La nostalgia prevalece, en muchas ocasiones, por la belleza de lo que antaño perduró, y desapareció, como seña de identidad de muchas de nuestras fiestas, tradiciones y costumbres. La particularidad de la sociedad de por aquel entonces no era compatible con cosas simples y era por ello que las obras que se construían, de cualquier índole, tendían a ser para el recuerdo y acordes a la brillantez de la arquitectura de la época.

Prueba de ello fue el gran Pabellón Municipal de la Feria de Julio de 1926, una magnífica construcción que se fabricó para la Gran Feria de Valencia en la que el ayuntamiento de entonces, con Don Luis Oliag Miranda como alcalde, no escatimó en gastos. Su coste fue de 200.000 pesetas de la época (casi ná) y fue aprobado en sesión un 20 de enero de 1926. 

El motivo de la construcción no era otro que el mal estado del entonces Pabellón Municipal hasta 1925, del cual el Presidente de la Comisión de Fiestas hizo constar que sería imposible el uso en la próxima feria. El Pabellón hasta entonces era obra del decorador Ricardo Alós, de estilo japonés y que éste vino a sustituir uno de estilo árabe.

En el proyecto participaron los arquitectos Víctor Gosálvez y Ángel Romaní, además de Bernardo Gómez y su autor material: Don Carlos Cortina Beltrán, del que éste último os sonará por el también desaparecido Pabellón sobre el Mar de Las Arenas.

La plana mayor de Unión Patriótica, de la cual era alcalde Luis Oliag, tenía allí su punto de reunión cada noche, donde acudían las mayores personalidades del momento. A pesar de que existían numerosos pabellones en los alrededores, los personajes influyentes de aquel momento como, por ejemplo, el Marqués de Sotelo, Primo de Rivera o el Marqués de Estella, disfrutaban de la obligada visita y de la atracción que supuso aquel año el pabellón que además disponía de bailes casi todas las noches y que armonizaban diferentes orquestas y la Banda Municipal de Valencia. Y es que la música ese año fue actor secundario del protagonismo de este pabellón, donde llegaron a fallarse, y entregarse, los premios del Certamen Musical de Bandas que fue otorgado con premio de 5000 pesetas en la Sección Especial a la Unión Musical de Llíria, dirigida por don José Álvarez Cancic, y de 4000 pesetas en Primera Sección a la Unión Musical de Carcaixent, dirigida por don Emilio Segui. Curiosamente, se hizo constar que ese año las Bandas se comportaron ante los fallos de los premios que, al parecer, era motivo de discusión y reyertas cada año.

La prensa de la época se hacía eco de los elogios que realizaban grandes personajes de la época a Carlos Cortina, donde a diferencia de todos los asistentes, Cortina se diferenciaba por no llevar smoking ni fumar murattis, mezclándose entre la alta sociedad que asistía. Como humilde persona, aceptaba las numerosas felicitaciones, algunas de ellas tan comprometidas como la de Primo de Rivera a la que contestó que “deseaba que el Pabellón Municipal durase lo mismo que su éxito político”.

En la construcción del pabellón trabajaron una gran brigada de operarios junto con Carlos Cortina a la orden y su montaje de éste se inició el viernes 4 de junio de 2016 sobre la Alameda inaugurándose el 25 de julio para la ocasión.

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Fuente: http://prensahistorica.mcu.es/ – Las Provincias : diario de Valencia: Año 61 Número 18840 – 1926 julio 27 (27/07/1926)

El material del que estaba formado era de madera con auxiliares metálicos para las uniones, el fácil armado y desmontaje del mismo, que se realizaba una vez terminada la feria.

Fotografía de julio de 1926 con el Pabellón Municipal ya inaugurado.

Fotografía de julio de 1926 con el Pabellón Municipal ya inaugurado.

El Pabellón se componía de tres cuerpos de planta circular e independiente, unidos por cuatro entrepaños de cristal policromado. Sobre una terraza de 14 por 33 metros, sostenido por pilastras, se levantaba el pabellón, dando acceso las terrazas a dos escalinatas monumentales dispuestas en sentido longitudinal.

La planta baja del Pabellón disponía de ocho departamentos o cabinas, donde se instalaron servicios de higiene, vigilancia y teléfono y donde comprendía elementos decorativos varios, como fuentes, un jardín y cascadas decorativas con juegos de agua y luz para hacer más espectacular si cabe la majestuosa obra. El solar del pabellón iba cercado por una barandilla que adornaban y sostenían unos artísticos canastillos de flor.

El Pabellón desde uno de los laterales.

