• Cada 9 de octubre, festividad de Sant Donís, considerado tradicionalmente como el patrón de los enamorados valencianos, se tiene por costumbre que los hombres regalen a las mujeres (no solo parejas sino también a las madres, por ejemplo) un pañuelo (mocador), acto que recibe el nombre de “Mocadorà o Mocaorà” (correctamente se escribe Mocadorà), en el que hay envueltos dulces hechos con mazapán de distintas formas y colores que representan frutas y hortalizas de la Huerta de Valencia, además de la “piuleta” y el “tronador”.
  • También es tradición que las mujeres conserven los pañuelos que su pareja les regala año tras año desde que comenzaran a “festechar”, siendo éstos una prueba de amor, motivo por el que son conservados.
  • Este día, tradición desde el siglo XIV introducida por el rey Jaime II de Aragón hasta bien entrado el siglo XX, solo era celebrado en la ciudad de Valencia hasta el año 1976, fecha en la que el Plenario de Parlamentarios proclama para esa fecha el Día Nacional del País Valenciano, donde, finalmente, adoptó la denominación actual de Día de la Comunidad Valenciana.

Una de las fechas más significativas para los valencianos es sin duda alguna el 9 de octubre, Día de la Comunidad Valenciana, en el que se conmemora la entrada a la ciudad de Valencia del rey Jaume I en 1238. Este día se celebra Sant Donís, patrón de los enamorados en Valencia. Es costumbre, durante ese día, “La Mocadorà”, donde el novio o marido regala a la novia o esposa (también por costumbre hacerlo a una madre o dona de la familia especial), un mocador de seda con “piuletes y tronadors” de mazapán (que por costumbre suelen ser realizados con almendra y azúcar, y rebajados con yema de huevo), además de otros dulces de distintos colores que puedan representar frutas y hortalizas de la huerta valenciana (lolacoci.blogspot.com.es nos da una receta muy buena para hacerlos). 

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Fotografía de torrentaldia.com

Es típico encontrar en las panaderías y pastelerías una bandeja llena de mazapanes en forma frutas y hortalizas (representando la huerta valenciana y su sentido más “erótico”) y los tradicionales piulets y tronadors. El pañuelo suele ser un regalo aparte, aunque en algunas pastelerías suelen venderlo junto con la bandeja. La tradición del pañuelo tiene, además, su miga, ya que debe de ir anudado con estilo y delicadeza por sus cuatro esquinas, envolviendo las figuras de mazapán junto con la piuleta y el tronaor, y, si se lo puede uno permitir, una joya de acompañamiento, recordando así los regalos que antaño se hacían a los monarcas a su entrada a Valencia. 


Para explicar toda esta evolución, nos tenemos que remontar a los tiempos de la Conquista Cristiana del siglo XIII, y en concreto hasta la fecha de la efeméride en 1238. Aquel día, Jaume I el Conquistador, entraba victorioso en el nostre Cap i Casal, todo un paseo triunfal si tenemos en cuenta que ya desde el mes de septiembre se entraba y salía libremente de la ciudad (lo que nos gusta a los valencianos los pasacalles). Las negociaciones de la rendición comenzaron el 14 de septiembre dentro de la ciudad de Balansiya, a cargo de En Jaume I y su esposa Na Violant con el sobrino del rey moro Zayya: Abu-I-Hamlek.

Y es que, como muchos sabréis si habéis leído la historia de la cruzada cristiana que tuvo uno de sus objetivos Balansiya, la capitulación (acuerdo entre ambas partes), se firmó el 28 de septiembre según una inscripción que puede leerse en Ruzafa, en el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Valencia, situado en la calle del General Prim:

“. . . En este lloc de Russafa va estar situat el Real de Jaume I a on se signá pel Rei Zayyan la rendició de Valencia el 28 de Setembre de 1238. El Rei en Jaume I entrà triumfalment en la Ciutat el 9 de octubre, Día de Sant Donís . . .”

