• De repente, el cielo valenciano se tornó de luces extrañas cuando caía la noche. Luces que eran observadas, y visionadas a lo lejos, allá en las montañas de Porta Coeli y Serra. El miedo y el terror se apoderó de muchos, tras ver rayos que emanaban de aquellas luminarias en el horizonte; para otros, la explicación residía en un fenómeno que hoy vemos común pero que, todavía, tenía muchos interrogantes en aquella época. Esta es la que fue la noche del fin del mundo para muchos valencianos, la del 5 de marzo de 1764.

Apenas casi dos décadas después de los terremotos valencianos de 1748, que asolaron grandes comarcas del interior de Valencia con replicas durante los meses de marzo, abril y mayo, el mes de marzo volvió a ser protagonista de nuevo para sembrar el pánico entre muchos de los habitantes de aquel antiguo Reino de Valencia. Antiguo porque ya desde 1707 pasó a ser una “provincia” del reino de España dejando atrás el Reino de Valencia y los Fueros, abolidos, en el mismo marco que comprendió a la Guerra de Sucesión Española.

Aquella Valencia, religiosa pero progresista sin todavía descubrirse a sí misma en una época difícil, sufría las consecuencias de los hechos acontecidos a lo largo del siglo XVIII, donde todavía se tenía en cuenta, mayoritariamente, creencias religiosas para dar explicaciones a cosas que hoy en día resolveríamos fácilmente gracias a la ciencia y avances. Uno de estos hechos, seguramente, sería el que aquí exponemos, donde muchas personas aquel día “rogarían” a Dios rezando porque aquello no fuese el fin del mundo.

Quien nos habla muy bien de aquel acontecimiento fue el Dr. Manuel Rosell, quien relató lo que sería sin duda para muchos el fin del mundo en la noche del 5 de marzo de 1764, debido al desconocimiento de un fenómeno que se produjo en Valencia. En la obra “Aurora Boreal observada en Valencia en la noche del día cinco de marzo de este presente año 1764”, el autor relataba que días anteriores, Valencia se encontraba nevada, y que esa noche, tras retirarse a su cuarto y ver una luz que entraba en su ventana extrañándose al no ser de día, se asomó con sorpresa tras ver el fenómeno que se estaba produciendo.

Manuel Rosell observó el fenómeno sobre las 20:30h, aunque ya hubo gente que lo visualizó a las 19:00h.Para muchos, éstos fenómenos aún desconocidos, y conocidos por otros ya, significaban mal augurio, señales de guerras, calamidades, infortunios, naufragios y otro tipo de desgracias como grandes tormentas, huracanes, terremotos u otro tipo de designios que podía disponer, en este caso, Dios. Para otros, sin embargo, ya no había nada que temer, pues creían saber las causas que producían estos fenómenos o los materiales de los que estaba hecho el meteoro, en el caso de que cayera alguno o de que acompañase al acontecimiento, temiendo solo que impactara en núcleo urbano o rural de población, pudiendo, por consiguiente, morir gente.

Y es aquí donde os preguntaréis el porqué de estar hablando de auroras boreales e incluir también meteoros. Cabe recordar que tanto las auroras como los meteoros se producen en la atmósfera superior de la Tierra, a una altura considerable de kilómetros, pero que ambas tienen un origen distinto. Mientas las auroras están causadas por las partículas energéticas cargadas de la magnetosfera originadas por las manchas solares tras, éstas, llegar con la radiación y los rayos ultravioletas que llegan a la tierra constantemente, los meteoros son fenómenos luminosos que se producen cuando un meteoroide, meteoro o meteorito, atraviesa nuestra atmósfera o alcanzan la superficie de la Tierra, siendo partículas de polvo y hielo o rocas que se desintegran o no.

En la publicación del presbítero doctor don Manuel Rosell, nos habla en todo momento de aurora boreal pero haciendo referencia también a las explicaciones que por entonces tenían de ellas. En las hipótesis que se barajaban por entonces, se decía que la aurora boreal era “una iluminación del segmento en forma circular, en muchos casos, en el horizonte a la parte boreal, con una declinación donde ocurrían movimientos en el fenómeno, donde se formaban arcos de luz, rayos de ella misma hacia el zenit y una corona luminosa”.

También el presbítero habla de la teoría de Mr. De Mairan, donde distinguía las auroras boreales en agitadas o tranquilas, siendo el fenómeno de 1764 ocurrido en Valencia de carácter tranquilo, a pesar de estar constituida de rayos en forma de lanzas o de que agitara a mucha gente. Mr. Mairan hablaba que las auroras boreales eran meteoros en forma de “heces de la fragua del Sol” “que caían a la atmósfera terrestre y que, llevados por la fuerza centrífuga, que proviene del movimiento diurno de rotación (ojo, por entonces creían que la tierra descansaba en ciertos momentos en la rotación en numerosas hipótesis), que tiene la tierra hacia los polos, allí se golpean, se sacuden y allí se “inflaman” entre ellos, produciendo así este fenómeno y apariencias en los cielos, apoyando su teoría en el de Neutrón, en la que ningún católico seguía como cierta, haciendo referencia, por último, que en numerosas ocasiones este fenómeno podía ir acompañado de un arco iris”.

