El fuego es, sin duda, uno de los ingredientes principales de nuestras fiestas y tradiciones. Prueba de ello es que sin él, las Fallas, les Fogueres, la Magdalena, los Correfocs o La Cordà, por ejemplo, no existirían o serian de una manera totalmente diferente.

El fuego es la culminación de una fiesta para dar bienvenida a la próxima que tiene que llegar. Impredecible, cambiante y temido, pero a la vez bello para el ojo humano, se muestra siempre con fuerza arrasando todo aquello que está a su alcance, dejando en cenizas la creación de un artista o colmar la expresión de la llama arraigada a la fiesta.

Pero no siempre el fuego tiene la oportunidad de arrasar con todo. Hay momentos en los que el fuego perdona algún elemento, y rinde culto venerando algo que jamás podrá consumir: el ninot indultat.

 

Os dejo con una bella poema dedicado al fuego:

CANCIÓN DE LA LLAMA

Los que me tocan

dan un grito, aterrados.

 

Ignoro, sin embargo,

si soy caliente o fría,

pues no estoy un segundo en ningún sitio,

ni es nada lo que fui hace un instante.

 

Mi modo de partir es el incendio.

 Lucho contra lo oscuro,

pero no llego a ningún lado:

sólo vuelvo a lo oscuro.

 

Me temen porque siempre,

por alguna razón desconocida,

busco el papel, la madera y la carne,

los rozo y acaricio y voy comiendo,

y yo misma

perezco en sus cenizas.

 

Es que soy desprendida hasta la médula.

Los que me tocan dan un grito:

para la gente

mi amor es un escándalo.

 

Sin duda ese amor es correspondido en la fiesta valenciana.

 

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