El Pabellón desde uno de los laterales. Foto: L. Roisin

La terraza formaba un salón cuyo espacio libre medía 28 por 5 metros y estaba, principalmente, destinado a recepciones, bailes y eventos, donde destacaba un un pasillo de alfombra de metro y medio, la barandilla de gran visualidad y las doce farolas decorativas formadas por figuras de mujer de dos metros de altura con ramos de estilo valenciano en forma de racimo con cincuenta bolas de cristal y que daban la bienvenida a ambos lados.

Las tres majestuosas cúpulas de la obra variaban en dimensiones, donde las dos laterales eran simétricas y la central de mayor tamaño, siendo ésta última de una altura de 23 metros compuesta de pilastras, entablamiento, cúpula y remate. 

Cada pilastra llevaba su capitel que estaba compuesto por alegorías regionales valenciana y el entablamiento era un anillo circular de catorce metros de diámetro. Además, en el centro y parte exterior de la cornisa destacaba un gran escudo de Valencia con guirnaldas, corona y adorno de flores y luces.

La altura interior de las cúpulas era de siete metros (imaginaos mirar hacia arriba dentro del Pabellón Municipal) y estaba circundada por una escocia de noventa centímetros. El interior servía de techo de salón y estaba decorado por otra cúpula interior de matera dorada con bordones patinados. En el exterior de éstas, estaban policromadas y decoradas en el centro con grandes óvalos de cristal esmerilado dotados de potentes focos eléctricos actuando como ventanas y reflejos de la cúpula.

Pabellón Municipal de la Gran Feria de Valencia con un castillo de fuegos artificiales al fondo.

Pabellón Municipal de la Gran Feria de Valencia con un castillo de fuegos artificiales al fondo.

La base estaba formada por un grupo de ocho pilastras de estilo renacentista, cuadradas con talla de oro y fondo azul, donde el centro de sus caras existían bellos plafones de cristal.

En el remate de las cúpulas, a modo de linterna con tres metros de altura, ondeaba la bandera nacional con un asta de cuatro metros en la cúpula central y en los laterales dos banderas regionales dispuesta una a cada lado. De la linterna de cada cúpula descendía hasta la cornisa la armadura, que a su vez sostenía una lámpara labrada y patinada imitando metal repujado, uniéndose cada cuerpo lateral al central por un entrepaño de cristales con escudos y otras alegorías.

El gran salón de recepciones estaba amueblado con mobiliario renacentista español, con cuatro sofás, doce sillones y una gran mesa presidencial. El tapizado de los sillones era de terciopelo y oro viejo, con escudos de la ciudad bordados sobre los respaldos.

Con el paso de los años, el pabellón fue objeto de elogios, de seña y símbolo de la Feria de Julio hasta que, finalmente, hasta el año 1972 se pudo disfrutar de él en la Alameda. A partir de ahí el declive y el abandono de la obra fue un hecho. Su traslado se realizó a los Jardines del Real en el año 1973 para su exposición. 

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El Pabellón ya en Viveros.

El abandono y, finalmente, un fuerte vendaval, tiraron abajo las estructuras de madera del Pabellón que quedó destrozado y del cual se encargó de su recogida la empresa que por aquel entonces trabajaba para el ayuntamiento del alcalde Ricard Pérez Casado: Derribos Prieto, que actualmente se llama Secopsa y que estuvo hasta 2011 como empresa al frente de las demoliciones municipales tras mantener el contrato durante más de 20 años.

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El Pabellón finalmente destruido antes de su recogida por Derribos Prieto.

Curiosamente, años más tarde, volvió a verse…pero en Fallas. Fue en la falla Plaza Lope de Vega (año 1990) donde el artista Santiago Rubio supo retratar muy bien el tan querido Pabellón Municipal bajo el lema “Lo que el viento se llevó…”.

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Falla Plaza Lope de Vega (año 1990).

Por cierto, los restos del pabellón se encuentran (o encontraban) en el Monasterio de San Miguel de los Reyes, que sirvió durante muchos años como almacén para el consistorio y albergar embargos y otras disposiciones. Antes de pasar al Monasterio, fue guardado durante una corta estancia en Viveros. Desconocemos si después de las obras realizadas en el Monasterio, éstos llegaron a tirarse finalmente para perderse para siempre. 

Como último apunte, el pabellón pudo verse en la película “El fabuloso mundo del circo” (1964), de Henry Hathaway, donde salían actores como John Wayne, Rita Hayworth o Claudia Cardinale. Película rodada, en parte, en el Parque del Retiro de Madrid.

 

Fuentes:

  • Diario de Valencia – Año XVI Número 5112 – 1926 junio 3 (03/06/1926)’ (Imagen JPG)
  • La correspondencia de Valencia: diario de noticias : eco imparcial de la opinión y de la prensa Año XLIX Número 20003 – 1926 Julio 29
  • Las Provincias: diario de Valencia Año 61 Número 18847 – 1926 Agosto 04
  • www.uv.es
  • rima.uv.es

 

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