• Este artículo está escrito en colaboración con el blog de Caminosdeferro.blogspot.com.es, donde podréis encontrar artículos sobre trenes y líneas ferroviarias de la Valencia antigua. 

Antes y después de la inauguración del primer tranvía de caballos de Valencia al Grao, los habitantes de la capital, durante los meses de verano, se trasladaban en gran número a los poblados marítimos y a las casas de baños establecidas en la playa e incluso en el mismo puerto.

Por el camino del Grao iban y venían en compactas hileras y democrática mescolanza, especialmente domingos y festivos, vehículos de todas clases y categorías, faetones, carretelas descubiertas y galeritas de clases acomodadas sin olvidar las tartanas de alquiler, con sus cortinillas de cretona rameada de las clases media y obrera. Los carros de labranza de la gente de la huerta, muchos de ellos adornados con cañas de largas hojas a modo de cubierta y los más favorecidos de toldos de lona, también se dejaban ver en abundancia en tan curiosa profesión a la frescura de la brisa del mar.

Toda esta variedad de carruajes, cuyos viajeros formaban por lo regular, en cada vehículo, familias completas, se dirigían a los baños del puerto y la playa. Los excursionistas iban a bañarse o bien a visitar a las familias amigas que veraneaban en el Cabañal, en el Cañamelar o en Nazaret y a pasar el día o la tarde a orillas de mar.

Cuando se inauguró el primer ferrocarril y más tarde el primer tranvía en 1876, aumentó considerablemente la concurrencia en las playas y las casas de baños.

Casetas de baño. Valencia, Año 1903, Ediciones José Huguet (1983).

Fotografía donde se ve “La Estrella”. Casetas de baño. Valencia, Año 1903, Ediciones José Huguet (1983).

En la playa de Levante, actualmente conocida como de la Malvarrosa o del Cabañal, se instalaban, por demarcación suministrada por el Ayuntamiento no sin antes abonar los impuestos necesarios, las casas de baños. Antes del día de San Juan era el día elegido para inaugurar la temporada de baños y estaban separadas en dos secciones, para hombres y mujeres por separado, las vistosas y pintorescas “barraquetes”, con las muestras o nombres que las distinguían, El Globo, La Estrella, La Cesta,  Rosaura, El Ferrocarril, etc…

La primigenia instalación de la posteriormente conocida como Las Arenas, inaugurada el 28 de junio de 1888 y los rústicos merenderos, en los que por muy poco dinero se almorzaba, se merendaba, se cenaba o se contemplaban las provisiones que respectivamente llevaban las familias para dar buena cuenta de ellas, después de un refrescante baño en la orilla del mar también compartieron espacio con las “Barraquetas”

Similar logística hostelera existía en la playa al sur del puerto, Nazaret, aunque es dentro del puerto donde se situaban las más prestigiosas. Las casas de baños de La Florida y La Rosa del Turia fueron las primeras en llevar el lujo a los baños de mar, siendo la primera inaugurada el 15 de julio de 1863 con toda la pompa y música que requería la ocasión. La Rosa del Turia fue votada para la temporada de baños de 1868 y una tercera casa acompañaba a estas dos, La Estrella, este último con un público más popular.

Según Teodoro Llorente Falcó, las casas de baños de la Florida y La Estrella eran dos balnearios flotantes instalados en la dársena del puerto, a la derecha frente a la estación de ferrocarril de Grao la primera y a la izquierda de la escalera Real la segunda. Entonces no se habían construido Las Arenas en la playa norte y las “barraquetas” de la playa estaban en un estado tan primitivo que se apelaba a la regadera para la limpieza, cuando se salía del mar y el salitre se secaba en la piel. Las tablas y cañizos eran los elementos de construcción de aquellas primitivas “barraquetas”.

Baños de la Florida. Autor desconocido extraído de Historia del Grau (2005) DE Antonio Sanchís.

Baños de la Florida. Autor desconocido extraído de Historia del Grau (2005) DE Antonio Sanchís.

De los dos balnearios, La Florida era el preferido por el público más distinguido, aunque desde 1880 disponía de comodidades tales como alumbrado de gas e incluso un piano para deleitar los baños, fue mejorado y reinaugurado el 24 de junio de 1910, perteneciendo a los hermanos Alós, aquellos famosos artistas escenógrafos que causaban el embeleso de los espectadores de los teatros por sus hermosas decoraciones y por los trucos que introducían en escena. Uno de los hermanos Alós, Ramón, era habitual verlo en la galería que recaía al mar conversando con sus clientes mientras se zambullían, a través de unas portillas, en el mar.