Fotografía de jdiezarnal.com

Fotografía de jdiezarnal.com

Entre algunos que rubricaron la firma se encontraban, por ejemplo, el infante Fernando, Nuño Sánchez, Berenguer de Entença y Guillem de Entença, hijos de Bernat Guillem, o un tal Artal de Luna, aquel que recuerdan mucho en Paterna y Manises por la historia que se relaciona con estas localidades.

En aquel solemne acto de capitulación, el rey Zayyan advirtió a Jaume I que:

. . .en la ciudad de Valencia conviven musulmanes, gente noble de mi pueblo, junto con cristianos y judíos. Espero que sepa gobernarlos para que sigan viviendo con la misma armonía y para que trabajen esta noble tierra conjuntamente. Aquí durante mi reinado salían procesiones de Semana Santa y los cristianos profesaban su religión con toda libertad dado que nuestro Corán reconoce a Cristo y a la Virgen. Espero que usted conceda el mismo trato a los musulmanes valencianos. . .”.

Muchos afirman, por el contrario, que el lugar correcto de la capitulación no fue ese, al igual que la fecha, donde se escribe que se firmó el 29 de septiembre en el palacio de la Walaya según el cronista Ibn al Abar (lugar que más tarde sería el desaparecido Convento de San Francisco de Valencia, un monasterio franciscano que se encontraba en lo que es la actual Plaza del Ayuntamiento con algunas excepciones, tal y como se puede apreciar según los datos de un plano del Padre Tosca), siendo inmediatamente alzada la bandera y acto seguido el Senyal del Rei en la torre de Ali Bufat del portal de Bab al-Sakhar, junto al hoy palacio del Temple, hecho que produjo, según cuentan las crónicas, que Jaume I descendiera de su caballo, apostado junto al puente donde hoy está el de la Trinidad, y llorase.

Nada más lejos de la realidad, se puede comprobar que todo esto es una interpretación errónea, tanto en fecha como en lugar, y que en realidad se puede consultar la veracidad de estos hechos en el Llibre dels Fets, tanto el lugar correcto como la fecha:

Llibre dels Fets: 

“1238, 28 de septiembre, a Russafa”.

Jaume I y el rei Zayan firman la carta de capitulación de la ciudad de Valencia (Arxiu de la Corona d’Aragó. Barcelona. Cancelleria Reial. Pergamí nº 734 de Jaume I, DETALLES AQUÍ).

Resuelta la duda, viajamos en el tiempo justo 100 años después, el 9 de octubre de 1338 (primer centenario de la conquista de Valencia), cuando el Consell de la ciudad de Valencia dispuso realizar una procesión para celebrar la efeméride que tendría lugar en el Monasterio de San Vicente Mártir de la Roqueta. Ésta se realizó sin la presencia de Pedro el Ceremonioso, que a pesar de encontrarse aún en la ciudad tras jurar los Fueros, rehusó participar alegando motivos de salud. Para ello, y en sustitución del monarca, se utilizó el Pendón de la Conquista para conmemorar la entrada triunfal de En Jaume I y para pedir, a San Dionisio, la remisión de la hambruna que en aquellos años asolaba el Reino de Valencia por las malas cosechas.

“. . . Primerament, que en lo dia de Sent Dionis, que sera lo noven dia del mes de octubre del present any MCCCXXXVIII, se faça proceso general de clergues e de religiosos que son en la dita Ciutat, la qual proceso, ab los prohomens e poble de la dita Ciutat, partesca ab creus de la esgleya catedral de Nostra Dona e anar a la esgleya del benaventurat martir Sent Vicent, lo qual per mantenir e exalçar la fe catholica, volch sostenir e sofrir martiri e la sua sanch esser escampada e mort sofrir en la dita Ciutat . . .”

Y os preguntaréis ¿y por qué a San Dionisio?

