso del gran Blasco, un “revolucionario tocapelotas en todos los sentidos“. 

Evidente queda, después de todo lo mencionado, su lucha por apostar entre la separación de Iglesia y Estado (con un fuerte carácter laicista) y de llegar a las masas pateando las calles (y por las aulas), además de hacerlo a través de la lectura crítica abaratando el precio de El pueblo o enseñando a leer y escribir a “gente de campo”, promoviendo también mucho más el uso del castellano que del valenciano (a pesar de que hablaba valenciano, toda su obra literaria está escrita en castellano). Todo aquello le convirtió en una de las personas más temidas del Cap i Casal por su capacidad de “ídolo de masas“, tal y como muestran las palabras que un diputado carlista dijo de él: «En Valencia no se puede salir a la calle sin el permiso del señor Blasco Ibáñez y de sus amigos».  Y es que Blasco Ibáñez, que “molestó” a muchas personas influyentes, era una persona que, a pesar de sus ideas y de lo que pueda parecer, para muchos fue considerado un déspota y un cacique.

Uno de los motivos por los que también será recordado Vicente Blasco Ibáñez, sin duda alguna, será también por haber fundado en 1894 el diario republicano de Valencia “El Pueblo”, año también de la muerte de su madre (esto ocurría el 12 de mayo por la noche, justo también cuando se estrenó en el Teatro Apolo de Valencia la obra de teatro escrita por Blasco: “El Juez”), donde años más tarde contaría con la ayuda, y mecenazgo por financiar la publicación, de un hombre nacido en San Sebastián: Rodrigo Soriano Barroeta-Aldamar (ojo con este hombre, ya que su amistad se convirtió en enemistad más tarde). El primer número del diario republicano vio la luz el 12 de noviembre de 1894, donde años más tarde se iría transformando en un periódico que cambiaría, en comparación a sus orígenes, diseño y contenidos, con una información mucho más periodística y menos partidista. Y decimos ésto último porque “El Pueblo: diario republicano de Valencia”, nació como una extensión del blasquismo, un movimiento político republicano y populista surgido en Valencia en la última década del siglo XIX por obra del escritor y activista político Vicente Blasco Ibáñez, de cuyo nombre proviene el del movimiento (a pesar de que dicho nombre tomara fuerza años más tarde, es desde los inicios de El Pueblo cuando se puede considerar el nacimiento del “blasquismo”).

“ . . . Despertaba la huerta, y sus bostezos eran cada vez más ruidosos. Rodaba el canto del gallo de barraca en barraca. Los campanarios de los pueblecitos devolvían con ruidoso badajeo el toque de misa primera que sonaba á lo lejos, en las Torres de Valencia, esfumadas por la distancia.

De los corrales salía un discordante concierto animal: relinchos de caballos, mugidos de vacas, cloquear de gallinas, balidos de corderos, ronquidos de cerdos; un despertar ruidoso de bestias que, al sentir la fresca caricia del alba cargada de acre perfume de vegetación, deseaban correr por los campos . . . ” 

La Barraca, Vicente Blasco Ibañez.

Es también durante los inicios de El Pueblo donde, al parecer, todo apunta a su baja en la masonería, la cual muchas publicaciones y estudios vinculan a una fecha en concreto: el 1 de abril de 1895. A pesar de esto, sus ideales siguen estando ligados a los masones y jamás los abandonará, donde más adelante hablamos, por ejemplo, de su ejercicio de poder en Valencia para la financiación y divulgación de las Escuelas Modernas ya en los principios del siglo XX, aquella escuela fundada por otro afín a la masonería. Durante los primeros años de El Pueblo, son numerosas sus publicaciones las que fueron denunciadas, como por ejemplo una de ellas, la sexta en julio de 1895, por culpa de un artículo titulado “En pleno absolutismo”, que, sin embargo, sería absuelto a pincipios de 1896 por la causa procesada.

Durante esta época tan revuelta comienza, también, a estrechar numerosos vínculos y amistades, donde también refuerza aún más los que ya tenía, aunque no todavía con José Segrelles, por ser todavía un niño (del que os hablamos en nuestro artículo sobre la Casa Museo Segrelles en Albaida), pero sí con Mariano Benlliure (quien realizaría un sarcófago que no alberga los restos de Blasco y que todavía se encuentra en Valencia) o Joaquin Sorolla, quien sería éste último uno de los que aconsejará a Blasco para dejar la política tras una larga vida dedicada a ella. Sin duda grandes personajes de aquellos momentos en Valencia. Los vínculos con todos ellos se hacen notar con la participación en obras literarias o artísticas, como son ilustraciones de Segrelles para los libros de Blasco por daros un ejemplo. 