La Florida tenía una gran piscina interior y cuartos particulares sumergidos en el agua siendo la galería recayente al mar, ricamente decorada con bolas de cristal, dentro de las cuales “navegaban” unos pececillos de colores y aquellos “paneaux” de las paredes, pintados por los hermanos Alós para decorar la redacción del diario Las Provincias en una noche humorística con el fin de comer amigablemente redactores y tertulios, “paneux” que resultaron obras tan definitivas que sus autores los reclamaron para decorar su establecimiento flotante.

El balneario nació debido al éxito de un restaurante denominado de Miramar de la Florida, instalado años antes de la inauguración del balneario, servicio que continuó en marcha junto al balneario, donde por ejemplo en 1914, por una peseta podías darte un baño y después por tres, comer 4 platos, pan, vino y café incluido.

Otro balneario flotante no tuvo ubicación definitiva durante algunos años, deambulando por la dársena interior del puerto hasta que se instaló al lado del Club Náutico, su nombre era La Perla.

Todos estos servicios hosteleros decimonónicos tenían la ventaja de satisfacer la afición natatoria de los aficionados a este deporte sin las molestias que producía tener que ir a las “barraquetes” o luchar con las olas del mar abierto. Con el tiempo, fue el Club Náutico el local que satisfizo a dichos aficionados, desarrollando un deporte que antes apenas se ejercía.

Como no podía ser de otra forma las compañías de tranvías no dejaron pasar la oportunidad de restar pasajeros a faetones, carretelas y galeritas sin olvidar las tartanas de alquiler. Tanto las Sociedad Valenciana de Tranvías como la Compañía General de Tranvías Eléctricos, popularmente denominadas la Valenciana y la Lyonesa poseían líneas tranviarias para atender a estos servicios.

Coincide esta mejora de sus itinerarios con la ampliación de la calle Mayor del Grao emprendida por el Ayuntamiento en lo que fue Villanueva del Grao, dándole desde el Óvalo hasta el Puerto la misma amplitud que al resto del camino. Como en este tramo toda la amplitud de la calle está adoquinada las compañías tranviarias modificaron la situación de sus vías, quedando una vía a cada lado, cerca de las aceras y entre ellas, por el centro, las planchas metálicas para los carros.

Por convenio privado entre la Sociedad Valenciana de Tranvías y la compañía Lyonesa se concertó el 19 de abril de 1906, mediante escritura, la cesión y traspaso a favor de la segunda y el derecho de explotación de todas las líneas tranviarias urbanas, por lo que estando casi todas las líneas en manos de un único gestor, se hace contraproducente el mantener líneas con similar origen y destino, como pasaba con las de Valencia al Grao, por lo que en 1907, la Lyonesa, nueva explotadora de las líneas, suprime el itinerario desde el Grao al Cabañal y playa de Levante de la antigua concesión de la Valenciana, modificando el trazado ya electrificado de La Lyonesa, por el muelle de Levante (J. J. Dómine) y Reina. Lógicamente se abandona el paso por las antiguas calles Chapa, Capdefont y Buenavista entre otras con lo que desaparecen las líneas de caballos de Circunvalación del Cabañal y Prolongación a la Playa.

Modificación del final de la Avenida del Puerto.

Modificación del final de la Avenida del Puerto.

Como hemos visto se proponía la mejora de las dos líneas de tranvías ya existentes desde la calle mayor del Grao, tanto al muelle de poniente (Sur) como la las playas del Cabañal (Norte).

Rotonda de la playa de Cabañal, al fondo pueden observarse las barraquetes. Fotógrafo: Desconocido.

Rotonda de la playa de Cabañal, al fondo pueden observarse las barraquetes. Fotógrafo: Desconocido.

En 1906, el ingeniero de la compañía Lyonesa Carlos Blanco deja patente la preocupación de la Compañía General por los gustos de los nuevos usuarios del tranvía:

“Ofrecen ambas líneas algo de abigarrado, algo que no solo no da satisfacción al público en sus necesidades sino que no le da en sus gustos. Al Grao y Playa no acude solo el industrial, el obrero y el comerciante; por las líneas de tranvías se trasladan allí familias con el único propósito de pasear y solazarse, y este público desea cierta comodidad, no le gusta de comenzar su paseo por sufrir estrujones para alcanzar un sitio en el tranvía y verse después, dentro de él, rodeado de incomodidades y la más de las veces oyendo procacidades y desvergüenzas de parte del público que con deliberado propósito o por lamentable desgracia entiende poco del respeto que nos debemos unos a otros”.

Un elemento específico para este nuevo servicio fue la marquesina en la Playa Levante. En el extremo de la Playa se estableció un bucle para facilitar el retorno de los coches sin cambio de sentido. En el espacio interior del bucle se construyó la marquesina de planta hexagonal y sobre él, apoyado en sus seis soportes, se levantaba el gran umbráculo de doce lados, con una estructura formada por doce vigas de celosía en disminución que recogían una cubierta de mimbre. Adornado con plantas resultaba un agradable lugar donde el público podía resguardarse del sol, reposar y descansar.