Bueno, para empezar cabe decir que el mártir San Dionisio de París (Dionysius, en latín; Saint Denis, en francés), también llamado el apóstol de las Galias, fue el primer obispo de París, mandado por la Santa Sede para canonizar las tierras galas, siendo, además, objeto de veneración temprana, como por ejemplo la de Santa Genoveva tras mandar construir una iglesia (Abadia) en el siglo V sobre la tumba del que es considerado santo patrón de Francia (martirizado en el año 272 tras ser decapitado).

Su historia, muy curiosa (ya sabéis como son los relatos de los mártires), cuenta que de acuerdo con la tradición medieval, luego de ser decapitado, San Dionisio se irguió, levantó su cabeza cercenada, y con ella bajo el brazo caminó más de cinco kilómetros (a lo largo de lo que se conoció después como la Calzada de los Mártires). Al término de ese trayecto, San Dionisio habría encontrado a una mujer romana piadosa llamada Casulla, le habría puesto en las manos su cabeza, y habría caído muerto finalmente. Justo en ese lugar se edificaría, siglos después, la abadía que mando construir Santa Genoveva. 

Ya en el año 630, la iglesia sería reconstruida por Dagoberto I, pasando a enterrar el cuerpo del mártir junto con dos de sus compañeros: el sacerdote Rusticus y el diácono Eleuthère. A la muerte de Dagoberto, éste sería enterrado en dicha capilla, creando así tradición de ser lugar de sepultura de la gran mayoría de sucesores de la monarquía francesa, además de tratarse, siglos más tarde, del primer templo construido de estilo gótico y del que seguro os suena su nombre: la Basílica de Saint-Denis.

El culto de San Dionisio de París se propagó, de manera gradual, durante toda la Edad Media, abarcando Francia y llegando, incluso, hasta lo que hoy conocemos como Alemania y España. En la actualidad, para los más devotos, San Dionisio es invocado, y el más indicado, para pedir remedio por los dolores, tales como los de cabeza y jaquecas. En el pasado, como habéis comprobado en lo comentado anteriormente, San Dionisio era el más indicado para peticiones mucho más “grandes”, dada la devoción importante que se le dedicaba. 

Y es que, queridos amigos, pedir a San Dionisio, tenía sus motivos: era uno de los Santos Auxiliadores…y decimos era porque Pablo VI lo descanonizó en 1969 mediante bula papal, por falta de historicidad, tanto a él como a los otros 13 Santos Auxiliadores, aquellos que eran invocados frente a muchas enfermedades y peligros. Estos 14 Santos Auxiliadores, venerados desde bien temprano en los primeros siglos de la iglesia católica, eran San Acacio, Santa Bárbara, San Blas, Santa Catalina de Alejandría, San Cristóbal, San Ciriaco,, San Erasmo, San Eustaquio, San Gil Abad, San Jorge, Santa Margarita de Antioquía, San Pantaleón, San Vito y, por último, nuestro protagonista: San Dionisio de París, aquel que veneramos cada 9 de octubre con La Mocadorà. 

Otra prueba de la certeza o constancia de esa veneración a Sant Donís en Valencia desde hace siglos es, por ejemplo, el pregón municipal de la ciudad de Valencia publicado el 12 de octubre de 1438, durante el reinado de Alfonso V el Magnánimo en el Reino de Valencia, donde se hace alusión a la fiesta de Sant Donís al incidir en la proclamación y gloria de Dios, de la Virgen y de toda la corte celestial:

“. . . En memoria del gran e molt sobiran benefici que la ciutat de Valencia rebe en lo dia que fonch conquistada de mans de infels e restituyda a la Santa Fe Catholica Cristiana, ordenava que per al dia de Sanct Donis sia celebrada gran festa e solemnitat, aixi com lo dia de diumenge es acostumat fer, e sia feta la processo loable costumada . . .”

Pero ojo, como ya os hemos comentado antes, el culto a este santo patrón era muy extendido y San Dionisio de París no solo es nuestro patrón de los enamorados, aquel que nos acompaña cada 9 de octubre. También es el patrono de la ciudad de París, así como de la gendarmería francesa y de la ciudad española de Jerez de la Frontera, siendo esto último como consecuencia de la Real Orden de Alfonso X “El Sabio” tras “reconquistarla” el 9 de Octubre de 1264, como también la fecha y aniversario de la dedicación de la Catedral de Valencia. 