Retomando la curiosidad que hemos mencionado del sarcófago para el escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez (vacío), éste fue realizado en 1935 por Mariano Benlliure, y hoy en día se encuentra en el Real Monasterio de Nuestra Señora del Carmen (hoy Museo “Convento” del Carmen). Este sarcófago jamás ha contenido los restos de Vicente Blasco Ibáñez, dado que nuestro protagonista está enterrado en el Cementerio General de Valencia, tras ser traslado a la ciudad en 1933 desde Francia tras su muerte en 1928 (recientemente ha regresado al Museo de Bellas Artes).

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Fuente: © Valenciabonita.es – Por favor, si compartes esta imagen indica la fuente 🙂

El lugar donde está enterrado Blasco Ibáñez es el llamado cementerio civil, la Sección 4ª, un lugar que fue inaugurado en agosto de 1892 gracias a la aprobación de ley de libre pensamiento (y que su historia va en origen ligada al Protestante en cierta manera), un lugar donde además de encontrarse Blasco, el periodista Azzati, Amparo Meliá (esposa de Pablo Iglesias, fundador del PSOE) o Constantí Llombart, entre otros, podemos ver también todo tipo de simbología. Un lugar donde se inhumaron todo tipo de laicos, extranjeros o aquellos que simplemente no eran católicos y eran libres pensadores (incluidos musulmanes mirando hacia la Meca).

Sobre el sarcófago, entre algunas de las inscripciones que podréis leer en el sarcófago, encontraréis la dedicatoria de “Valencia a Vicente Blasco Ibáñez” o los títulos de las obras de Blasco.

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Sarcófago del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez. Fuente: © Valenciabonita.es – Por favor, si compartes esta imagen indica la fuente 🙂

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Sarcófago del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez. Fuente: © Valenciabonita.es – Por favor, si compartes esta imagen indica la fuente 🙂

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Sarcófago del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez. Fuente: © Valenciabonita.es – Por favor, si compartes esta imagen indica la fuente 🙂

Pero al igual que ganaba amigos, también conseguía enemigos. Es en 1896 cuando, tras ser elegido Presidente del Consejo Federal, toma partido en diversas acciones de corte más revolucionario para distanciarse del partido de Pi y Margall, como los altercados de Valencia en marzo de ese mismo año con motivo del mitin de protesta por la Guerra de Cuba, donde hubo incidentes y se proclamó el Estado de Sitio en Valencia. De nuevo, Blasco, tuvo que marchar al exilio, aunque esta vez a Italia.

La Unión Católica: diario religioso, político y literario. 10/03/1896, en referencia a los incidentes de la declaración del estado de guerra en Valencia desde el 8 de marzo de 1896.

A su vuelta, tras estos hechos ocurridos en Valencia y alguna de sus publicaciones, provocan su detención que, finalmente, desencadenaría en una condena más propia de reyes: el destierro.

Para explicar esto tenemos que volver a nombrar a un tal Rodrigo Soriano, como ya hemos hecho anteriormente, del cual podemos decir ya que son fieles amigos desde 1897 (aunque no por muchos años). Casualidades de la vida hicieron que se conocieran y que Rodrigo Soriano financiara más tarde la publicación de El Pueblo, además de aportar su experiencia en prensa escrita por entonces tras conocer a Blasco. A Soriano, el bueno de Blasco, lo conocería a causa del destierro en marzo de 1897, donde se le conmuta la pena de prisión por la de destierro, motivo por el que marcha a Madrid, desde donde continúa escribiendo para El Pueblo. Es desde su marcha a la capital madrileña cuando entra en contacto con Rodrigo Soriano, quien publica en El Imparcial un artículo elogioso para Blasco Ibáñez. En septiembre regresa a Valencia, amnistiado.

Antes de su comienzo en el diario valenciano, Rodrigo Soriano, crearía Vida Nueva, una revista literaria española fundada por él mismo el 12 de junio de 1898, donde con el tiempo también participaría Blasco Ibáñez. Justo antes del cambio de siglo, Rodrigo Soriano se trasladó a Valencia y entró en la redacción de El Pueblo, ayudando a Blasco no solamente en la financiación de El Pueblo, sino también en llevar a cabo campañas activas para reorganizar y encauzar el Partido Republicano. Es este hecho el que propicia, además de la amistad con el valenciano, que fuese elegido diputado en Valencia en 1901 (acompañó a Blasco en su reelección por tercera vez como Diputado), donde sería reelegido sin interrupciones hasta 1909, aunque con ciertos matices desde su comienzo como tal. 

Y es que por aquel entonces bien se podría decir aquello de “quien tiene un amigo (Blasco Ibáñez), tiene un tesoro“, ya que para muchos, en aquella Valencia de principios del siglo XX, Blasco ya era considerado como “el amo de la ciudad“. Su poder, sin ninguna duda, se veía acrecentado gracias al diario que él mismo fundo y a sus amistades, donde a la par también crecerían sus enemigos, que propiciaron, por ejemplo, que en febrero de 1901 El Pueblo fuera suspendido por orden gubernativa durante un mes.