Rotonda de Caro. Fondo Huguet.

Rotonda de Caro. Fondo Huguet.

Un dato curioso, es que ante tanta preocupación por el bienestar de los pasajeros, el conjunto no fue dotado de mingitorios lo cual generaba la curiosa estampa de ver a los pasajeros haciendo sus necesidades “a escondidas” en tan idílico entorno. La solución no llegó hasta Agosto de 1931 cuando la compañía dotó de W.C. a la marquesina.

Por otro lado en la zona sur del puerto de Valencia se plantea la prolongación de las líneas de Grao hasta el muelle de Poniente. La Lyonesa presenta en 1907 un proyecto de línea que partiendo de la calle mayor del Grao, enlazando con la línea de Valencia al Grao, circulando por los muelles del puerto, termine su recorrido en el muelle de poniente.

Por Real Orden de 13 de abril de 1909 es aprobado el proyecto y el 2 de septiembre de 1909 se eleva a pública subasta, acto que una vez realizado el 20 de septiembre de 1909 sin presentar mejor postor, hizo que el 10 de noviembre de 1909 fuera concedida la línea  por 60 años a la Lyonesa, siendo inaugurado el servicio el 13 de junio de 1910 por la tarde.

De 1.130 metros de longitud, incluía también un bucle y una marquesina como su hermana al norte del puerto, debido a que la zona sur del puerto se fue convirtiendo en un paseo donde desarrollar un antiguo hábito social valenciano tal y como se señala en el proyecto:

“También las barracas de baños establecidas en la playa de Caro han aumentado en número, estableciéndose merenderos y preparando un nueva vida de baños, donde seguramente fuera de las molestias de la proximidad del Turia que ensucia las aguas con cualquier turvión de su cuenca pueden tomarse con mayor limpieza que en la playa de Levante”.

Se trataba de una marquesina de planta poligonal, de 29 metros de diámetro y 15 metros de altura en su parte central. Estaba prevista una construcción mixta, empleando el hormigón armado en la base y la madera en el resto, con el objetivo de conseguir ligereza en la construcción y estabilidad en los apoyos.

El ingeniero Carlos Blanco realizó un esmerado diseño de este edificio, con una gran cúpula central, desde donde nacían cuatro naves abovedadas creando un esquema cruciforme. La marquesina, al igual que la de la playa de Levante, estaba inclusa en un bucle para facilitar el retorno de los coches sin cambio de cabina ni maniobras, siendo inaugurado el conjunto el 13 de junio de 1910.

Tranvía 68 construido por la valenciana Lladró y Cía. realizando el servicio en la rotonda de Caro. Fotógrafo: Barbera Masip. Fondo Biblioteca Valenciana Nicolás Primitiu.

Tranvía 68 construido por la valenciana Lladró y Cía. realizando el servicio en la rotonda de Caro. Fotógrafo: Barbera Masip. Fondo Biblioteca Valenciana Nicolás Primitiu.

Tanto esta marquesina como su hermana de las playas de Levante fueron construidas en los talleres de vías y obras de la compañía Lyonesa sitas en la calle Trafalgar. En 1933 se dieron las órdenes oportunas para el desmonte del umbráculo de Caro, por estar en muy mal estado siendo un peligro para las personas que se cobijan en su sombra.

Vista de la Rotonda de Caro desde el Ostrero. Ediciones Grafos.

Vista de la Rotonda de Caro desde el Ostrero. Ediciones Grafos.

Destacamos que, junto a aquel lugar desaparecido, la Rotonda de Caro del antiguo muelle de Poniente en el Paseo de Caro, que hoy en día está totalmente industrializado e irreconocible, había un pequeño emplazamiento del que debemos de hablar. Hubo un tiempo en el que al final de ese paseo, donde daba la vuelta el tranvía, se situaba un pequeño rincón muy especial, justo al lado de la Rotonda de Caro: el Ostrero Miguel Collado, un fantástico “restaurant” flotante sobre el mar de gran fama y muy frecuentado.

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Anuncio de la época del Ostrero.

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Año 1935, anuncio del Ostrero. Fuente: http://vicenticoaa.blogspot.com.es/

Aquel lugar, que se anunciaba como “un balcón sobre el mediterráneo” y como uno de los más pintorescos del puerto próximo al Club Náutico, en su antiguo emplazamiento, era un precioso pabellón sobre el mar de estructura modernista, destacando, además de su emplazamiento, los comedores independientes para familias de los que disponía, decorados de forma muy particular según prensa de época, aunque bien seguía los patrones de entonces en la arquitectura.