Por cierto, como no podía ser de otra manera, San Dionisio tiene su propia capilla en la Catedral de Valencia: la Capilla de San Dionisio y Santa Margarita, justo en la parte izquierda de la Girola.

Fuente: museocatedralvalencia.com

Fuente: museocatedralvalencia.com

Las costumbres de los dulces y mazapanes en el Cap i Casal para la celebración del 9 de octubre (con ciertas variaciones a lo largo de la historia), podríamos afirmar, sin equivocarnos, que son introducidas, con arraigo, gracias al gremio de confiteros más antiguo de Europa creado en 1283: el Gremio de Cereros y Confiteros de Valencia, curiosamente nacido bajo el patronazgo de San Miguel Arcángel. Este mismo gremio nacería, nuevamente, como Gremi de Sucrers, bajo el patronazgo de San Vicente Mártir, en 1350 para, finalmente, ser reconocido en 1644 como Colegio Mayor del Gremi de Sucrers de Valencia, donde desde esa fecha se dispone bajo el patronazgo de San Dionisio de París hasta la actualidad, siendo su santo patrón. Cabe destacar, también, la importancia del gremio de panaderos y pasteleros de Valencia, nacido en 1462, en esta tradición que se ha ido conformando con los siglos. 

Un ejemplo para comprobar la tradición de regalar “per Sant Donís” (aunque antaño fuera a la realeza o nobleza), se puede ver en el “Llibre de memories de diversos sucesos e fets memorables e de coses senyalades de la ciutat e Regne de Valencia (1308-1644)“, donde se hace referencia a que con motivo de la entrada en la ciudad de Valencia del primo hermano del Rey, el infante Enrique de Aragón y Pimentel, duque de Segorbe, nombrado lugarteniente real del Reino, y coincidiendo con la festividad del 9 de octubre del año 1494 (recordad que hemos mencionado anteriormente que era costumbre regalar joyas y dulces en platos de cerámica a monarcas), la ciudad de Valencia le obsequió con motivo de dicha fiesta con:

“. . . sis cabaços de cohets tronadors y sis plats de torrats e sis plats de torrons blanchs y sis plats de citronats, pinyonada, pasta real, marçapans . . .”

Dicho de otra manera para que lo entendáis: le regalaron traca valenciana y los típicos dulces que ya se regalaban, por entonces y como costumbre, en nuestra fiesta conmemorativa a realeza o burguesía: turrones, mazapanes y platos de cerámica decorados, en este caso, seguramente con la heráldica o monumentos de Valencia. Por cierto, ya que hablamos de mazapanes, cabe recordar que este dulce se elabora en Valencia desde tiempos árabes (Balansiya), quienes nos legaron tanto la tradición como la etimología de la palabra (según la Real Academia Española de la lengua, proviene del árabe hispánico pičmáṭ, y este del griego παξαμάδιον paxamádion ‘bizcochito’, influenciado por “masa y pan”).

Viajamos ahora un poco más en el tiempo para entender el motivo de la fiesta actual de los enamorados valencianos, Sant Donís, concretamente hasta el 9 de octubre de 1738, donde con motivo del V centenario de la entrada de En Jaume I, el ya “Colegio Mayor del Gremio de Mestres Sucrers de Valencia” tuvo la genial idea de poder sustituir la “traca valensiana” prohibida (triquitraques, piuletes i tronadors), por dulces elaborados a imagen y semejanza a los que se prohibían disparar, dando así origen a los dulces que hoy encontramos por Sant Donís: la piuleta i el tronador (tronaor). Y es que, como ya sabréis, aquella prohibición venia dada por el Decreto de Nueva Planta tras la Guerra de Sucesión, impuesta por nuestro querido “amigo”, y borbón, Felipe V, aquel al que le guardan mucho cariño en Xàtiva, donde además de abolir los Fueros del Regne, prohibía todos los “us i costums valensians”, como la entrada de Jaume I en Valencia, hacer desaparecer los “milisia valensiana”, los disparos traca y otras muchas tradiciones que anulaban al pueblo valenciano.