Un año antes, en 1900 en Valencia, ocurriría un acontecimiento del que se debe, en parte, gracias a Blasco Ibáñez para recordar, con motivo de la conmemoración de la Primera República, a un personaje histórico republicano: la que hoy conocemos como la actual Plaza del Ayuntamiento de Valencia, por entonces plaza de San Francisco desde 1974 (al finalizar la Primera República), pasó a llamarse de Emilio Castelar, quien había sido Presidente de la I República Española.

La Vanguardia, lunes 12 de febrero de 1900, página 2

La Vanguardia, lunes 12 de febrero de 1900, página 2

Volviendo al tema de Soriano, al donostiarra, que firmaba generalmente sus artículos bajo el seudónimo de “Koak” en las numerosas publicaciones que escribió tanto como colaborador o redactor, también escribió artículos en “El Pueblo”, siendo uno de ellos el detonante de su ruptura definitiva con Blasco Ibañez: “Revolucionarios de entretiempo” (4 de febrero de 1903).

Fragmento del artículo de Rodrigo Soriano donde criticaba a Vicente Blasco Ibáñez comparándolo con Sansón, el traga hombres del Estado de Indianápolis. El Pueblo : diario republicano de Valencia (04/02/1903).

Fragmento del artículo de Rodrigo Soriano donde criticaba a Vicente Blasco Ibáñez comparándolo con Sansón, el traga hombres del Estado de Indianápolis. El Pueblo : diario republicano de Valencia (04/02/1903).

Fragmento del artículo de Rodrigo Soriano donde criticaba a Vicente Blasco Ibáñez comparándolo con Sansón, el traga hombres del Estado de Indianápolis. El Pueblo : diario republicano de Valencia (04/02/1903).

Fragmento del artículo de Rodrigo Soriano donde criticaba a Vicente Blasco Ibáñez comparándolo con Sansón, el traga hombres del Estado de Indianápolis. El Pueblo : diario republicano de Valencia (04/02/1903).

En Valencia, y entre los republicanos en concreto, aquel artículo caló de tal manera que quedó muy claro que aquella historia no era otra que la del propio Blasco Ibáñez, que no quedaba muy bien parado de ninguna de las formas, ni humana ni políticamente. La respuesta se dio tanto por parte de la redacción del periódico “El Pueblo” (días 18 y 20 de febrero), como del propio Blasco Ibáñez (día 24), quien finalmente decidió romper toda relación con el que hasta entonces consideraba un buen amigo además de un “compañero de lucha”. 

Fragmento de la respuesta de la redacción de "El Pueblo": diario republicano de Valencia (18/02/1903).

Fragmento de la respuesta de la redacción de “El Pueblo”: diario republicano de Valencia (18/02/1903).

Fragmento final de la respuesta de la redacción de "El Pueblo": diario republicano de Valencia (18/02/1903).

Fragmento final de la respuesta de la redacción de “El Pueblo”: diario republicano de Valencia (18/02/1903).

Fragmento de la contestación de Blasco Ibáñez. El Pueblo : diario republicano de Valencia (24/02/1903).

Fragmento de la contestación de Blasco Ibáñez. El Pueblo : diario republicano de Valencia (24/02/1903).

Comenzaba, así, una dura etapa en el republicanismo valenciano, dividiéndose en “blasquistas” y “sorianistas” (movimientos conocidos como blasquisme y sorianisme), donde éstos últimos tenían su sede en el casino creado para la ocasión: el Centro Instructivo de Unión Republicana (modificado en nombre poco después por el de Casino Republicano Radical, haciendo honor al diario El Radical que él mismo creó tras separarse de Blasco Ibáñez). Se llegó incluso a discutir sobre la posibilidad de que se batieran en duelo Soriano y Blasco. Pronto, aquella guerra interna republicana tomo partido, incluso, en las calles, desencadenando enfrentamientos callejeros con varios muertos y heridos.

Es durante esta etapa contada donde también cabe mencionar al Colegio Ferrer Guardia en Valencia, una institución marcada dentro del movimiento llamado “Escuelas Modernas”, aquella que nació en Barcelona a principios del siglo XX por el librepensador Francisco Ferrer Guardia (masón también, por cierto). Estas ideas, totalmente apartadas del carácter católico de por entonces, estaban apoyadas por masones, librepensadores y republicanos, las cuales en Valencia nacen, y son acogidas, por la Primitiva Sociedad de Instrucción Laica, además de ser impulsadas en nuestra ciudad por el blasquismo, el cual mediante su líder, Vicente Blasco Ibáñez, protege, ayuda y financia, tal y como nos cuenta Luis M. Lázaro Lorente en un estudio que realiza titulado “Alcance y significado de la Escuela Moderna en el País Valenciano”. No solo impulsaría Blasco esta iniciativa, ya que también propicia otras como por ejemplo la Universidad Popular para adultos, bibliotecas de barrio en las Casas del Pueblo, las Sociedades Obreras, los Casinos o el fuerte interés de convertir al pueblo en “librepensador” por completo mediante la traducción y acercamiento de grandes obras literarias europeas.