El desaparecido Ostrero de Valencia

El desaparecido Ostrero de Valencia

Tenía un propio criadero de moluscos y grandes depósitos de ostras de Marennes-Olerón, estando justo debajo del local y pudiendo ser recogidas en cualquier momento. A pesar de ésta afirmación, que encontramos en prensa de época, podemos afirmar también que don Miguel Collado recibía mercancía de Galicia, del Parque Peral del Río, entre otros. Prueba de ello son los telefonemas que hemos encontrado en los que el Ostrero hizo uso de otros parques ostrícolas, quizás para poder el mismo cultivar finalmente en su propio emplazamiento. Todo un lujo vamos.

Además de ser especialista en arroces a banda o marineros, estaba especializado en todo tipo de marisco como langostas y langostinos, que por supuesto tenían fresquísimos y vivos en redes colgantes que se bañaban sobre el mar, dado que era mucho más cómodo eso que disponer de acuarios, mucho más rudimentarios que los actuales. Contaba, además, con un servicio de canoa automóvil para el recreo y con un servicio a domicilio. Era un lugar único, tanto por su emplazamiento como por sus servicios.

Pero ¿tan importante era el Ostrero? Era considerado de los mejores restaurantes de aquella época en Valencia, donde prueba de ello son numerosas publicaciones, opiniones de época o un incluso un curioso reportaje diario de “El Pueblo” un 9 de mayo de 1926, donde en su segunda página se hacía referencia a la nueva fábrica “La Frigorífica” de la calle del Instituto Candela (más bien remodelada, porque dejo de ser fábrica de hielo, de conservas de salazones carnes o huevos, para convertirse en fabricantes de cerveza, con permiso de Damm, de gaseosas, sifón y por disponer de maquinaria modernísima en la ciudad).

En la publicación, donde se hace parodiaba una entrevista del periodista a un camionero junto a una flamante camioneta nueva con un 4 pintado, éste último hablaba de los productos exclusivos como el “recién importado Sansón” o el sifón “Brazil”, que se servía en envase de vidrio bohemio con casco de estaño puro y no de plomo, que ya por aquel entonces se prohibía el plomo por insalubre. De entre su reparto de los productos decía: “…el reparto de nuestros productos ha superado nuestras cálculos. En los bares, en los cafés, en los hoteles…”, donde de los pocos lugares que citaba se encontraban el Hotel del Puerto, el Termas Victoria o el Ostrero.

La correspondencia de Valencia: diario de noticias (02/09/1933).

La correspondencia de Valencia: diario de noticias (02/09/1933).

De gran importancia fue también otro pabellón sobre el mar, una obra majestuosa proyectada y llevada a cabo por don Carlos Cortina, situada junto al Hotel Balneario Las Arenas y muy concurrida.

Aquel magnifico pabellón, dada su ubicación en el interior del mar, era un lugar digno de visitar. Poseía una magnífica iluminación bestial (en su inauguración en 1922 pasaría de 25.000 bujías a 60.000 a los pocos días), que amenizaba con bailes y orquestas a todos aquellos que deseaban disfrutar de este espacio inmejorable al que se podía llegar en tranvía.

El desaparecido pabellón sobre el mar de Las Arenas. Fuente: Valenpedia (Las Provincias).

El desaparecido pabellón sobre el mar de Las Arenas. Fuente: Valenpedia (Las Provincias).

Interior del pabellón sobre el mar. Foto Barberá Masip

El pabellón en cuestión se montaba y desmontaba cada temporada, y fue construido con estructura de madera y con vallas de tablones que lo cerraban a ambos lados a modo de barandillas. En muchas fotos se puede apreciar a la gente disfrutando apoyada, a modo de reposo, en estas barandillas, seguramente por las vistas que proporcionaba el lugar y su inigualable sensación. Aquella magnífica construcción, “de quita y pon”, estaba pintada en blanco y con detalles en azul, formando una especie de cruz anclada que el mar bañaba. Pero aquel lugar, cabe destacar, era más especial aún gracias a los merenderos y casetas de baño que se instalaron junto al balneario y frente al mar el mismo año de la inauguración del pabellón, un miércoles 28 de junio de 1922, tal y como ya os contamos en el artículo del “desaparecido pabellón sobre el mar del Balneario de Las Arenas“.

Nada queda de todo aquello. Ni las casetas de baños, ni el Ostrero, ni el tranvía que llegaba hasta el mar ni el precioso pabellón sobre el mar del actual Balneario de Las Arenas. Eran otros tiempos. Tiempos que se marcharon y que nunca volverán. Tan solo nos quedan, hoy en día, imágenes que nos evocan tiempos pasados.

Viajando en el barco terrestre,
el que conduce a mí destino estival;
no es más que un extraterrestre,
que me lleva a mí destino final.

Al llegar al final de camino
apenas tengo que andar,
disfrutando ya de la playa
nada más aterrizar.

Fototipia Thomas

Vista de la Rotonda de Caro. Fototipia Thomas

Este artículo está escrito en colaboración con el blog de Caminosdeferro.blogspot.com.es

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