Fuente: fotoguiaespanaelblogdemanuelcervera.blogspot.com

Retrato de Felipe V en Xàtiva, donde puede apreciarse el gran cariño que le tienen al borbón. Fuente: fotoguiaespanaelblogdemanuelcervera.blogspot.com

Una de las tantas prohibiciones borbónicas impuestas desde el Decreto de Nueva Planta, en este caso por Carlos III en 1771.

Una de las tantas prohibiciones borbónicas impuestas desde el Decreto de Nueva Planta, en este caso por Carlos III en 1771.

Dado que el origen de “La Mocadorá”, tal y como la conocemos hoy en día, nace en 1738, como ya hemos comentado anteriormente (no así la tradición de los dulces y mazapanes donde ha quedado más que demostrada con mucho más arraigo), podríamos decir que el primer documento histórico que nos habla de la tradición de “La Mocadorà” (tal y como la conocemos hoy en día aunque no en origen) en Valencia, tiene fecha del 9 de octubre de 1747, gracias al descubrimiento que realizó hace unos años el investigador valenciano Luis Ramírez, tras estudiar manuscritos de la Colección Espínola (aquella que también tiene en su poder el primer documento sobre la elaboración de la horchata, aunque de almendras, tal y como ya os hablamos en nuestro artículo de el “origen de la horchata). El documento que descubrió Luis Ramírez habla de la tradición “anual” por Sant Donís para comprender la evolución de la fiesta de los enamorados valencianos. Tras las investigaciones de Luis Ramírez, pudo comprobar, además, que solo podían acceder a esta tradición las familias que tenían cierto nivel económico (hecho que corrobora lo que os hemos mencionado anteriormente sobre la realeza o nobleza). Solo aquellas con cierto nivel económico podían permitirse comprar los clásicos dulces, ya que por su precio no estaban al alcance de la mayoría. El resto de la población, tenía por costumbre comer gachas.

En el manuscrito, fechado un lunes 9 de octubre de 1747, se puede leer cómo un comerciante valenciano llamado Gilabert relata que una familia compra en una de las reposterías de la ciudad, “Casa Almella Cerezo”, «más de 8 libras de turrones tanto de azúcar como de canela», así como otro tipo de dulces, que le costó a la familia que hizo la compra «una libra valenciana y 5 sueldos», un gasto importante que sólo se podía permitir una familia acomodada en el siglo XVIII», ha relatado el investigador. Estos dulces fueron comprados para celebrar San Dionisio y la tradicional fiesta conocida como el día de la mocadorà.

Archivo que pertenece a la Colección Espínola.

El primer manuscrito de la Mocadorà, tal y como la conocemos hoy en día. Archivo que pertenece a la Colección Espínola.

La actual forma fálica de la piuleta y el tronador, recordando cierto parecido a los órganos sexuales masculinos y femeninos, se debe a algo tan sencillo que ya explicamos en nuestro artículo de la la Valencia erótica”, donde el erotismo siempre ha formado parte de nuestra historia, dándose como ejemplo nuestro vocabulario con palabras como “nap”, “figa”, “bacora”, “cotorra”, “pardal”, “piu”, “parrús” o la propia “piuleta” (pene pequeño), en alusión al mundo hortofrutícola y a que la alegría de la huerta va más allá de realidad de estas palabras. Una tradición que ni la iglesia misma ha podido anular para que dejemos de ser tan eróticos. Resumiendo: somos así, somos unos “calents”. En cuanto al resto de formas y figuras de mazapán que se elaboran cada año en las pastelerías y panaderías valencianas, son una derivación de aquellos primeros dulces.

