Lo que hoy parece algo tan normal, hace dos siglos no lo era. Si aquellas personas que vivieron la revolución en Valencia vieran que hoy en día tomamos, gran parte de la población, agua embotellada, se sorprenderían y nos dirían, seguramente, que ellos no tuvieron la suerte de contar con una red de abastecimiento de aguas potables como la que hoy en día tenemos.

Todo aquello que leemos hoy en día sabemos sobre nuestra agua, en cuanto a su dureza, residuo seco, los minerales que aporta o, por ejemplo, las bacterias que puede contener, sería un jeroglífico para los habitantes del Cap i Casal de entonces. Seguramente nos dirían simplemente que el agua del grifo o embotellada “es agua, qué más da de donde venga”, a lo que posiblemente nosotros pensaríamos, y contestaríamos, aquello de que “el agua del grifo de Valencia para fregar, lavar y poco más”, algo que muchos de nosotros sabemos y que certifican numerosos estudios, de que tenemos una de las peores aguas del grifo de España.

Si echáramos la vista atrás, hasta casi la mitad del siglo XIX, Valencia, hasta entonces, era una ciudad que se abastecía de pozos comunes a varias casas, excavados en múltiples puntos de la ciudad, de los cuales se abastecía a toda la población. Gran parte del caudal de esos pozos era procedente de la acequia de Rovella. Hasta que llegó el higienismo. Esta corriente, que podríamos decir que se “inició” de forma tímida con la construcción del Cementerio General en 1807 además de otras medidas, tuvo su gran consecución con lo que sería los orígenes de la canalización del agua potable en Valencia.

Fuente de vida, el agua es parte indispensable en la salud de una población, además de otras prácticas sanitarias. Muchas de las enfermedades y epidemias en la Valencia antigua fueron causadas por la insalubridad de los pozos que abastecían a la ciudad. Los comienzos e inicios se remontan a 1782, cuando de forma fallida se intenta traer el agua de la fuente de la Alhóndiga y del barranco de Chiva para la canalización y abastecimiento para así comenzar a suplir los pozos que por entonces se usaban. Aquello no prosperó, y tendría que ser muchos años más tarde, en 1834, cuando le fue encargada tal empresa, la conducción de las aguas potables de Valencia, a la Real Sociedad de Amigos del País de Valencia y su Reino por parte de Isabel II.

Este proyecto, aunque no se llevaría a cabo, sí que serviría parte de él como base para el futuro proyecto de canalización que sí se llevaría a cabo una década más tarde.

El primer paso de aquel proyecto fue la creación de una junta directiva en 1844, que sin embargo vería la luz de forma más ampliada el 16 de diciembre de 1846 como Sociedad-Directora Valenciana para la conducción de Aguas Potables. Dicha sociedad fue creada con el fin de satisfacer el testamento de Mariano Liñán i Morelló, aquel que dejó como legado 430.339 reales (unas 107.000 pesetas más o menos) para la consecución de las aguas potables en Valencia. 

La sociedad, compuesta por los Sres. Barón de Santa Bárbara, el conde de Olocau, D. Tomás Liñán (hermano del fallecido testador), D. Francisco de Paula Labaila, D. José Sanz y Flores, D. Mariano Aparici, D. Joaquín Forés, D. Peregri Caruana y Martin y D. Federico Tio, contaba, además, con el apoyo y beneplácito de ayuntamiento, accionistas privados, gobernador civil y resto de autoridades que se sumaron a la gran empresa.

La idea, de gran envergadura, no solo era la construcción de fuentes públicas, sino también hacer llegar el agua a las casas, aunque eso sí, solo para aquellas que se lo podían permitir, tales como familias de nobles y burguesía valenciana. Los proyectos hidráulicos son de tal envergadura que, para ello, se tiene que contar con especialistas en la “canalización”, que en este caso sería aplicado a la Dirección General de Caminos, quien cuenta con la designación del ingeniero de caminos Calixto Santa Cruz para los planos de las obras, que dispone y establece el recorrido que llegaría a abastecer la ciudad. Además, se tiene en cuenta la canalización del agua de la lluvia, la cual el ayuntamiento de Valencia, liderado todavía por José Campo, encarga a diversos arquitectos para la recogida de las aguas pluviales.

Todo esto se vería consumado con la inauguración y llegada del agua potable a Valencia, hecho que se produjo el 19 de noviembre de 1850. Aquel día fue inaugurada la fuente llamada “del Negrito”, situada entonces en la plaza de Calatrava (hoy llamada del Negrito desde el 3 de septiembre de 1940), con motivo de ser días de S. M. la Reina y de su augusta hija la Princesa de Asturias, quien fue la primera que tuvo el honor de arrojar agua potable por primera vez en Valencia.