Al año siguiente, en 1904, Vicente Blasco Ibáñez pudo vivir sus últimas horas de vida que, sin embargo, le reforzaron más aún en su poder político. El 22 de febrero de 1904, a la salida del Congreso en Madrid, guardias de seguridad “repartieron sablazos” para disolver lo que creían que era una manifestación, cuando en realidad era simplemente un pequeño acto espontáneo por encontrarse allí el valenciano para, así, aplaudirle por sus declaraciones en el interior del edificio (aunque bien es cierto que allí se reunían para protestar). Uno de esos sablazos fue a parar a la cara de Blasco, donde además fue testigo de ver que no fue el único tras ver, incluso, sangre en algunos de los que como él sufrieron tal percance. Al día siguiente, las amenazas en el interior del Congreso, por parte del valenciano, fueron evidentes con sus declaraciones que traerían un gran revuelo: “debo decir al señor ministro que ayer recibí un sablazo, pero será el último, porque hoy traigo en el bolsillo una browing con ocho tiros“. Tras estas declaraciones, en las que culpaba directamente  al ministro de la gobernación José Sánchez Guerra por ser el “director” de sus esbirros (la guardia), se desencadenaron una serie de hechos que propiciaron que, finalmente, el teniente que dio el sablazo dimitiera para, acto seguido, batirse en duelo a muerte con Blasco Ibáñez.

Las amenazas de Blasco Ibáñez en el Congreso. El Pueblo : diario republicano de Valencia (25/02/1904).

Las amenazas de Blasco Ibáñez en el Congreso. El Pueblo : diario republicano de Valencia (25/02/1904).

'El Pueblo : diario republicano de Valencia (26/02/1904). En este fragmento se hace referencia a los hechos ocurridos el lunes 22 de febrero y a las manifestaciones en el Congreso del 23 de febrero, donde Blasco, bien podría decirse, "iba preparado".

El Pueblo : diario republicano de Valencia (26/02/1904). En este fragmento se hace referencia a los hechos ocurridos el lunes 22 de febrero y a las manifestaciones en el Congreso del 23 de febrero, donde Blasco, bien podría decirse, “iba preparado”.

'El Pueblo : diario republicano de Valencia (28/02/1904).

El Pueblo : diario republicano de Valencia (28/02/1904).

También cabe decir que el ministro de la gobernación José Sánchez Guerra pudo haber hecho lo propio pero que, en realidad, llegó a un acuerdo con los representantes del valenciano. No ocurrió lo mismo con el teniente Alastuey que, tras dimitir, se las vería con Blasco.

El duelo a muerte de Alastuey-Blasco Ibáñez (cabe decir que en realidad, a pesar de aparecer el apellido en numerosas publicaciones como Alasteny, se hablaba en realidad del Primer Teniente Juan Alastuey Marías), fue en la tarde del 29 de febrero de 1904 (17:00h) en la finca del señor Sabater cerca del Paseo de las Delicias de Madrid, siendo todo un acontecimiento en aquella época, dada la magnitud de los hechos que lo propiciaron y que podéis ver resumidos en las imágenes anteriores.

Las condiciones del duelo fueron a treinta pasos (25 o 28 según las diferentes publicaciones de la época) con pistola rayada de combate y apuntando a voluntad de cada combatiente durante treinta segundos en el lugar de combate que se eligió, en campo completamente descubierto perteneciente a Sabater, donde en las cercanías se estaban realizando algunas construcciones (este hecho propicio que obreros cercanos al duelo se aproximaran al combate llenando los alrededores).

Los padrinos de Blasco Ibáñez fueron los Sres. Estévanez y Armiñan, actuando de juez de campo el Sr. Saint-Aubin, quien reloj en mano gritó aquello de “¡fuego!” para iniciar el duelo.

Tras sonar dos disparos, volvieron a repetirse las voces y volvió a disparar Alastuey, quien tras oírse un golpe seco y Blasco Ibáñez levantar la mano llevándose la mano izquierda al costado derecho, los padrinos acudieron aceleradamente a comprobar el estado del valenciano. La suerte estaba del lado de Blasco, pues la bala dio en la anilla del cinturón, el cual retorció y propició que el proyectil perdiese fuerza, y forma, deteniéndolo para salvar así su vida. El dolor que acusó Blasco no fue más que una gran contusión, como así certificó el reconocimiento del doctor San Martín que estaba en el lugar. Tras este hecho, fueron los padrinos quienes, tras deliberar, dieron por concluido el duelo.