Se hace referencia, de la misma manera, a la teoría que otros filósofos tenían en cuenta, donde decían que la aurora boreal era una inflamación de la atmósfera a la cual daban pábulo las partículas “nitrofas, falinas, fulfureas, oleofas y bituminofas” que se levantan del globo terrestre y que se encienden cerca de los polos.

Por último, sin dejar de lado las teorías catastrofistas y de cuento, se habla también de las que antiguamente se creían y que todavía seguían en la creencia popular, donde muchos contaban que aquello era un castigo de los divinos, o que, simplemente, fueran dragones, lanzas de fuegos, fuegos fatuos y de otro calibre que servían para alborotar pueblos, espantar gentes y castigar a los impíos.

El fenómeno, explicado de gran forma incluso gráficamente, nos hace ver cómo vivieron los habitantes de aquella Valencia la que para algunos pudo ser la noche del fin del mundo por culpa del miedo a lo desconocido, donde don Manuel Rossel describía al detalle en su obra con todo lujo de descripciones un fenómeno que duro hasta entrada la madrugada (la una en concreto).

0011-22

Última página de “Aurora Boreal observada en Valencia en la noche del día cinco de marzo de este presente año 1764”. Fuente: Bivaldi.gva.es

Cabe decir que éstas visiones, en los cielos valencianos, no serían un hecho puntual, produciéndose a lo largo de los años en algunas ocasiones y registrándose, además, en prensa escrita, como la que ocurrió los días 24 y 25 de octubre de 1870, en la que todavía aquel suceso era considerado de grandes catástrofes y calamidades aterrorizando, así, a los que podían observarla en el cielo. Hecho que el 27 de octubre de 1870 relataba el Diario Mercantil de Valencia:

La magnífica aurora boreal que por espacio de dos noches consecutivas ha aparecido al Norte de nuestro horizonte, ha dado orijen a los comentarios que inspira siempre al vulgo este notable fenómeno. Aquí, como en Madrid, se ha considerado por las gentes sencillas como el signo de grandes calamidades…“.

Hoy, aquellos hechos se saben, a ciencia cierta, que fueron producidos por una gran tormenta solar. Aquella aurora presentó una paleta de colores muy variada, distante de las auroras rojizas que ocurren a baja latitud.

No ha sido la única registrada en periódicos o libros. Otras, incluso, ocurrieron en plena Guerra Civil Española, donde, todavía, se seguía relacionando con la política. ¿Cómo? Sí, sí, así es señores. Para muchos una aurora boreal era sinónimo de la dimisión de un gobernador de provincia o de algún cargo importante en la política activa, donde pueden verse cientos de alusiones en prensa antigua en forma de símil. Curioso, como que ya allá por 1907 suspendieran las comunicaciones telegráficas en España a causa de una aurora boreal, ya que, como bien sabéis, una “fuerte tormenta solar” podría, en la actualidad, interrumpir redes de energía, comunicaciones y GPS y provocar deslumbrantes auroras boreales.

Seguramente, ante aquellos hechos, querían tomar precaución de lo ocurrido en el siglo XIX, donde en 1859 grandes alteraciones dañaron los equipos de telégrafos de entonces. Y es que si, por ejemplo, tuviéramos hoy en día una tormenta solar parecida a la ocurrida en 1859 a nivel mundial (conocida como el evento Carrington), la vida se paralizaría y todo nuestro qué hacer diario, basado en la tecnología, sería imposible de realizar, aunque sin duda algunas las consecuencias serían ahora mucho más peligrosas de lo que lo fueron por aquel entonces (imaginaos un mundo sin internet, ni comunicaciones satélites, sin televisión, sin móviles…).

Algunos ejemplos y referencias de auroras en prensa escrita: 

18831211002

El Constitucional: diario de Valencia – (11/12/1883).

aurora boreal

Las Provincias, 10 de febrero de 1907.

El Luchador : diario republicano, 4 de febrero de 1938, hablando sobre los hechos ocurridos el 2 de febrero de 1938.

El Luchador : diario republicano, 4 de febrero de 1938, hablando sobre los hechos ocurridos el 2 de febrero de 1938.

¿Es posible que antes de las más que posibles elecciones próximas en diciembre tengamos una aurora boreal en nuestros cielos? No sabemos a ciencia cierta si todavía, a día de hoy, nuestros políticos siguen creyendo en estas supersticiones y si dimitirían por ello, pero lo que sí sabemos es que muchos siguen creyendo que estas apariciones excepcionales, en nuestras tierras y en gran parte del globo, son predecesoras de catástrofes y terribles acontecimientos.

Por cierto, para otra ocasión hablaremos de bólidos, meteoros o extraños objetos caídos del cielo, como los que cayeron el 5 de noviembre de 1851 en Nules (Castellón). Seguramente, para más de uno, aquel día fue su particular “noche del fin del mundo” tras ver la que desde el cielo se precipitaba algo desconocido.  

 

Fuentes:

  • Diario de Valencia – Año XII Número 3955 – 1922 septiembre 20 (20/09/1922).
  • levante-emv.com, 26 de octubre 2008.
  • “Aurora Boreal observada en Valencia en la noche del día cinco de marzo de este presente año 1764”, por el Dr. Manuel Rosell, alojada en Bivaldi.

 

Síguenos en Facebook: Valencia Bonita

Síguenos en Twitter: @valenciabonita_

Síguenos en Instagram: valenciabonita_insta

Comparte, si te gusta, en alguna de las siguientes redes sociales:

Pin It on Pinterest