Tampoco nos podemos olvidar de hacer mención (ya que si no lo hacemos alguien nos lo preguntará) a la correcta pronunciación de la festividad. ¿Sant Donís o Sant Dionís? Como se suele decir, y que podéis ver a continuación, “una imagen vale más que mil palabras” y “a buen entendedor, pocas palabras” (y no, no os molestéis en buscar en prensa histórica referencias bajo el nombre de “Dionís”). 

La Correspondencia de Valencia la-correspondencia-de-valencia (8 de octubre, 1913).

La Correspondencia de Valencia (8 de octubre, 1913).

Las Provincias, 9 de octubre de 1914.

Las Provincias, 9 de octubre de 1914.

El Pueblo, diario republicano (1917, 7 de octubre).

El Pueblo, diario republicano (1917, 7 de octubre).

La Correspondencia de Valencia, 7 de octubre de 1920.

La Correspondencia de Valencia, 7 de octubre de 1920.

Diario de Valencia (1922, 7 de octubre).

Diario de Valencia (1922, 7 de octubre).

Las Provincias, 26 de julio de 1930.

Las Provincias, 26 de julio de 1930.

Las Provincias, 7 de octubre de 1932.

Las Provincias, 7 de octubre de 1932.

Relato que aparece en Las Provincias, años 30.

Relato que aparece en Las Provincias, años 30.

Por último, dada la magnitud y repercusión que tiene todos los años, además de que no podíamos dejar pasar la oportunidad de hablar sobre ello, una de las leyendas que circula por las redes sociales y por este mundo de internet, es que según cuentan las tradiciones, la reina Na Violant d’Hongria recibió ese día como obsequio del pueblo valenciano, el 9 de octubre de 1238 tras la entrada triunfal en Valencia, una bandeja de cerámica con dulces de mazapán envueltos en un pañuelo de seda; cuenta esta leyenda, que, igualmente, Jaume I mostró su benevolencia y ayudó a las jóvenes casaderas que, debido a la guerra, se habían quedado sin dote para casarse. Así, les ofreció unas monedas, que ellas recogieron en su pañuelo, y se pudieron casar. A partir de ahí, se acostumbró a fijar la fecha de la boda ese día o a pedir la mano de la novia, incluyendo el anillo con los dulces típicos en la Mocadorà. ¿Os acordáis de nuestro artículo sobre el origen de la horchata haciendo referencia al “Açò no és llet, açò és OR, XATA!”? Bueno, pues aquí volvemos a sacar la Mistela para “emborracharnos” (por favor, no deis pie a estas leyendas, pues manchan la realidad histórica de un pueblo que ha luchado a lo largo de su historia para que podamos seguir manteniendo nuestras tradiciones por Sant Donís).

Otra de las leyendas que se suelen contar es la que podemos ver en ladanzadebrujas.blogspot.com.es, donde nos habla de un mozo llamado Donís, que tenía bastante mal carácter y que cortejaba a una joven, con la cual se prometió en matrimonio. Durante la guerra de Sucesión el tal Donís iba a perpetrar lo que hoy llamaríamos un “atentado” por lo que había metido artefactos explosivos en un pañuelo. Camino al lugar donde iba a atentar, las fuerzas de seguridad de la época lo interceptaron y le preguntaron que qué era lo que llevaba en el pañuelo. Él dijo que un regalo para su prometida. Las autoridades le pidieron que abriese el pañuelo para ver si era cierto lo que decía. Donís se encomendó a su santo patrón y al abrir el pañuelo vio que las cajas de pólvora habían sido sustituidas por dulces y frutas. De ahí que los dulces que se regalan tengan forma de cohetes, frutas o formas que recuerdan vagamente los órganos sexuales (los “piulets” y “tronadors”). Parece ser que el referido milagro hizo que el carácter del joven Donís se dulcificase.

Como después de estas dos leyendas nos hemos quedado sin mistela, no toca otra que despedirnos y daros las gracias por leeros toda esta explicación en busca de un poco de “rigor histórico”.

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San Donís

 

Fuentes:

 

Fotografía de portada: torrentaldia.com

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