Lo cierto es que Blasco no fue del todo “caballeroso”, a pesar de que la responsabilidad de revisar que el valenciano no incumplía ninguna regla recaía sobre el padrino de Alastuey (se dice en algunas publicaciones que sí fue revisado). Nuestro protagonista incurrió en una de las normas de los duelos: la de llevar algún cinturón u objeto que pudiera salvaguardar su integridad o interrumpir la trayectoria de una bala. Quizás, si no hubiera llevado ese cinturón, tendríamos que detener aquí la historia.

Las palabras de Blasco tras acercarse a Alasteny fueron de admiración, aludiendo que en ningún momento pretendió ofender al ejército, pues por él sentía verdadera simpatía tal y como demostró en un gran número artículos en el pasado, a lo que Alasteny contestó “Señor, esas declaraciones hechas antes del duelo hubieran sido aceptadas por mí”, a lo que Blasco dijo “Cierto, señor oficial, pero hechas antes, tenían menos valor que ahora para muchos”.

Terminado el duelo, tocaba la vuelta a Madrid, ya en los coches y tras salir de la finca de Sabater, donde cabe destacar que la Guardia Civil a caballo tuvo que acompañar a padrinos y combatientes que fueron vitoreados por los obreros que presenciaron el duelo hasta un lugar más céntrico de Madrid, en entusiasta manifestación y exaltación tal y como destacan periódicos de la época (dependiendo del tipo de prensa de época, nos podemos encontrar que los obreros recriminaron a Blasco, tan solo 2 publicaciones, aunque la gran mayoría de periódicos, casi todos los consultados, dicen que en realidad fue vitoreado).  

Tras lo ocurrido, el señor Blasco Ibáñez recibió decenas de telegramas, cartas y numerosos escritos reflejados en prensa agradeciéndole su labor por la República y por seguir en la lucha y en la causa que muchos creían. Bien podemos asegurar que don Vicente volvió a nacer aquel día y seguir con su lucha diaria por su convicciones. 

Por si no fuera poco, al año siguiente, Blasco Ibáñez “volvió a nacer” tras el intento de atentado en el Café “sorianista” Iborra (el Café Español), el que tuvo lugar un 11 de Septiembre de 1905 al paso de Blasco y sus afines en las inmediaciones de este café. Un mes antes, sufriría una agresión en un tren. 

Atentado del 11 de septiembre de 1905 (Las Provincias, 12 de septiembre de 1905).

Atentado del 11 de septiembre de 1905 (Las Provincias, 12 de septiembre de 1905).

Hechos como estos son los que en 1906, un 16 de marzo, renunciase a la política y a su acta de diputado, el mismo año donde es nombrado Comendador de la Legión de Honor de Francia junto con Sorolla (11 de diciembre) e hijo adoptivo de la ciudad de Valencia (14 de diciembre). Poco le duraría su decisión de apartarse de la política, puesto que en 1907 decide retomar la política al formar parte de la candidatura junto a Gil y Morte, participando en numerosos mítines, donde resultaron elegidos al igual la candidatura de Rodrigo Soriano.

Sería un año después cuando una nueva escisión ocurría dentro del movimiento republicano. En esta ocasión, en 1908, con el nacimiento del Partido de Unión Republicana Autonomista (conocido como PURA), creado por las diferencias que hubo entre Vicente Blasco Ibáñez, Salmerón y Alejandro Lerroux. En sus primeros años, las cabezas del partido fueron Adolf Beltran, Joan Barral y Félix Azzati, siendo éste último el que contaba con el gran apoyo de Blasco en su candidatura. Al bueno de Azzati se le recuerda además de por ser periodista y una calle que hoy en día lleva su nombre, por un incidente que revolucionó Valencia por entonces: Félix Azzati dijo que tenía más votos que la Virgen. La respuesta del pueblo valenciano fue potenciar aquel año el fervor popular del Traslado de la Virgen de los Desamparados. Mal quedó por entonces el sr. Azzati. 

Es durante esta etapa cuando la actividad política de Blasco va decreciendo en detrimento de la cultural, a pesar de que se aventura en diversas empresas personales bajo sus idearios políticos alrededor del mundo. Sus andaduras por recorrer diversos puntos del planeta comienzan a principios de 1909 (rumbo hacia Argentina), donde además de ser el año de la Exposición Regional Valenciana, es también el año en que fallece su padre Gaspar Blasco Teruel. Numerosos son los viajes que encamina cruzando el otro lado del charco, alternando idas y venidas con Madrid, Valencia y París, tras, finalmente, abandonar la empresa con la que se volcó e inició en Argentina, tras quedar arruinado en el que sería su cuarto y último viaje hacia las tierras albicelestes en 1914, por culpa, en parte, del cambio de gobierno y no poder continuar con sus proyectos para estas tierras. Y es que en Argentina todavía le recuerdan, pues allá siguen aún las plantaciones de arroz que el propio Blasco inició gracias a la cesión del Gobierno con el favor de Roque Sáenz Peña, presidente argentino por entonces. Blasco, por entonces, fundó en 1912 la llamada colonia “Nueva Valencia”, que hoy estaría situada en el actual municipio de Riachuelo, provincia argentina de Corrientes, además de Cervantes. 