Para aquel solemne acto acudieron el arzobispo D. Pablo García Abella, acompañado del Cabildo, además del ya entonces alcalde Vicente de la Encina y Falcó, barón de Santa Bárbara, además de otras autoridades asistentes. Según se hace constar en el Manual de Forasteros en Valencia de 1859, “la plaza y sus avenidas, así como los balcones de las casas, estaban ocupados por un concurso tan lúcido como numeroso de espectadores ansiosos de tal inauguración, de todas las edades y sexos“. Sigue hoy, destacando, la figura que da nombre a la fuente y a la plaza, aunque en este caso la escultura es más reciente y del siglo pasado, obra del escultor y restaurador valenciano don Luis Roig D’Alos (Valencia 1904 † Valencia 1968). También mencionar que si os fijáis detenidamente en la actual disposición y el grabado que os aportamos, veréis que tras la restauración de 1955, a causa de su deterioro, muchos de sus elementos desaparecen por la falta de información sobre el monumento (que por cierto, tiene una hermana “gemela” en Ayora y otra en Lorca, Murcia). 

Fotografía jdiezarnal.com

Fuente del Negrito en Valencia. Fotografía jdiezarnal.com

La segunda fuente que le siguió fue la que hay en la plaza del Mercado, erigida por la ciudad con motivo del nacimiento de la Princesa de Asturias en 1851, en cuyo año se inauguró con la misma solemnidad que la primera. No faltaron al acto la S. A. la Sra. infanta Doña María Luisa Fernanda y su esposo el Sr. Duque de Mompensier, convirtiéndose aquello de inaugurar fuentes en Valencia en todo un festín (como bien dice nuestro amigo Santiago Soler del blog de catedralmedievaldevalencia, “lo que nos gusta a los valencianos los pasacales“).

Grabados extraídos del Manual de Forasteros en Valencia, ó sea guía segura, Valencia – 1859. La imagen de la izquierda pertenece a la Fuente del Negrito, y la de la derecha, a la hoy dispuesta en La Alameda.

Grabados extraídos del “Manual de Forasteros en Valencia, ó sea guía segura, Valencia” (1859). La imagen de la izquierda pertenece a la antigua Fuente del Negrito, antes de su restauración, y la de la derecha, a la hoy dispuesta en La Alameda.

Aquella segunda fuente tenía la particularidad de ser construida en hierro colado y de grandes proporciones, formada por dos cuerpos a especie de platos y, atención…vacía en su parte inferior sin lo que hoy se puede ver: cuatro niños. Fue construida en Francia en 1851, y tal y como se observa en una parte de la fuente si os acercáis, ésta se llevo a cabo en la fundición Tusey que nació en 1832. Cabe mencionar también que aparece el nombre de Muel & Wahl et company, siendo esta particularidad debida a que en 1840 su fundador, Pierre Adolphe Muel, renombraría la empresa junto a un socio, Wahl, motivo por el que se dispone desde esta anotación. 

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Cabe decir que, actualmente, esta fuente se sitúa en el extremo oeste de La Alameda, junto al Puente de Aragón. Ésta fue colocada con motivo de la feria de julio de 1878, procedente de la plaza donde fue instalada, en la plaza del Mercado. Los 4 niños a los que nos referimos fueron añadidos ya en 1875, antes de su nuevo emplazamiento. Cabe mencionar, además, que su situación desde 1878 hasta 1933 en La Alameda fue a la altura del Puente del Mar, momento en el cual se dispone en el lugar donde ahora se puede encontrar.

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Desde entonces, Valencia se llenaría de fuentes y de constantes cambios en la canalización, dados por la gran necesidad que había adaptado la ciudad y que han ido ligados en la historia hasta nuestros días tanto en el crecimiento demográfico como en los avances urbanos.

Por último, y recordando a aquel hombre que tuvo como fin y objetivo traer el agua potable a Valencia como fin particular tal y como atestiguó su testamento, el canónigo Mariano Liñán i Morelló tiene una calle en su nombre, calle de Liñán, muy cerquita del Mercado Central de Valencia. Tal y como nos cuenta D. Salvador Raga en su blog, la calle se abrió con ocasión de la demolición del antiguo Convento de la Merced y se rotuló de este modo en el año 1848.

Pero no solo Valencia le honra con una calle, ya que, como cabría esperar, el agua también le rinde homenaje. Fue gracias a la Sociedad Valenciana de Aguas Potables, quien erigió en el año 1977 (inaugurándose el 7 de mayo), en los pequeños jardines inmediatos a la Plaza de la Virgen, una pequeña fuente con el busto de nuestro protagonista. Cabe decir, sin embargo, que la fuente escultórica llegaría con “retraso”, ya que Gabriel Borrás Abella lo intentó a principios del siglo XX sin éxito alguno. 

El busto de bronce, obra del escultor José Esteve Edo, posee un escudo laureado y coronado de la ciudad de Valencia, además de una inscripción que dice “Al canónigo Liñán“, “La Sociedad de Aguas Potables y mejoras de Valencia SA costeó esta fuente como homenaje al promotor del primer abastecimiento de la Ciudad. 1977“. Modesto homenaje para un hombre de bien que quiso el progreso a la ciudad. Un canónigo que, como bien dice el refrán, “agua, candela y la palabra de Dios, ningún hombre de bien las negó”.

 

Foto de portada: La plaza del Negrito nevada. Fuente: Antonio Soria Sebastián (1-11-1960). 

Fuentes:

 

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