No serían los últimos viajes hacia tierras cercanas, puesto que en 1919 pondría rumbo a Nueva York y diversas ciudades, más tarde, de los Estados Unidos, acudiendo a una serie de conferencias, donde se le homenajea además de ser nombrado en 1920 doctor honoris causa por la Universidad George Washington. Es durante su estancia en 1920 cuando viaja, también, a tierras mejicanas y a la isla de Cuba.

Volviendo al año 1914, cuando regresa a Europa tras quedar arruinado, se instala en París, donde defiende la causa de los aliados durante la primera guerra mundial. Como recompensa de aquel hecho, el Gobierno francés le otorga la Medalla de la Legión de Honor. En uno de sus viajes a Valencia, un 13 de junio de 1915, domingo, Blasco fue ovacionado llenando las calles de la ciudad, no sin recibir críticas y campañas desde la prensa contra su persona, como la que inició el Diario de Valencia, además de blindarse las calles ante la masiva salida de vecinos para recibir al valenciano. Es al año siguiente, en 1916, cuando publica una de sus novelas más conocidas que ha sido llevada a la gran pantalla: los cuatro jinetes del Apocalipsis. Visita sonada fue también la de mayo de 1921, donde la ciudad le rinde homenaje con una gran cabalgata.

Calle Pascual y Genís. Cabalgata de mayo de 1921. Archivo Municipal. Fuente: http://valenciablancoynegro.blogspot.com.es/2016/05/cabalgata-en-homenaje-blasco.html

Calle Pascual y Genís. Cabalgata de mayo de 1921. Archivo Municipal. Fuente: http://valenciablancoynegro.blogspot.com.es/2016/05/cabalgata-en-homenaje-blasco.html

Tras su continuo ir y venir a causa de su actividad literaria y cinematográfica, entre otras cosas, de regreso a España en uno de esos viajes, bien pronto tiene que volver a exiliarse en 1923 al instaurarse la dictadura de Primo de Rivera, donde tras ocurrir esto, fija su residencia finalmente en Francia. Es durante este mismo año cuando el novelista valenciano inicia en octubre un viaje alrededor del mundo que duraría seis meses, el cual trasladaría a una de sus obras en tres tomos entre 1924 y 1925: “Vuelta al mundo de un novelista”.

Años antes había comenzado a construir la que sería su última morada. Fue en 1921 cuando Vicente Blasco Ibáñez, seducido por Menton, decidió instalarse en el barrio de Garavan. Su propiedad de 1.700 m2, constaba de parcelas que adquirió progresivamente entre 1921 y 1926, para la base de la Villa de Fontana Rosa y el jardín. En su día, la construcción fue un gran edificio imponente, dos casas y huertos de olivos y limoneros y, probablemente, unos cuantos en una pequeña plaza dedicada a hortalizas y elementos ornamentales. La arquitectura de este lugar está declarada, desde 1990, Monumento Histórico francés (Patrimonio Histórico).

El hoy llamado “Jardín de los Novelistas”, oculta en su interior la construcción que albergó los últimos días del novelista. Detrás de una puerta pesada, rematada con un frontón rectangular moldeado en el que se destacan los retratos de cerámica de Balzac, Dickens y Cervantes, se encuentra el llamado jardín Fontana Rosa. 

El lugar original más original, sin duda alguna, de la población de Menton, aquella que cautivó al novelista valenciano, creando así su residencia de la que hoy se conserva un precioso jardín patrimonial del que presumen los habitantes de esta población, también llamado “Le Jardin des Romanciers” (El Jardín de los Novelistas).

Jardín Fontana Rosa, Menton

Jardín Fontana Rosa, Menton

En Fontana Rosa, jardín francés de estilo Belle Époque, en el patio, Vicente Blasco Ibáñez, se había deshecho de las estelas para recibir los bustos de bronce (obras del escultor Bernstamm), los gigantes de la literatura universal Dickens, Flaubert, Hugo, Dostoievski, Balzac, Zola, Pushkin y, por supuesto, Cervantes.

Blasco creó este lugar para sí mismo y para sus invitados, los cuales invitaba a pasear y sentarse para entablar bellas charlas. Es un jardín para la tranquilidad, diseñado para leer o simplemente entrar en el encanto de este lugar embalsamado por los aromas de rosas y azahar. Las fuentes susurrantes invitan al descanso y la introspección un arte vivo del Mediterráneo, aquel que quiso disfrutar en sus últimos días don Vicente Blasco Ibáñez.

Jardín Fontana Rosa, Menton

Jardín Fontana Rosa, Menton

Es este lugar, sin duda alguna, un homenaje a la literatura universal, además de una curiosa construcción que otorga privilegio a la literatura y al cine, al igual que al estilo de vida mediterráneo, donde el novelista introduce en Menton a través de un paisaje con un toque encantador de “Al Andalus”, en este lugar de la vida y el trabajo del valenciano. Sobre este lugar, Vicente Blasco Ibáñez escribió:

“. . .Cuando estoy cansado, me voy hacia el jardín, subo las escaleras hasta el jardín superior, contemplo la inmensidad del Mediterráneo, bahías y cabos de los Alpes y vuelvo a mi biblioteca para seguir escribiendo. . .Mi jardín es, tal vez, la herramienta más importante de todo. . .”.

Vicente Blasco Ibañez.

Sus últimos años los vive prácticamente en este lugar, su residencia de Menton, en Villa Fontana Rosa, lugar donde se instaló con la que fuera su segunda esposa: Elena Ortúzar (que había sido durante largos años su amante). Fue el 21 de enero de 1925 cuando falleció en Valencia la que sería su primera esposa, María Blasco del Cacho, el mismo año que contrajo sus segundas nupcias, un 4 de julio en Menton, con Elena Ortuzar. Durante sus últimos años publica la novela “a los pies de Venus” y “Novelas de Amor y Muerte”, hasta que, finalmente, el 28 de enero de 1928, un día antes de cumplir 61 años (según su partida de nacimiento), falleció en su villa de Fontana Rosa a consecuencia de una neumonía, agravada por la diabetes que arrastraba desde hacía años. A pesar de esto, sería un año más tarde, en 1929, cuando se publican sus dos últimas novelas: “El caballero de la Virgen”, y “En busca del Gran Kan”.

Que Blasco muriera en el exilio, desterrado, no impidió que Valencia le rindiera el homenaje que merecía, desde múltiples manifestaciones espontáneas para mostrar respeto a su persona y memoria, como diferentes vivas, notas de prensa y la creación, años más tarde, de una singular avenida hoy desaparecida (hablamos de la aparecida en los años 30 y no de la actual).

El Pueblo : diario republicano de Valencia (31/01/1928). Manifestación espontánea para homenajear a Blasco Ibáñez en Valencia, en la Casa Natalicia, entre las calles Flor de Mayo, antes Jabonería Nueva, y Los Ángeles.

El Pueblo : diario republicano de Valencia (31/01/1928). Manifestación espontánea para homenajear a Blasco Ibáñez en Valencia, en la Casa Natalicia, entre las calles Flor de Mayo, antes Jabonería Nueva, y Los Ángeles.

No sería, sin embargo, hasta 1933 cuando los restos del valenciano “descansarían”, por fin, en su querida Valencia. Y entrecomillamos descansarían porque en realidad no fue así, por desgracia. Aquel día, el de la llegada del féretro, llegó un 29 de octubre. Sus restos llegaron a bordo del acorazado Jaime I, un buque insignia de la armada española que fue destruido el 17 de junio de 1937 tras una voladura. La comitiva que recibió al Jaime I estaba integrada tanto por diferentes personalidades importantes de las instituciones y la burguesía valenciana como por las masas que acudieron al puerto, donde trasladaron a hombros el féretro hasta la Lonja, lugar donde se instaló la capilla ardiente del novelista.

Las Provincias (31/10/1933), en referencia a los hechos del 29 de octubre.

Las Provincias (31/10/1933), en referencia a los hechos del 29 de octubre.

Las Provincias (31/10/1933), en referencia a los hechos del 29 de octubre.

Las Provincias (31/10/1933), en referencia a los hechos del 29 de octubre.

Llegada de Blasco a La Lonja. Fuente: BVD

Llegada de Blasco a La Lonja. Fuente: BVD

La idea fue, en un principio, construir un mausoleo, para lo que el ayuntamiento realizó un concurso para que comenzase en 1935. A la par, le fue encargado un sarcófago al amigo de Blasco y escultor Mariano Benlliure, el cual sí fue terminado y del que ya os hemos hablado anteriormente aportando fotografías, donde hoy en día se encuentra en uno de los laterales del claustro del actual Museo del Carmen. El mausoleo jamás se terminó, además de que fue dejado en el olvido al inicio de la contienda y destruido tras el fin de la Guerra Civil. Sus restos, pasaron, por fin para su descanso, a ocupar el nicho que hoy en día puede visitarse (el que hemos mencionado también anteriormente como Cementerio Civil), a pesar de que durante un periodo de tiempo la placa de mármol que indicaba su descanso fue abandonada y distinta a la que hoy puede verse. 

“. . . Quiero descansar en el más modesto cementerio valenciano. Junto al Mare Nostrum que llenó de ideal mi espíritu, quiero que mi cuerpo se confunda con esta tierra de Valencia que es el amor de todos mis amores. . . ”.

Vicente Blasco Ibañez.

Blasco ha sido, incluso, maltratado tras su muerte: su memoria, en numerosas ocasiones, desvirtuada y borrada, además de utilizarse su obra para fines propios (tales como costumbristas, para mostrar una realidad alejada de su obra con un fin político); su descanso eterno, sin la paz que quizás todavía se merece, donde tras su fallecimiento y llegada a Valencia seguía levantando controversia entre los diferentes bandos; su familia, perseguida tras la instauración del franquismo en España, además de sus bienes ser incautados (un ejemplo es la incautación por parte del Ayuntamiento, para el uso de la Falange y tras acabar la Guerra Civil, de la actual Casa Museo Blasco Ibáñez). 

Blasco, a día de hoy, sigue siendo para muchos un gran desconocido, donde en la gran mayoría se le nombra tan solo como periodista, novelista y político. Pero Blasco, queridos amigos, fue mucho más que eso.

A día de hoy, por desgracia, el legado de uno de los personajes más importantes que ha habido en la historia de Valencia, y en la historia de nuestro país en aquel momento, se reduce a poco más que una avenida, dos esculturas y un monolito (las esculturas son una obra de Nassio Bayarri Lluch, en Plaza dels Porquets; y la otra de Emilio Rieta y Leonardo Borrás Artal, en la Avenida Blasco Ibáñez. El monolito también se encuentra en la Avenida Blasco Ibéñez, el cual marca el inicio de la avenida de Blasco Ibañez siendo levantado en enero de 1978 para commemorar el 50 aniversario del fallecimiento del célebre escritor valenciano), además del CIPFP Vicente Blasco Ibañez en Av. del Reino de Valencia, 46, o el Colegio Público Vicente Blasco Ibáñez en Isable de Villena, 6, Valencia, sin olvidarnos las diferentes muestras que se pueden encontrar en diferentes localidades. 

Hubo, un día, una plaza con el nombre de Blasco Ibáñez, además de una avenida muy cercana a la actual plaza del Ayuntamiento con su nombre: la, también, avenida Blasco Ibáñez. Tal y como nos cuenta Paco Gasco en su artículo, al desaparecer la plaza Cajeros con las reformas urbanas, el 28 de mayo de 1930 se rotuló una nueva vía situada sobre lo que había sido la Bajada de San Francisco con entrada por la desaparecida Plaza Cajeros y salida por la Plaza Emilio Castelar (hoy plaza del Ayuntamiento), que se denominó Avenida de Blasco Ibañez. El acto de descubrimiento de la lápida rotuladora de la nueva vía se hizo coincidir con el 14 de abril de 1932, 1º aniversario de la proclamación de la II República.

Extraído de "Valencia, 1931 - 1939. Guía urbana, la ciudad en la 2ª República".

Extraído de “Valencia, 1931 – 1939. Guía urbana, la ciudad en la 2ª República”.

Postal Durá. Fuente: http://postalesdevalencia.blogspot.com.es/

Postal Durá. Fuente: http://postalesdevalencia.blogspot.com.es/

Las Provincias, 15 de abril de 1932 (en referencia a uno de los actos del 14 de abril de 1932).

Las Provincias, 15 de abril de 1932 (en referencia a uno de los actos del 14 de abril de 1932).

Pocos son, pues, los restos de nuestro gran personaje histórico, a pesar del esfuerzo de la Fundación o de numerosas personas desinteresadas, como el documental de un niño de 16 años, una app con relatos cortos, el interés desde ciertas instituciones o consistorios, o las publicaciones de numerosos escritos. Existe, además, una preciosa ruta para completar por la ciudad de Valencia con 37 puntos que tienen que ver con la vida del valenciano, relacionados con su vida personal, vida literaria, política u otros aspectos. La ruta la podéis ver pinchando aquí. Sea pues este, el año 2017 (el Año Blasco), el inicio del reconocimiento que se merece y que se le debe de dar, ya que además de escritor, periodista y político, don Vicente Blasco Ibáñez fue un hombre de convicciones fuertes, republicano, masón, reaccionario y un hombre de lucha, además de temido y respetado por muchos en su época.

De Blasco podríamos escribir cientos de páginas, incluso artículos más extendidos que este, donde os hemos querido mostrar el lado más revolucionario, activista y republicano. En resumen, tras tantas y tantas palabras: uno de los valencianos más universales y reconocidos que tendría que ser reconocido, por todos y cada uno de nosotros, no solo por su obra literaria, política y periodística, sino  también por todas sus acciones y lucha constante en favor de la causa que defendió hasta su muerte: la Republica. 

 

Foto de portada: Vicente Blasco Ibáñez. Fuente: BVD – Colección de material gráfico de Vicente Blasco Ibáñez

Fuentes:

 

 

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